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sábado, 22 de agosto de 2015

Un cambio de órbita

Tal día como hoy hace diez años empezaba la aventura madrileña que la mayoría conocéis. Fue entonces un tiempo de cambios vitales, en los que empezaba a trabajar por primera vez, me iba a vivir fuera del hogar de mis padres, iba a compartir piso, iba a generar un nuevo y amplio círculo de amigos, iba a mantener mi primera relación sentimental profunda. En definitiva, iba a dar un salto de piñón en la bicicleta de la vida.

Diez años después intuyo otro cambio de piñón... el tiempo dirá si ha sido de subida o de bajada. He vuelto a vivir a Asturias, me he casado, me he comprado coche, he comprado mi primera propiedad inmobiliaria (un garaje para poder añadir un trastero, no os alarméis) y voy a empezar a trabajar en Gijón. Nuevos amigos y viejos amigos, nuevo entorno y viejo entorno, nuevo trabajo pero mismo trabajo.

Como digo, es un cambio de ciclo con varias capas de cebolla. Si rascamos un poco, podremos ver que bajo la capa de cambio se oculta una etapa en la que vuelvo a reencontrarme con muchas cosas de mi pasado. Confío en que se trate de una espiral creciente, en la que a los 360º vuelvo a reencontrarme, y tal vez reconciliarme, con facetas de mi pasado de las que no guardo precisamente el mejor de los recuerdos... pero en una órbita mayor, gracias a las habilidades adquiridas estos últimos diez años para poder ser Consciente, agradecer todos aquellos recuerdos y reconciliarme con ellos, asumiéndolos como parte de un crecimiento vital que me ha hecho llegar hasta donde ahora me encuentro.

Nuevos amigos y viejos amigos: no hay duda de que algunas amistades de Asturias se han enfriado. Algunas de esas amistades son un recuerdo agridulce de un pasado en el que no estaba satisfecho con mi vida. Agrio porque son el recuerdo de aquellas noches pasadas en vela en la que nos dejábamos llevar por la gente, el momento y el alcohol, sin que lo que hacíamos fuese realmente algo que nos gustara. Dulce porque siguen siendo, al menos en mi mente, buenos amigos.

Nuevo entorno y viejo entorno: voy a trabajar en el Parque Tecnológico de Gijón, a escasos trescientos metros de la facultad de Informática donde pasé siete años de mi juventud. También agridulces son los recuerdos de aquellos años: aunque hay cosas de esa época y de esa facultad que recuerdo con desazón, falta de confianza, inseguridad e incluso hastío, no puedo negar que también en aquellos años adquirí muchas habilidades importantes para mi posterior devenir profesional, y reafirmé algunas amistades que siguen siendo importantes en mi constelación de amigos. Incluso conocí a amigos con los que más tarde coincidiría en Madrid, e incluso con algunos de ellos llegué a compartir piso.

Nuevo trabajo y viejo trabajo: con una extraña vuelta de tuerca, vuelvo al mismo trabajo con el que me fui a Madrid (en realidad una gran compañía absorbió a la pequeña compañía con la que me fui a Madrid, y ahora esa gran compañía va a abrir una delegación de consultoría en Gijón). Sin duda éste tal vez sea el reto principal. Salí bastante quemado del mundo de la consultoría, jurando una y mil veces (como en un tango de Gardel) que no volvería a él por nada del mundo. Sin embargo, una oportunidad de retornar a Asturias con un trabajo interesante y con un buen sueldo, no se presenta tan a menudo, así que la balanza se decantó finalmente por el lado de los "pros".

Para manejar todos estos retos de integración, mis herramientas principales van a ser las habilidades de asertividad, inteligencia emocional, gestión del esfuerzo y del estrés y, sobre todo, la Observación Consciente. Cada vez estoy más convencido de que se puede ser feliz en cualquier circunstancia y de que todo lo que nos pasa, tanto lo bueno como lo malo, solo se debe a nuestras creencias y nuestros valores, que determinan nuestra conducta frente al entorno, sea hostil o benigno.

Por otro lado, mi gran bastión en la retaguardia es sin duda mi compañera, Tania, que sé que va a estar ahí para ayudarme en todo lo que pueda.

Porque este cambio de piñón, sin duda, tiene como objetivo comenzar de verdad una nueva vida juntos, construir un Hogar en el que podamos ser felices y ampliar la familia, si Dios quiere, y continuar desarrollándonos en todos los niveles... pero esta vez juntos de verdad. Porque dos naranjas completas hacen mejor zumo que dos medias naranjas o que una naranja sola.

Así que, vomitado todo esto, solo me queda lanzar el grito de guerra paz: ¡Allá vamos Asturias!

lunes, 7 de julio de 2014

Desmontando el ERA

Estamos viviendo tiempos de cambios, y el mayor cambio es que por fin estamos empezando a creernos que algunas cosas están cambiando, tal vez para siempre; concretamente, estamos empezando a darnos cuenta de que el sueño de socialismo colectivista en el que algunos creían vivir, se está viniendo a bajo y se están destapando sus debilidades y miserias.

Uno de los casos más flagrantes lo estamos viviendo en mi familia en nuestras propias carnes. Tras una reunión con una trabajadora del ERA (Establecimientos Residenciales de Asturias, o lo que es lo mismo, las Residencias Públicas para ancianos) de la Residencia en la que mi abuela lleva residiendo 21 años, nos estamos enterando de que, aunque mi abuela paga el 75% de su pensión de viudedad al ERA, lo que falta para cubrir el coste de la plaza (más de 1.400€ para una plaza de nivel 3 de dependencia) no es "condonado" por las arcas del Estado ni por las del Gobierno Autonómico, sino que se acumula una deuda que, a día de hoy, en el caso de mi abuela roza los 140.000€. Echen las cuentas: 21 años x 1.000€ de deuda ¡mensual! (mi abuela cobra una pensión de viudedad que no llega a los 600€).

Consecuencia: tras la descentralización de competencias, las administraciones regionales que no tienen dinero están empezando a reclamar las deudas de personas fallecidas a los herederos de las mismas. Tiempo atrás, en vacas gordas, este tipo de deudas se condonaban. Ahora se reclaman las cuentas bancarias, se realizan amortizaciones parciales, se reclaman pisos puestos en garantía. Y si aún así los bienes del fallecido son insuficientes, los herederos tienen que cubrir el resto de la deuda.

Imagínate que tu padre fallece tras llevar 20 años en una residencia, y que lo que heredas sea una deuda de 200.000€. Ésa es la situación a la que se están enfrentando en estos días muchas familias asturianas, acuciadas por reclamaciones del ERA de la deuda generada por sus familiares fallecidos.

Si muchos seguís sin creer esto que os estoy diciendo, podéis consultar el BOPA, donde incluso hay disponible un modelo de contrato.

¿La solución? Tras pasar por un prestigioso bufete de abogados de Oviedo, parece que la mejor opción pasa por heredar a "beneficio de inventario", una fórmula jurídica que, en caso de que la herencia conlleve una deuda, ésta solo pueda ser pagada (total o parcialmente) con el inventario de bienes de la persona fallecida, y nunca con bienes de los herederos. Otra opción, algo más engorrosa, es una renuncia total a la herencia, aunque en este caso (a) deben renunciar todas las generaciones de herederos (hijos, nietos y hermanos de la persona fallecida y (b) el ERA puede abrir una instancia judicial para posicionarse como heredero, y evitar que los bienes de la persona fallecida acaben en manos del Estado.

Afortunadamente mi abuela aún está con vida (y que dure muchos años), aunque el hecho de saber que está generando unos 1.000€ mensuales de deuda me hace preguntarme qué ha sido del Estado de Bienestar, de esa utopía socialista en la que muchos creímos vivir hace algunos años. Es evidente que la Economía lo es todo, y no puede haber prestaciones sociales sin un modelo de gestión económica que lo sostenga.

Pero cuando ya ni siquiera te puedes morir sin endeudar a tus hijos, cuando la muerte se convierte en un negocio, cuando el oscurantismo de las administraciones públicas hace que no tengan la obligación de informar al residente del estado de su deuda pendiente, cuando desde el propio Centro te niegan una copia del contrato y te mandan a Oviedo a pedir un certificado de deuda, cuando la propia trabajadora social, puesta entre la espada y la pared, te dice que llegado el momento debes renunciar a la herencia de tu madre para no asumir la subsiguiente deuda... llega un momento en el que la realidad supera a la ficción, a esas ficciones distópicas que solíamos leer de pequeño (Un mundo feliz, 1984, Mercaderes del Espacio, Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas, Nosotros...).

El futuro ya está aquí. Tanto jugar con él a "Un dos tres palomita blanca es", y el cabrón ha llegado a nuestra casa sin que nos diéramos cuenta. Ahora solo nos queda apretar los dientas y aguantar, porque hace tiempo que nos estaba dando por el culo, pero solo es ahora cuando esa sensación molesta en el recto ha comenzado a doler de verdad.

miércoles, 28 de mayo de 2014

jueves, 15 de mayo de 2014

El viento se levanta

Elevar un discurso elegíaco sobre la figura de Hayao Miyazaki es, a estas alturas, una redundancia solo apta para hipsters del tres al cuarto. Miyazaki es uno de los pocos directores de cine que se va a retirar por cuarta vez, así que ha logrado que en cada una de dichas ocasiones se hayan escrito análisis y repasos varios a su filmografía. 


De estos "falsos retiros" han salido al mercado diferentes estudios sobre su carrera cinematográfica y sobre el estudio donde la ha llevado mayoritariamente a cabo (Studio Ghibli). El mejor de los ensayos que he leído en español es, sin duda, 

"El mundo invisible de Hayao Miyazaki", donde su autora Laura Montero disecciona cada uno de sus trabajos con una precisión de cirujano, y ofrece una tesis llena de referencias culturales que resultan extremadamente útiles para interpretar películas donde el costumbrismo tradicional japonés influye en la comprensión misma de la obra. 

Pero por muchos estudios que se hayan hecho de su obra pasada, pocas pistas nos hacían presagiar lo que se nos iba a ofrecer en la que -vuelve a insistir Miyazaki- será su última película. 

"El viento se levanta" ("Kaze Tachinu") (atención, SPOILERS) es ni más ni menos que una especie de amarga autobiografía artística de Miyazaki, una inclinación de despedida ante su público y un telón que se cierra; un repaso en el que el autor de películas como "La Princesa Mononoke" echa la vista atrás y confiesa cómo una vida dedicada al arte llegó a canibalizar otras facetas de su vida, como la familia, los amigos y el amor. 

Aunque las críticas y valoraciones que he leído escriben que el alter ego de Miyazaki en "El viento se levanta" es el diseñador de aviones italiano Caproni, en mi opinión el verdadero alter ego de Miyazaki no es otro que el protagonista de la cinta, Jirô Horikoshi, y es desde esta óptica desde la que la película se convierte en un auténtico testamento autobiográfico.

En efecto, el mcguffin narrativo de la película (por cierto, un auto homenaje a su propia película de 1992, "Porco Rosso", y toda una obsesión personal: los aviones) es un biopic sobre el diseñador de aviones Jirô Horikoshi, quien diseñaría el caza de combate Zero, con el que Japón atacó Pearl Harbour, entrando así en la II Guerra Mundial. Este retrato recorre desde la niñez de Hirokoshi hasta que éste por fin consigue finalizar con éxito los diseños del Zero, y muestra el aprendizaje vital del personaje a la vez que hace un retrato del Japón de la época... y en esa época la foto de ese Japón imperial sale movida: Miyazaki no es en absoluto benévolo en su visión de un Japón agotado por el expansionismo militar y empobrecido por el terremoto de Kanto de 1923, pero que aún así se alía con Alemania en el éxtasis cenital de su aventura colonialista por el sudeste asiático a principios del siglo XX. Hay que recordar que en aquellos años Japón había invadido Manchuria y se había hecho con el control de Taiwán y varios archipiélagos del Pacífico.

Miyazaki retrata este expansionismo, y la alianza tripartita que permite al joven Hirokoshi viajar hasta Alemania para conocer la tecnología alemana del momento. Este viaje de aprendizaje es un reflejo de los primeros trabajos de Miyazaki como animador y localizador de fondos, en los que se tuvo que desplazar a los Alpes para trabajar las localizaciones de "Heidi", "Marco" y "Ana de las Tejas Verdes", y que le foguearon para futuros trabajos de encargo ("Arsene Lupin: El castillo de Cagliostro"), al igual que a Hirokoshi le solicitan un trabajo de encargo en el que no cree (el mecanismo de soporte del ala de uno de los prototipos de Mitsubishi para el ejército nipón). 

El genio de Hirokoshi no despuntará, sin embargo, hasta que la compañía de aviones le dé completa libertad creativa en cuanto al diseño del nuevo avión de combate (si buscamos el reflejo en la vida de Miyazaki, podemos ver la eclosión de esta libertad artística en "Nausicäa del Valle del Viento", basada en el manga homónimo del propio Miyazaki). Una genialidad que no evitará ciertos errores de principiante, como el primer caza diseñado -que se desintegra en pleno vuelo (al igual que en la filmografía de Miyazaki hay fracasos y proyectos que se quedaron literalmente en el tintero). 


Ambos genios, desde sus respectivas mesas de dibujo, delinean sus vidas en base a unos valores basados en el sacrificio de todo lo demás por mor de ese arte, esa cima creativa que, en palabras de Caproni, "solo dura unos diez años". Esa cima creativa en la que el viento de la vida se levanta, y hay que intentar vivir y explotar esa vocación artística al máximo de sus posibilidades.

Ese viento creativo y vocacional puede llegar a ser un huracán que haga volar todo lo demás por los aires. Así, aunque la película nos muestra cómo Hirokoshi conoce en una casa de reposo a Naoko, quien a la postre será el amor de su vida, la obsesión de Jirô por su trabajo hará que la relación entre ambos acabe condensándose cada día en los pocos instantes que están juntos antes de que Hirokoshi se vaya a trabajar o después de que vuelva de jornadas de trabajo maratonianas. Unas manos que se estrechan mientras Hirokoshi sigue trabajando en el tatami del dormitorio con la otra mano, es lo único que queda de ese amor. Miyazaki parece insinuar que esa mano entrelazada es suficiente. Pero, ¿lo es acaso para Naoko?


En cualquier biografía del autor de "El castillo ambulante de Howl" encontraremos alguna reseña sobre la incompetencia de éste como padre. Su propio hijo Gorö llegó a declarar que Hayao Miyazaki era "un cien como director... y un cero como padre". En "Ponyo en el acantilado" ya se puede vislumbrar una especie de sentida disculpa de Hayao Miyazaki hacia su hijo, con esas dos figuras paternales de la cinta: la del marinero ausente (padre de Sosuke) y la autoritaria y obsesionada (padre de Ponyo). 

Pero sin duda en "El viento se levanta" esa disculpa (o justificación, como se quiera ver) es más evidente aún. Hirokoshi está tan ausente que no duda en fumar dentro del dormitorio, aun cuando su mujer Naoko padece de una grave enfermedad pulmonar (y ella le invita a hacerlo). Naoko es esa mujer abnegada, sacrificada, cuyo amor hacia Hiro es tan grande que sacrifica lo poco que ambos tienen, tiempo, para que aquél pueda dedicarse en cuerpo y alma a la obsesión de su vida, el diseño de aviones, sueños que se levantan en el aire... y desaparecen. 

En Naoko se funden las dos mujeres de la vida de Hayao Miyazaki: su mujer y su madre (quien, por cierto, también padeció de tuberculosis en la vida real -como Miyazaki dibujaría en "Mi vecino Totoro"). De esta manera, siguiendo la idea anterior, esa disculpa o justificación que en "Ponyo en el acantilado" iba dirigida a su propio hijo, en esta ocasión es extrapolada y dirigida con más fuerza aún hacia su madre y su mujer. "El viento se levanta" es el "My Way" particular de Hayao Miyazaki que, en el otoño de su vida, echa la mirada atrás e intenta justificar toda una vida de la única manera en la que supo vivir: dedicado en cuerpo y alma a su trabajo y a su vocación artística. 


Una película, pues, llena de amargor, en la que los propios valores de esfuerzo y superación a través del trabajo (unos valores muy en consonancia con la cultura japonesa) son quizá puestos en entredicho por alguien que los ha grabado a fuego en su propia vida y tal vez, cuando se vislumbra el final del camino, surge una nota de arrepentimiento por el tiempo perdido. 

O no. Tal vez el autor de películas como "El viaje de Chihiro" simplemente haya intentado explicarse (¿justificarse?) a sí mismo. Los demás tal vez no puedan llegar a comprender el compromiso que un artista adquiere con su vocación artística, pero es posible que Miyazaki haya hecho un esfuerzo con "Kaze Tachinu" por intentar explicarlo. Al fin y al cabo, lo queramos o no lo queramos, llega un momento en el que todos nos tenemos que ver cara a cara con situaciones en las que tenemos que poner a prueba nuestros valores, y comprobar cuán resistentes son. Ése es el momento en el que el viento se levanta... y hay que intentar vivir. 


"Le vent se lève!... Il faut tenter de vivre!"

lunes, 24 de marzo de 2014

Picos Gemelos

El 15 de noviembre de 1990 yo tenía 10 años y aún no me había salido la pelusilla del bigote, y Telecinco no llevaba ni un año de Mamachichos, cuando se estrenó en España una serie que, a la postre, revolucionaría el concepto de serie televisiva.

Su creador, David Lynch, venía de dirigir uno de sus mejores cintas ("Blue Velvet"), pero a pesar del éxito crítico no consiguió financiación para sus siguientes proyectos cinematográficos. El destino quiso entonces que Lynch aceptase colaborar con Mark Frost en la creación de la serie televisiva "Twin Peaks". O lo que es lo mismo, historia de la televisión.

El argumento de Twin Peaks es aparentemente sencillo: en un pequeño pueblo cerca de Washington es localizado el cadáver de una joven, identificada como Laura Palmer. Aparentemente, una muchacha que representaba el ideal de belleza, bondad y dedicación americano: abnegada, trabajadora, buena hija y amiga de sus amigas. Nadie entiende cómo ni por qué fue asesinada. Sin embargo, a medida que el detective del FBI Dale Cooper llega al pueblo y va investigando el caso, las cosas se van complicando y nada es lo que parecía en un principio.

Tras este simple plot, en realidad un McGuffin, se entremezclan dos historias en una: por un lado una historia realista sobre el horror y la hipocresía que puede ocultar un pequeño pueblo, aparentemente idílico; y por el otro, una historia onírica sobre el bien y el mal, el anverso y el reverso que todos llevamos dentro, la guarida blanca y la guarida negra, el mito psicológico del gemelo malo ("doppelgänger") y de Jeckyll y Hyde. Podríamos decir que Laura Palmer es el nexo de unión entre ambas historias, al ser la víctima propiciatoria de un mal que parece haberse instalado en Twin Peaks, tras años confinado en los bosques (una metáfora de la parte oscura de nuestra mente). Ambas historias (la realista y la onírica) conviven en un equilibrio aparentemente imposible gracias al humor surrealista que impregna (casi) todos los capítulos, sirviendo de válvula de escape para la línea argumental realista, y de puerta de entrada a la linea argumental onírica.

Es innegable que la serie tiene varias lecturas, fruto también del paso de varios guionistas y directores por la misma. David Lynch abandonaría la serie a principios de la segunda temporada (cuando los productores le obligaron a revelar la identidad del asesino de Laura Palmer) y solo volvería para dirigir el último episodio de la serie y firmar el que probablemente sea el mejor episodio de la misma. Este episodio (tras haberse cerrado de forma prematura la primera historia, la realista) vomita sobre el espectador todo lo que, a lo largo de la serie, se había intuido de la linea argumental onírica y metafísica. Por tanto, puede ser un final difícil para aquellos que esperaban una conclusión, una moraleja o un final feliz de la primera historia.


Sin embargo, David Lynch retomaría la historia de los habitantes de "Twin Peaks" en la película "Twin Peaks: Fuego camina conmigo" (1992) para volver a darnos un tercer punto de vista sobre la película, entroncado ligeramente con la historia onírica (de hecho la película comienza con una secuencia absolutamente demencial de David Bowie y Chris Isaak) pero más centrado en el relato de la tragedia personal de Laura Palmer, retratando los días previos a su asesinato y clarifica algunas de los flecos de la historia que habían quedado sin explicación al final de la serie.

Sin duda, lo más revelador de la película es precisamente el enfoque realista que David Lynch decide dar a la historia, en el que los pequeños momentos oníricos podrían perfectamente ser fruto de los delirios provocados por la tragedia personal que la joven Laura Palmer está sufriendo en su cuerpo y en su mente. Si en la serie los momentos dramáticos se centraban en personajes corales y Laura era el "misterio" a través del que estos personajes deambulaban, en la película Laura es la protagonista absoluta de la película, y quienes la rodean son espectadores pasivos del drama que está a punto de acontecer.

Podríamos decir, por tanto, que a pesar de ciertos defectos en determinados momentos de la serie, la impresión general es desconcertantemente cautivadora. Esa mezcla de retrato coral, horror, humor surrealista, escenas oníricas, misterio, bosques nocturnos, motoristas, tragedia, bares de carreteras, encanto rural, prostíbulos, mafiosos, detectives, semáforos, búhos, jazz y tarta de manzana... hace que sus defectos pasen desapercibidos y sus virtudes queden en nuestra memoria como el recuerdo de un viejo amigo al que hace muchísimo tiempo que no vemos pero al que seguimos rememorando con enorme cariño.

viernes, 14 de marzo de 2014

Hable villalonés en 10 cómodas lecciones. Lección 6.

Debido al problema del éxodo rural en España, numerosos dialectos se han perdido, se están perdiendo o se perderán en los próximos años.

Villalón de Campos es el pueblo en el que nacieron mis progenitores. He aquí, para la posteridad, algunas de las mejores piezas léxicas de su dialecto local, el 
villalonés.


ir con el pedo en el culo.

1. intr. Expresión vulgar que se utiliza para describir despectivamente a alguien con prisas, acelerado, que provoca nerviosismo en las personas que tienen cerca.

Ej. El hijo minchorro de ca' Candela se estragó de esa piculina con la que salía. Antes iba todo el día con el pedo en el culo y ahora es un rebuja y un albolario.

Por su sonoridad, esta expresión es una de mis favoritas de todo el dialecto villalonés.

La próxima vez que estés pensando en insultar a alguien, acuérdate de lo frágil de esta palabra y contribuye a salvarla, por favor.




jueves, 27 de febrero de 2014

Quince millones de méritos

Black Mirror es una serie de televisión británica que se empezó a emitir en Channel 4 en diciembre de 2012 y que de momento consta de dos temporadas de tres episodios cada una.

El primer episodio es una (nunca mejor dicho) obra de arte que en los treinta últimos segundos pasa de ser un vibrante thriller político/policíaco a una brillante denuncia distópica sobre la alienación del mundo actual.

La serie es magníficamente descrita por su creador, Charlie Brooker, en una entrada de la Wikipedia:  
"Si la tecnología es una droga -y se siente como una droga- entonces, ¿cuales son los efectos secundarios?. Esta área -entre el placer y el malestar- es donde Black Mirror está establecida. El "espejo negro" (black mirror) del título es lo que usted encontrará en cada muro, en cada escritorio, en la palma de cada mano: la pantalla fría y brillante de un televisor, un monitor, un teléfono inteligente."
Sin embargo, es del segundo episodio de la primera temporada ("15 millones de méritos") del que me gustaría resaltar algunas cosas. Lo siguiente son SPOILERS.

Ya desde su título es una pieza ambigua, difícil de digerir, en la que se exige al espectador un esfuerzo para entender lo que está pasando. ¿Quiénes son esos jóvenes que solo salen de sus celdas recubiertas por paneles de televisión para pedalear en unas extrañas bicicletas? Se insinúa que las bicicletas son para producir energía, pero, ¿para qué se utiliza esa energía? ¿Por qué en todo el episodio solo aparece gente joven? ¿Quiénes dirigen el mundo en la sociedad que se nos muestra?

A medida que transcurre el episodio, algunas de las piezas se van encajando, y de la extrañeza inicial pasamos al estupor, y de ahí a la indignación, para finalmente caer en un profundo estadio de rabia y abatimiento. Sin embargo, algunas de las cuestiones arriba mencionadas no terminan de ser aclaradas.

¿O sí lo son?



En el último plano, el protagonista aparece pensativo, ¿derrotado?, observando a través de la pantalla un hermoso paisaje y un cielo azul por el que vuelan unos pájaros.

¿Ha sido nuestro protagonista comprado por un apartamento mejor, con vistas al exterior... o ni siquiera eso? ¿Tal vez las ventanas (que no se pueden abrir) no sean tales, sino más pantallas de televisión (con más definición que las de su celda anterior, pero pantallas al fin y al cabo? ¿Sigue siendo un prisionero, encerrado esta vez en una jaula de oro?

La ambigüedad con la que juega la serie con este último plano es magnífica, pero como aficionado a la ciencia ficción dura, el penúltimo plano me resulta incluso más interesante:



Vemos al protagonista desde el otro punto de vista. Si las ventanas resultan ser tales, por primera y única vez, la cámara se sitúa en el "exterior" del mundo. Y lo único que apreciamos de ese "exterior" es lo poco que se refleja en el cristal. 

¿Y qué parece?

Un vasto espacio negro. La línea del horizonte de un planeta azul. Y un pequeño punto grisáceo (¿un satélite artificial?) que se mueve frente a la mirada perdida y ciega del muchacho. 

Reconozco que es una hipótesis descabellada, sin duda sugerida por mi bagage como lector de ciencia ficción "dura", pero la mejor explicación que se me ocurre para el "mundo" que vemos en el capítulo (un mundo cerrado donde las personas viven en pequeños habitáculos, donde se crean distracciones para mantenerles ocupados, pedaleando para generar una energía que no sabemos a qué se destina) es la de que viven en una nave colonia, tal vez orbitando alrededor de una Tierra que ha dejado de ser habitable. 

Ridícula o no, es una ambigüedad que se suma a las incógnitas y a las preguntas que el episodio plantea en la mente de los espectadores. Y como gran obra de arte, es lo suficientemente valiente como para no intentar dar ninguna solución y dejar que sea el espectador quien tenga que hacer un esfuerzo para rellenar los huecos y construir sus propias respuestas.