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jueves, 29 de agosto de 2019

Una aventura de adopción - Capítulo 1: Formación

Antes de que la vorágine de un repleto y cansado día a día me vuelva a tragar y a escupir de nuevo, voy a intentar aprovechar los pocos minutos de descanso que encuentre en estas últimas semanas de vacaciones para plasmar, con trazo grueso, cómo ha sido el inicio de esta maravillosa y extenuante aventura.

Sí, lo habréis adivinado. El de 2018 fue finalmente el último verano... al menos por el momento.

Entregamos los papeles para la doble vía de adopción (nacional e internacional) a principios de noviembre de 2017. En nuestra comunidad autónoma, los Servicios Sociales y de protección al menor tienen 6 meses para dar una respuesta administrativa. A finales de abril nos llegó una carta por la que esa respuesta se prorrogaba durante otros 6 meses. Y en mayo nos llegó otra carta para citarnos a una formación obligatoria: 5 viernes consecutivos, de 16:00 a 20:30, durante mayo y parte de junio, con un pre-aviso de 10 días aproximadamente. La mayoría de los fines de semana ya teníamos planes agendados. Al final solamente mantuvimos un viaje a Londres (cuyo vuelo y hotel ya teníamos pagados) y el resto de los planes los tuvimos que cancelar.

El primer viernes que llegamos al lugar donde se celebraba la formación fue un tanto extraño. El edificio estaba cerrado y varias parejas estábamos fuera deambulando, mirándonos de reojo sin saber si todas íbamos al mismo encuentro. Alguna pequeña charla nerviosa; parece que sí...

Cuando llegamos a la sala ya adivinamos de qué va el percal. Las sillas haciendo un círculo nos hacen saber que aquello no va a ser una charla unidireccional. Enseguida empezamos a entender las dinámicas de las sesiones; no se trata tanto de reproducir un discurso formativo, sino de que las personas que estábamos en aquella sala nos diéramos cuenta de lo que implicaba el proceso de adopción en el que nos acabábamos de embarcar; de cuál era la realidad de la que venían los niños susceptibles de ser adoptados; de los posibles comportamientos que podían acompañar al niño tras la llegada a casa (fruto de una situación de abandono, desamparo o desprotección en un primer momento, y de una institucionalización -en muchos casos de larga duración- después), y de cuáles eran las herramientas que debíamos ir adquiriendo para hacer frente a esos comportamientos o situaciones; de las posibles enfermedades que podían tener los niños; de los derechos de los niños adoptados a saber cuál es su origen... En definitiva, las diferentes y múltiples realidades a las que tendríamos que irnos enfrentando antes o después.

Todos estos contenidos fueron trabajados de forma individual o en grupos, haciendo sesiones de debate y diferentes dinámicas de grupo. Después de cada sesión llegaba el momento de reflexionar en pareja (o a solas -en caso de los expedientes mono-parentales) sobre cada faceta aprendida en el curso.

En mi caso particular, tengo que reconocer que yo no era consciente de la mayoría de las situaciones y problemáticas que se plantean con niños adoptados. En mi mente, un niño adoptado solo era una vía más para poder ser padre. Solo cuando te golpean en la cara con la realidad de esos niños es cuando uno se da cuenta de que la adopción es el último recurso de unos Servicios Sociales y de Protección al Menor. Y uno se da cuenta de que su "necesidad de ser papá o mamá" es coyuntural, y que lo realmente importante es que esos niños puedan tener una infancia "normalizada" en un entorno seguro y amoroso con sus necesidades básicas cubiertas. A Servicios Sociales no le interesa solucionar tus problemas de infertilidad (para eso está la Seguridad Social -nuestra aventura ahí también merecería otra serie de artículos); lo único que le interesa de ti es que puedas llegar a ser un buen padre o una buena madre para un niño o unos niños en situación de desamparo.

Porque no debemos hacernos una falsa idea con este tema. La verdadera razón para adoptar a un niño ES y DEBE SER el deseo de ser padres. Porque "padres" es lo que necesita un niño: no necesita a una ONG que le acoja por hacer una "buena acción". Y por supuesto ese deseo de ser padres tiene que ser sano: cualquier herida producida por una hipotética maternidad biológica frustrada tiene que estar cerrada, y el duelo superado.

Estas realidades de los niños se ven agravadas en el caso de la Adopción Internacional (AI). Si en España la adopción es el último recurso de un sistema de protección al menor, es razonable pensar que una adopción internacional (en la que se desarraiga al niño no solo de los hogares que ha ido conociendo, sino también de su idioma y de su cultura) es una solución extrema para casos extremos. Por eso uno de los aspectos en los que más reincidió el curso fue en analizar, pensar, reflexionar y empatizar con las características de esos niños para los que no hay salida en su país de origen. Dependiendo del país las características pueden ser muy diferentes, no haré un listado aquí. Pero es una reflexión interesante el imaginarse qué problemas puede haber en países tan diferentes como India, Hungría, Rusia, Vietnam...

Y no estamos hablando de adopciones especiales (en las que el niño pueda tener enfermedades graves -cardiopatías, sordera, problemas mentales graves...) sino de adopciones de menores que, sin tener ninguna de las enfermedades del lote que integran las "adopciones especiales", pueden llegar a tener un buen cocktail de otras cosas: eneuresis, síndrome de abstinencia, retrasos madurativos (en mayor o menor grado), problemas de aprendizaje, rechazo al contacto físico, regresiones, incontinencia fecal... A lo que hay que sumar los antecedentes conocidos (tanto de la situación que originó la retirada de custodia, como los antecedentes médicos/psiquiátricos de los progenitores).

En mi caso, como decía antes, la formación fue muy importante porque me hizo aterrizar de verdad en la aventura en la que nos estábamos adentrando, y replantearme si realmente el destino merecía aquel camino de espinas que se nos estaba describiendo y que, no me cabía duda, era más realista que la imagen idílica que yo tenía hasta ese momento de lo que era un proceso de adopción de un menor. Fueron tardes de reflexionar en el curso, pero sobre todo fuera de él, en largas conversaciones con mi mujer que llenaban las noches de los viernes y del resto del fin de semana.

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domingo, 4 de noviembre de 2018

El último verano

Si algún verano tuviera que ser el último, me gustaría que fuese como éste:
Castle Lite para celebrar martes como si fuesen sábados, y que la nevera está llena. Colarnos en un spa privado y ver en el horizonte un valle de pinos. Comer unos bocadillos mientras filosofamos y el Velo de la Doncella acompaña nuestra charla. Observar fascinados la Cruz del Sur, y un menguante Venus que arranca una eclípitica que comparte con Saturno, Júpiter, Marte y la Luna. 

Si algún verano tuviera que ser el último, me gustaría que fuese como éste:
Asomarnos a la ventana de Dios mientras olemos la tierra quemada por el hombre. Mis pies colgando al vacío, una lagartija tricolor me mira, las tres chozas no me miran, simplemente están. Soy una mota de polvo en el valle, y me gusta. Disfrutar bebiendo agua fresca.

Si algún verano tuviera que ser el último, me gustaría que fuese como éste:
Ver un amanecer rojo como el infierno desde una carretera que, de repente, se acaba. Aunque si esperas un poco, en realidad ves que continúa y que, magnánimamente, te deja pasar. Vislumbrar en ayunas a los tanques negros de la sabana (también los hay blancos, pero cada vez menos). Frenar para dejar pasar a una manada de elefantes. ¡Leones, leones, leones! Un leopardo a la sombra de un árbol. E hipos ubicuos. Como siempre, un facóquero se despide de nosotros delante de la estatua de Paul Kruger. 

Si algún verano tuviera que ser el último, me gustaría que fuese como éste:
La rutina del desayuno a las 7:10, la comida a las 12:00 y la cena a las 18:00. El privilegio de fregar los platos después de la cena y dar las gracias después de cada comida. Las frases hechas de Conrad, que destilan al hombre que hubo y que ahora apenas hay en cada palabra, y que lo recuerdan antes siquiera de que se haya ido. 100 kilos de perros babeantes, rabiosos por fuera... y tremendamente vagos por dentro. Las sopas de Peter, cada día una sorpresa más deliciosa que la anterior. El ceño fruncido de Frank. El olor del café arábiga y el pollo frito, al que añadimos un poco de olor a cabrales y fabada. Las sobremesas llenas de algo que Peter llama snap, Rafa llama Canimambo... y yo llamo orujo blanco. Los proyectos diseñados con el trazo grueso de la ilusión y el Amarula Dew. El Facebook del centro pastoral y una community manager de lujo.

Si algún verano tuviera que ser el último, me gustaría que fuese como éste:
Ser blancos (primera acepción), lo que equivale a ser "blancos" (segunda acepción) y por tanto susceptibles de ser timados por mafias mozambiqueñas en connivencia con funcionarios corruptos. Decidir si una pegatina te va a servir de nada. Jugar al juego o jugar al juego, no hay otra opción. Cruzar a un país en el que no sabes por qué lado se conduce. Darse cuenta de que Google Maps ve carreteras donde solo hay caminos de cabras, y maldecir en bable por tener que cruzar Maputo tres veces en tres días. Cenar un filete de ternera con cerveza, y dormir, dentro de un convento de clausura y darle las buenas noches a una amiga a través de siete centímetros de ladrillo, cemento y pintura blanca. Bañarnos desnudos y hacer snorkel en playas de arena blanca, y cenar día tras día parrillada de marisco y vinho verde. Vivir el milagro del turismo hostelero en Mozambique. La Luz y la oscuridad (y el calor). Wifi en forma de repetidor, teléfonos al cielo y señal de allende los mares. Babosa monstruosa de ojo azul. Sexo a la luz del aire acondicionado. Despedida de solteras. Y funcionarios corruptos. 

Si algún verano tuviera que ser el último, me gustaría que fuese como éste:
Apartamento con terraza mirando a la selva. Cena swati con carne flameada. Una cerveza local que se llama "Sibebe" (sic). Una de Burgos que nos saluda en medio de nuestro estupor, y que nos organiza el día siguiente. Observar con incredulidad la elasticidad de los bailes tradicionales, y convertirnos, por primera vez, en espectadores. Y darnos cuenta de lo afortunados que hemos sido hasta ese momento. Ver un varano en la carretera tomando el sol. Potholes, potholes, potholes!

Si algún verano tuviera que ser el último, me gustaría que fuese contigo, y que me sorprendiese cogido de tu mano, y rodeado de tan buenos amigos como los que hemos visitado y nos han visitado este 2018.


Si algún verano tuviera que ser el último...

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jueves, 28 de diciembre de 2017

Star Wars VIII: El fin de la infancia

Fluyo. No me dejo arrastrar por la ira. Respiro. Mi diafragma se expande y se contrae. Me concentro en eso, y dreno todas mis emociones.

Acabo de salir del cine, tras ver lo que viene a llamarse "Star Wars, episodio VIII". Y parafraseando a Luke Skywalker, ninguna de esas palabras es cierta. No es Star Wars: desde luego no es la Guerra de las Galaxias con la que mi generación se crió. Y tampoco es el episodio VIII. De nuevo han vuelto a hacer la misma jugada de actualizar el episodio equivalente de la saga original... me estoy refiriendo, claro, a El imperio contraataca.

Las sensaciones que me embargan son, en definitiva, de total decepción, y de un "final de la infancia". La Guerra de las Galaxias, tal y como la recuerdo, ha muerto, y mi infancia murió con ella. Y el cine de autor (porque sí, recordemos que aunque ahora no queramos recordarlo, George Lucas fue el co-fundador de American Zoetrope, un estudio que pretendía producir cine más vanguardista -aparte de producir las películas de Coppola y Lucas, los fundadores, también permitieron estrenar a Goddard, Kurosawa o Wim Wenders) también ha desaparecido de cualquier resquicio de esta nueva trilogía. Incluso la trilogía I, II y III de Lucas se hacen buenas en comparación con el producto manufacturado que J. J. Abrams / Rian Johnson... en definitiva, Disney, ha parido.

Voy a analizar la película de la manera más racional posible, drenando la ira y la decepción total para hacer un análisis lo más objetivo posible. Para ello recurriré a diálogos o escenas de la película, con lo que el siguiente análisis puede contener spoilers.

Argumento

Empecemos por el primer gran problema que tiene la película: el argumento. Como adelantaba al principio, los runners de esta nueva trilogía están jugando la carta de "inspirarse" en la trilogía original. Esto no tiene que ser algo malo de por sí; Dennis Villeneuve lo acaba de hacer con su secuela de "Blade Runner"... y en un autor de la talla del canadiense, la revisión es exitosa: toma temas centrales importantes de la película inspiradora y los retuerce para darles una nueva vuelta de tuerca.

Sin embargo, en el caso de los episodios VIII y V, la inspiración se transforma en una copia desdibujada de las ideas esbozadas con fuerza y madurez en la trilogía original. Centrándonos en el episodio VIII (y si seguimos mi disertación, en su correspondiente e inspirador episodio V): ¿cuáles son los temas principales de ambos episodios? En el mito psicológico del "héroe de las mil caras", ambos episodios tratan el destierro del héroe, el perfeccionamiento del entrenamiento del héroe con un maestro también desterrado, la búsqueda de las raíces y la muerte del mentor como paso previo para que el héroe se convierta, a su vez, en maestro.

Ambos episodios deberían de preparar al espectador para el episodio final, en el que el héroe alcanzará la maestría mediante el sacrificio y derrotará al villano y salvará al universo, autoimponiéndose al final como el "Señor de todas las cosas".

Un mito psicológico que podemos ver en casi todas las producciones de Hollywood, y que es casi una recete mágica que engancha perfectamente con nuestro sentido occidental de la justicia, la recompensa del esfuerzo del sueño americano, y la dualidad de la lucha del bien contra el mal.

¿Simple y trillado en ambas películas? Sí. La diferencia radica en todo lo demás.

En el episodio V todos los diálogos son perfectos; Yoda está decrépito, y aún así emana sabiduría por todos los poros de su piel. La búsqueda de las raíces tiene un desenlace terrible e inesperado en el caso del joven Luke, que casi le cuesta no solo su vida, sino también la de sus amigos. Y el destierro/huida de los rebeldes es magnífico y escueto en sus tres secuencias de batalla: sobre el planeta helado de Hoth, la huida de Solo por el campo de asteroides, y la lucha final para escapar de la Ciudad de las Nubes.

Por contraste, en el episodio VIII los diálogos son ridículos e hilarantes, destinados a un público adolescente, infantil o directamente idiota. Está claro que Luke no está a la altura de Yoda ni en sus lineas de diálogo ni en sus actos, y aunque se insinúa levemente la interesante idea de que la orden de los jedi debe desaparecer por el bien de la galaxia, no se profundiza en esta idea (ni creo que, por desgracia, se hará en el episodio final, y solamente es una linea de diálogo utilizada como excusa para hacer desaparecer a Luke de escena).

Uno de los pocos puntos a favor del episodio VII era el personaje de Rey, que recordaba a la Nausicäa de Miyazaki, y que levantaba en sus hombros toda la película; en el episodio VIII, sin embargo, Rey es impredecible y errática; la excusa argumental de la búsqueda de raíces convierte al personaje en un tentetieso que no sabe hacia donde ir, y en medio de ese desconcierto se lleva por delante la actuación de Daisy Ridley y toda la película se cae como un castillo de naipes. Y respecto a la huida de los rebeldes... con este mcguffin los guionistas han conseguido rellenar casi dos horas de las 2:38 que dura la película, a base de disparos de cañones, blasters y un montón de armas que (no podía ser de otra forma) son cada vez más potentes y "aterradoras" (sarcasmo). Solo se salva la escena inicial con los bombarderos rebeldes atacando el destructor. El resto son fuegos artificiales. Y para cerrar este capítulo, pero no por ello menos importante: ¿en serio el villano de esta trilogía va a ser el imberbe, niñato e imbécil de Kylo Ren?


 Durante un tiempo pensé ingenuamente que tal vez tras Snoke se ocultara un emperador Palpatine resucitado. Dado que esta nueva trilogía está claramente orientada a la generación "Potter", no se me antojaba descabellada una resurrección del emperador "a lo Voldemor", que al menos tendría la gracia de personificar toda la maldad de la saga en un único (y casi inmortal) personaje. Por desgracia, en esta película han dejado taxativamente claro, de un tajazo, que lal maldad también hay que rejuvenecerla, y parece que Kylo Ren va a ser esta personificación del mal (¿tal vez porque sea redimible? Permitidme que deje para otro artículo la obsesión que tienen los americanos por el pecado y el tema recurrente de la redención). No quisiera cebarme cruelmente con el personaje ni con el actor que lo encarna (Adam Driver), dado que salta a la vista lo ridículo del miscasting. Incluso creo que los guionistas se han dado cuenta y han intentado hacer de la debilidad una virtud, llenando el guión de referencias a un nieto que no está a la altura de su abuelo Vader y del consiguiente complejo de inferioridad. Si este complejo de inferioridad es en lo que se basa el conflicto de este personaje... que Dios nos pille confesados.

Guión

Sin embargo, un argumento mediocre no tiene por qué derivar en una mala película. Como hemos dicho, el episodio V no era el culmen de la originalidad (se basa en un mito psicológico muy trillado), pero sin embargo los diálogos eran perfectos, llenos de sabiduría, humor y confidencias entre personajes.

Desconozco si se trata de la traducción al castellano (sí, he visto la película doblada) pero algunas lineas de diálogo son absurdas ("no te machaques...", "casco cromado"...), intuyo que dirigidas a un público púber o infantil como el que llenaba la sala del cine.

En otras ocasiones, los diálogos son supuestamente épicos, dirigidos a epatar al espectador en un momento cumbre de lucha o drama. Con estos diálogos es con los que  más me he reído debido a su imbecilidad hueca y falsa. Si la actuación de los actores es reseñable por alguna cosa, es por recitar estas lineas sin descojonarse de risa ante las cámaras.

Interpretación

Sobre este apartado es sobre el que tengo más dudas, dado que no he tenido acceso a la película en su versión original en inglés. Sin embargo, la impresión es que en esta ocasión no se ha salvado ni el apuntador de unas actuaciones nada creíbles, tal vez porque los personajes o estaban desdibujados, o eran estereotipos con una personalidad dibujada a trazo grueso. Ni siquiera Rey ha sabido cómo encarnar al desconcertado (azotado) personaje de este episodio. No hablemos ya de Luke, Leia, Poe, Finn, Benicio del Toro, Laura Dern... o el resto de personajes de este colorido alegato multiracial que ha resultado ser esta nueva trilogía.

Podría decir que el único momento mágico ha sido la aparición del muñeco (¡sí!) de Yoda, manejado por el incombustible Frank Oz, en el que sin duda es la mejor escena y el mejor diálogo de toda la película. Tal vez solo por ese momento ha merecido la pena soportar todo lo que venía antes (y todo lo que viene después).

Conclusiones

¿Por qué?

Ésa podría ser la pregunta que todos nos hagamos cuando veamos esta trilogía. ¿Por qué el tono naif o directamente infantil de la película? ¿Por qué el villano es un imberbe? ¿Por qué hacer sostener el peso de la trilogía en personajes tan flojos y con tan poco carisma como Finn o Rey? ¿Por qué los veteranos han reducido su presencia a meros cameos o, directamente, han muerto en estos dos primeros episodios?

La respuesta es trivialmente sencilla: por dinero.

Quizá en los años 70 u 80 lo que llenaba las salas era un público más heterogéneo o culto, que acudía al cine igual que podía acudir a la ópera, al teatro o a un concierto de jazz. Sin embargo, en la actualidad los cines los llenan los adolescentes y pre-adolescentes, así como los niños pequeños con sus padres. Y es a este sector al que va dirigida la película: púberes que puedan identificarse con esa Rey, ese Finn o ese Kylo Ren; niños que puedan identificarse con ese chaval que coge la Nimbus-2000 en el último plano de la película; y por qué no incluir a algunos actores veteranos de la saga original que puedan atraer (a modo de cebo nostálgico) a los papás con niños de nuestros días.

Sí, es un hecho que en Hollywood la parte artística que tenía el cine ha muerto, y solo quedan sus restos fósiles, enterrados en carbonita, como huella en unos productos hoy manufacturados y perfectamente etiquetados y empaquetados. Y con ese arte han muerto también los sueños y la infancia de muchos de nosotros, que verdaderamente creímos aquello que nos dijeron de la libertad creativa y de que la franquicia iba a mejorar fuera de las garras del señor Lucas. Pecamos de ingenuidad, y hemos vuelto a hacerlo de nuevo con este episodio VIII.


No sé lo que pasará dentro de 2 años, pero gracias a Abrams ahora mismo no me importan un carajo el puñado de rebeldes que atraviesan el universo en el Halcón Milenario.

Y eso... eso no se lo perdonaré nunca.

jueves, 26 de octubre de 2017

Los que corren por el filo

1982. 2019. 2017. 2049.

Hace 35 años, el 21 de agosto de 1982, se estrenaba la versión cinematográfica de "Sueñan los androides con ovejas eléctricas", de Phillip K. Dick, quien había muerto cinco meses antes y no pudo tener la satisfacción de ver su obra adaptada al cine. Si es que se puede decir que "Blade Runner" es una adaptación, porque quien haya leído la novela y haya visto la película sabrá que, más allá de un leve hilo argumental (la caza de los replicantes), ambas obras tienen formas, intenciones y contenidos que las separan radicalmente.

Para empezar, la novela de Dick transcurre en 1992, mientras que el film de Scott transcurre en un Los Ángeles de 2019. El dato no es anecdótico. El director distancia al espectador más años de los que el escritor pretendía. Si para Dick el futuro tóxico esbozado en la novela estaba a la vuelta de la esquina (un par de décadas) y dentro de nosotros (el tema de la culpa es notorio en la novela del escritor de Chicago), Scott estira ese lapso temporal para provocar en el espectador aún mayor sentimiento de extrañeza, otreridad y onirismo. Esa es la clave de Blade Runner: provocar un sueño de imaginación, una vsión otros mundos (los mundos "exteriores" e "interiores") y, en última instancia, la suspensión de la incredulidad del espectador. A tal efecto contribuye el magnífico diseño de producción y de vestuarios, la banda sonora (tanto la extra-diegética de Vangelis como el diseño de sonido diegético) y las interpretaciones de los actores principales: un Harrison Ford frío como el sushi y una Sean Young hierática.

¿Y qué hay de la historia? Pues argumentalmente, poca cosa; como digo, la novela de Dick es podada notablemente en su guionización y de sus múltiples e interesantes hilos argumentales Scott se queda simplemente con el de la caza de los replicantes y prácticamente elimina los demás. No obstante, como la mayoría del mundo sabrá, existen pequeños huevos de Pascua escondidos y pensados para ser captados solamente por nuestro subconsciente: los origamis con los que Gaff va salpicando sus escenas; los sueños de Deckard; el ojo que contempla un mundo en ruinas; los animales sintéticos que van apareciendo. Unas pistas que nos hicieron soñar durante años con todas las historias que no se quisieron contar en "Blade Runner" pero que nuestra mente inconsciente y nuestros sueños sabían que estaban allí, ocultas tras un argumento premeditadamente esquelético y que dejaba el paso a un mundo visual y sonoramente onírico.

Por fin, tras 35 años soñando con la vuelta al mundo de Blade Runner, en 2017 Denis Villeneuve ha intentado hacer realidad esos sueños, enfrentándose para ello a un reto con el que que pocos directores y productores se hubieran atrevido.

Villeneuve sitúa su secuela en 2049, justo 30 años después de la primera parte. E intuyo que en parte fue así por el envejecimiento de sus actores, ya que el mundo dibujado por la cámara de Villeneuve parece el mismo que el de la película original: las calles de Los Ángeles siguen igual de atestadas de tribus urbanas, los anuncios de neón siguen flotando en los edificios (esta vez en forma de hologramas, la mayoría de contenido sexual)... y los Blade Runner siguen siendo el cuerpo de policías que se siguen encargando de despachar a los antiguos Nexus 8 (¿no vivían solamente 4 años?).

Y aunque no es exactamente el mismo mundo (se incide en el problema de la superpoblación -bonito homenaje a "Soylent Green" con el edificio de apartamentos de K, en el que la gente vive apiñada en las escaleras al igual que en el apartamente de Thorn en la película de Fleischer- y de cómo alimentar a tantos millones de personas -con criaderos de proteína), ya en los primeros minutos se puede intuir la intención homenajeadora de Villeneuve a la película original (más que a la novela de Dick). Efectivamente, el director canadiense intenta utilizar las mismas armas que Scott en Blade Runner, y logra dibujar espacios visuales de una belleza plástica apabullante, creando en nuestra imaginación mundos de bombas sucias y radiación de fondo, orfanatos de arquitectura industrial en medio de vertederos de chatarra, mansiones construidas con luz...


Cuanto más reposa en mi cabeza más evidentes son las similitude visuales y conceptuales entre ambas películas, empezando por la primera escena: el ojo de un replicante, y con la siguiente caza de un Nexos 8; el protagonista se enamora de un ser perteneciente a una (en teoría) escala inferior de humanidad, en una historia de amor fría e ¿imposible?; en ambas el blade runner realiza una investigación policial, de pista en pista, que le lleva a dar con los cabos sueltos que debe buscar; un policía duro y fanático en su fobia contra los replicantes es quien juzga al propio replicante que hace el trabajo sucio que la policía "de verdad" no quiere hacer; un magnate multimillonario y megalomaníaco que juega a ser Dios; una mansión vacía y hueca en la que resuenan los ecos del pasado y se ocultan individuos que no quieren ser encontrados; y un final de redención en el que un replicante es más humano que los humanos al sentir finalmente en su sintética piel el milagro de la Vida.


Pero no todos son homenajes, y el director de "Enemy" incorpora el gran tema principal de la película: el amor paterno-filial y la búsqueda de un origen... o de la consiguiente progenie; a la vez que consigue también escenas de autor de una belleza innegable, como el "parto" de un nuevo modelo de replicante, cayendo al suelo de una placenta sintética que parece... una simple bolsa de plástico transparente.

Todo ello con un ritmo peligrosamente pausado, en un momento en el que el cine mainstream se basa en la sucesión rápida de planos, en el que el espectador medio tiene menos de 30 años y en una cultura de apremio e inmediatez. Villeneuve corre continuamente por el filo de la navaja, manteniendo con frecuencia planos largos de 10, 15, 20 segundos, estira premeditadamente las escenas para que el espectador se sumerja en una nueva versión del distópico futuro que Scott nos dibujó. Y lo hace con éxito. Una película de 163 minutos que en ningún momento se hace pesada, y que además de homenajear la película de 1982 tiene la grandeza de retomar la historia original y de atar algunos de los (muchos) cabos que quedaron sueltos en aquella.


Como en la película de Scott, el nuevo argumento -que retoma con viejos y nuevos personajes la historia de la película original- no es impactante; tampoco pretende serlo. Es un trabajo más profundo de guión, de interpretaciones, de planos detalle, de sonidos... los que construyen la idea principal de la saga, transmitida más como sensaciones que con palabras: ¿Quiénes somos? ¿Qué nos hace humanos? ¿De dónde venimos? ¿Somos el plan de Dios? ¿O por el contrario somos dioses que creamos vida que engendra vida? ¿Cuánto vamos a vivir? ¿Nos destruirá nuestra creación? ¿Merecemos pervivir?


De hecho, el único defecto que le puedo achacar a la película es su exceso de diálogos, en una película a la que la ambigüedad y una mayor contención en las motivaciones de los personajes le hubiesen encajado mejor. Algo que ya había intentado Scott en su película pero al que la productora le obligó a añadir diálogos en off (amén del famoso happy-end que todos recordamos). Es así que probablemente lo peor de la película son los soliloquios de un Jared Leto algo sobreactuado y de un Harrison Ford al que los años le sientan cada vez peor.

No obstante sus defectos, Blade Runner 2049 es una obra de ciencia ficción sobresaliente, rara avis en nuestros días y que recupera el espíritu no solo de la película original, sino de otros clásicos de ciencia ficción que solo podían rodarse en otras épocas...

en otros mundos...



sábado, 22 de agosto de 2015

Un cambio de órbita

Tal día como hoy hace diez años empezaba la aventura madrileña que la mayoría conocéis. Fue entonces un tiempo de cambios vitales, en los que empezaba a trabajar por primera vez, me iba a vivir fuera del hogar de mis padres, iba a compartir piso, iba a generar un nuevo y amplio círculo de amigos, iba a mantener mi primera relación sentimental profunda. En definitiva, iba a dar un salto de piñón en la bicicleta de la vida.

Diez años después intuyo otro cambio de piñón... el tiempo dirá si ha sido de subida o de bajada. He vuelto a vivir a Asturias, me he casado, me he comprado coche, he comprado mi primera propiedad inmobiliaria (un garaje para poder añadir un trastero, no os alarméis) y voy a empezar a trabajar en Gijón. Nuevos amigos y viejos amigos, nuevo entorno y viejo entorno, nuevo trabajo pero mismo trabajo.

Como digo, es un cambio de ciclo con varias capas de cebolla. Si rascamos un poco, podremos ver que bajo la capa de cambio se oculta una etapa en la que vuelvo a reencontrarme con muchas cosas de mi pasado. Confío en que se trate de una espiral creciente, en la que a los 360º vuelvo a reencontrarme, y tal vez reconciliarme, con facetas de mi pasado de las que no guardo precisamente el mejor de los recuerdos... pero en una órbita mayor, gracias a las habilidades adquiridas estos últimos diez años para poder ser Consciente, agradecer todos aquellos recuerdos y reconciliarme con ellos, asumiéndolos como parte de un crecimiento vital que me ha hecho llegar hasta donde ahora me encuentro.

Nuevos amigos y viejos amigos: no hay duda de que algunas amistades de Asturias se han enfriado. Algunas de esas amistades son un recuerdo agridulce de un pasado en el que no estaba satisfecho con mi vida. Agrio porque son el recuerdo de aquellas noches pasadas en vela en la que nos dejábamos llevar por la gente, el momento y el alcohol, sin que lo que hacíamos fuese realmente algo que nos gustara. Dulce porque siguen siendo, al menos en mi mente, buenos amigos.

Nuevo entorno y viejo entorno: voy a trabajar en el Parque Tecnológico de Gijón, a escasos trescientos metros de la facultad de Informática donde pasé siete años de mi juventud. También agridulces son los recuerdos de aquellos años: aunque hay cosas de esa época y de esa facultad que recuerdo con desazón, falta de confianza, inseguridad e incluso hastío, no puedo negar que también en aquellos años adquirí muchas habilidades importantes para mi posterior devenir profesional, y reafirmé algunas amistades que siguen siendo importantes en mi constelación de amigos. Incluso conocí a amigos con los que más tarde coincidiría en Madrid, e incluso con algunos de ellos llegué a compartir piso.

Nuevo trabajo y viejo trabajo: con una extraña vuelta de tuerca, vuelvo al mismo trabajo con el que me fui a Madrid (en realidad una gran compañía absorbió a la pequeña compañía con la que me fui a Madrid, y ahora esa gran compañía va a abrir una delegación de consultoría en Gijón). Sin duda éste tal vez sea el reto principal. Salí bastante quemado del mundo de la consultoría, jurando una y mil veces (como en un tango de Gardel) que no volvería a él por nada del mundo. Sin embargo, una oportunidad de retornar a Asturias con un trabajo interesante y con un buen sueldo, no se presenta tan a menudo, así que la balanza se decantó finalmente por el lado de los "pros".

Para manejar todos estos retos de integración, mis herramientas principales van a ser las habilidades de asertividad, inteligencia emocional, gestión del esfuerzo y del estrés y, sobre todo, la Observación Consciente. Cada vez estoy más convencido de que se puede ser feliz en cualquier circunstancia y de que todo lo que nos pasa, tanto lo bueno como lo malo, solo se debe a nuestras creencias y nuestros valores, que determinan nuestra conducta frente al entorno, sea hostil o benigno.

Por otro lado, mi gran bastión en la retaguardia es sin duda mi compañera, Tania, que sé que va a estar ahí para ayudarme en todo lo que pueda.

Porque este cambio de piñón, sin duda, tiene como objetivo comenzar de verdad una nueva vida juntos, construir un Hogar en el que podamos ser felices y ampliar la familia, si Dios quiere, y continuar desarrollándonos en todos los niveles... pero esta vez juntos de verdad. Porque dos naranjas completas hacen mejor zumo que dos medias naranjas o que una naranja sola.

Así que, vomitado todo esto, solo me queda lanzar el grito de guerra paz: ¡Allá vamos Asturias!

lunes, 7 de julio de 2014

Desmontando el ERA

Estamos viviendo tiempos de cambios, y el mayor cambio es que por fin estamos empezando a creernos que algunas cosas están cambiando, tal vez para siempre; concretamente, estamos empezando a darnos cuenta de que el sueño de socialismo colectivista en el que algunos creían vivir, se está viniendo a bajo y se están destapando sus debilidades y miserias.

Uno de los casos más flagrantes lo estamos viviendo en mi familia en nuestras propias carnes. Tras una reunión con una trabajadora del ERA (Establecimientos Residenciales de Asturias, o lo que es lo mismo, las Residencias Públicas para ancianos) de la Residencia en la que mi abuela lleva residiendo 21 años, nos estamos enterando de que, aunque mi abuela paga el 75% de su pensión de viudedad al ERA, lo que falta para cubrir el coste de la plaza (más de 1.400€ para una plaza de nivel 3 de dependencia) no es "condonado" por las arcas del Estado ni por las del Gobierno Autonómico, sino que se acumula una deuda que, a día de hoy, en el caso de mi abuela roza los 140.000€. Echen las cuentas: 21 años x 1.000€ de deuda ¡mensual! (mi abuela cobra una pensión de viudedad que no llega a los 600€).

Consecuencia: tras la descentralización de competencias, las administraciones regionales que no tienen dinero están empezando a reclamar las deudas de personas fallecidas a los herederos de las mismas. Tiempo atrás, en vacas gordas, este tipo de deudas se condonaban. Ahora se reclaman las cuentas bancarias, se realizan amortizaciones parciales, se reclaman pisos puestos en garantía. Y si aún así los bienes del fallecido son insuficientes, los herederos tienen que cubrir el resto de la deuda.

Imagínate que tu padre fallece tras llevar 20 años en una residencia, y que lo que heredas sea una deuda de 200.000€. Ésa es la situación a la que se están enfrentando en estos días muchas familias asturianas, acuciadas por reclamaciones del ERA de la deuda generada por sus familiares fallecidos.

Si muchos seguís sin creer esto que os estoy diciendo, podéis consultar el BOPA, donde incluso hay disponible un modelo de contrato.

¿La solución? Tras pasar por un prestigioso bufete de abogados de Oviedo, parece que la mejor opción pasa por heredar a "beneficio de inventario", una fórmula jurídica que, en caso de que la herencia conlleve una deuda, ésta solo pueda ser pagada (total o parcialmente) con el inventario de bienes de la persona fallecida, y nunca con bienes de los herederos. Otra opción, algo más engorrosa, es una renuncia total a la herencia, aunque en este caso (a) deben renunciar todas las generaciones de herederos (hijos, nietos y hermanos de la persona fallecida y (b) el ERA puede abrir una instancia judicial para posicionarse como heredero, y evitar que los bienes de la persona fallecida acaben en manos del Estado.

Afortunadamente mi abuela aún está con vida (y que dure muchos años), aunque el hecho de saber que está generando unos 1.000€ mensuales de deuda me hace preguntarme qué ha sido del Estado de Bienestar, de esa utopía socialista en la que muchos creímos vivir hace algunos años. Es evidente que la Economía lo es todo, y no puede haber prestaciones sociales sin un modelo de gestión económica que lo sostenga.

Pero cuando ya ni siquiera te puedes morir sin endeudar a tus hijos, cuando la muerte se convierte en un negocio, cuando el oscurantismo de las administraciones públicas hace que no tengan la obligación de informar al residente del estado de su deuda pendiente, cuando desde el propio Centro te niegan una copia del contrato y te mandan a Oviedo a pedir un certificado de deuda, cuando la propia trabajadora social, puesta entre la espada y la pared, te dice que llegado el momento debes renunciar a la herencia de tu madre para no asumir la subsiguiente deuda... llega un momento en el que la realidad supera a la ficción, a esas ficciones distópicas que solíamos leer de pequeño (Un mundo feliz, 1984, Mercaderes del Espacio, Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas, Nosotros...).

El futuro ya está aquí. Tanto jugar con él a "Un dos tres palomita blanca es", y el cabrón ha llegado a nuestra casa sin que nos diéramos cuenta. Ahora solo nos queda apretar los dientas y aguantar, porque hace tiempo que nos estaba dando por el culo, pero solo es ahora cuando esa sensación molesta en el recto ha comenzado a doler de verdad.

miércoles, 28 de mayo de 2014