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miércoles, 17 de septiembre de 2008

África

Freedom is just another word for nothing left to lose,
Nothing don't mean nothing honey if it ain't free.


Janis Joplin




* * *


Ya han pasado un par semanas desde que volvimos de Sudáfrica. Unas semanas en las que aún no me ha dado tiempo a descansar de viajes y en las que me he ido a Galicia y a Asturias, y apenas he tenido tiempo para mí mismo y para pensar.

En un artículo anterior hablaba sobre la relatividad del tiempo; un tiempo que parecía estirarse a medida que éramos bombardeados por sensaciones nuevas y fascinantes. Ahora, sin embargo, tengo que hablar de lo contrario: de cuando el tiempo se acorta por la rutina de una vuelta al trabajo que se clava en los recuerdos de Sudáfrica como un cuchillo por la espalda.

Tiempo para pensar, decía. Tiempo para perder pensando. No hay nada más barato y, al mismo tiempo, nada más caro. ¿Acaso tú, que vives en esta sociedad moderna y tecnificada te quitas un segundo los auriculares del oído para impedir que el ruido blanco en el que se ha convertido tu música te convierta en un zombie? Si la respuesta es afirmativa, entonces probablemente lo hagas para coger la última novela de pseudo historia que has comprado en la librería pensando en anestesiar tu cerebro mientras el rítmico traqueteo del metro/tren/autobús/coche te arropa y arrulla en tu voluntaria desidia vital.

No. Me niego. Ya he pasado por esto, y no quiero volver a ser un cerebro conectado en un caldo de cultivo llamado “sociedad”. Quiero volver a ser libre, y volver a sentirme vivo.

Durante unas semanas, en Sudáfrica, lo conseguí. Y gracias a eso, nada volverá a ser lo mismo.

* * *


Debo reconocer que los dos primero días en Sudáfrica resultaron un tanto decepcionantes. Johannesburgo resultó ser una ciudad realmente fea y gris, especialmente su centro urbano. La urbe adquiere algo más de color a medida que vas saliendo hacia Soweto -una antigua ciudad, ahora adherida a Joburg y convertida en un barrio de ésta-. Un color duro y violento, un color de tierra y chapa, de ladrillo rojo y cimientos macilentos. El color de la supervivencia en una tierra bella a la vez que ingrata.


La visita al museo del Apartheid empezó a interesar a mi mente, dormida un poco hasta entonces por la apatía de una visita que nos había llevado por un par de iglesias y un centro comercial, y nos había permitido conocer a los primeros nativos.

La historia del Apartheid nos permite comprender a un pueblo sumiso y solícito con el blanco, excepto cuando el alcohol hace que la rabia venza a la costumbre (por eso no es recomendable ir a los bares locales). Un sistema político que desapareció en 1994, con lo que en la práctica el pueblo negro lleva apenas 14 años liberado de una servidumbre tácita.

Johannesburgo resultó, por tanto, una ciudad interesante pero decepcionante a la vez, si tal cosa es posible. Pero todo cambió cuando llegamos a la misión. Y me di cuenta de ello gracias a las arañas.

La llegada a la misión se produjo un lunes por la noche, después de un viaje que se alargó más horas de las previstas. Allí, agotados, recibimos al fin la bienvenida de los perros que guardan la misión y de los misioneros filipinos, en ese orden. Efectivamente, así fue como conocimos a Edgar y a Aldrin. La música que sonaba era The Final Countdown de Europe en una radio local. Supongo que Rafa (nuestro cicerone en Sudáfrica) nos enseñaría la misión esa misma noche. Pero la verdad es que solo recuerdo los escorpiones y las arañas que encontramos en el baño. Cuando acepté la idea de ir a Sudáfrica, solo hice una pregunta: “¿Hay arañas?” Puede parecer una frivolidad, pero les aseguro que mi aracnofobia no es una cosa baladí. No soporto a esos bichos rápidos de ocho patas, y mucho menos si miden más de diez centímetros de diámetro. Pero allí estaban -pese a que me habían jurado que no había- los gigantescos artrópodos.


El día que me di cuenta de que me sentía en casa fue cuando aquellos bichos dejaron de importarme. Cuando decidí que iba a entrar en el baño sin mirar las esquinas de los techos. Cuando utilicé la letrina del suelo y me quedé a gusto. Y el primer día después del trabajo, cuando me duché impaciente y el agua caliente funcionó por primera vez, y cuando, una vez me hube duchado, cogí una cerveza y me senté en el salón a saborearla.

Ese fue el día que me sentí en casa por primera vez allí en Sudáfrica. Y fue al segundo día de estar en la misión. Yo era feliz y me sentía realizado. Por una vez en la vida yo giraba más deprisa que el mundo. Y lo mejor era que no giraba solo; estaba acompañado de buenos amigos y de amigos aún por descubrir.

Mención aparte merecen los tres misioneros con los que convivimos. No me imagino un grupo de personas más dispar y a la vez más complementario.


El tío Rafa proporcionaba la alegría y el arranque despreocupado, con un “Dios proveerá” que al principio nos aterraba pero que terminó por seducirnos. El clímax de esto fue cuando en el Kruger nos quedamos sin habitación por un problema con la reserva: yo no sabía lo que iba a pasar, pero estaba convencido de que esa noche no íbamos a dormir en los coches (y efectivamente, el don de lenguas del tío Rafa nos consiguió unos bungalows en un hotel teóricamente lleno del Kruger). Habrá gente que crea que el que provee es Dios. Yo pienso simplemente que es la fuerza de Rafa: el mundo entero se aparta ante un hombre que sabe adónde va.

Aldrin, por el contrario, es una persona con una personalidad marcada por el sufrimiento, a la que le ha costado volver a sonreír. De hecho, le ha costado tanto que ha decidido que ya nadie le arrebatará la sonrisa de la cara, y la exhibe en todo momento, inundando de buen humor todos los sitios por los que pasa y a todas las personas con las que se encuentra. Es, sin duda, el cura más mundano que he conocido jamás. Y la palabra mundano la utilizo en el término más apreciativo del término.

Edgar proporciona el toque de calma necesario a aquellos dos sacerdotes. Siempre de buen humor, pero con un tempo más sosegado que Aldrin y un temperamento más precavido que el de Rafa.


Si la convivencia con la gente de la misión -no solo con los misioneros, sino también con los demás compañeros- fue increíblemente mejor de lo que esperaba, las pocas palabras que conozco se me quedan cortas para intentar describir lo que fue la convivencia con las madres del comedor y los niños huérfanos y, en general, toda la gente que nos acogió con los brazos abiertos en Justicia. Unas madres que no juegan como nosotros, yuppies de ciudad, a ser caritativos, porque la caridad allí no es una virtud sino una forma de vivir y compartir. Unas mujeres que lo poco que tienen lo ceden con alegría y con una generosidad que hace que se te encoja el corazón.

Y tampoco puedo describir de forma que lo podáis interiorizar lo que te hacían sentir aquellos niños a los que tu llegada a Justicia les dibujaba una sonrisa en la cara, que te tomaban la mano con una naturalidad y un cariño que conseguía derretir en ti ese muro de distanciamiento que casi todos ponemos, consciente o inconscientemente, entre nosotros y los demás.

Qué decir de los atardeceres. Recuerdo el atardecer de la Ventana de Dios como el más espectacular que hayan visto mis ojos, con unos colores que los mejores pintores no han podido ni podrán plasmar jamás en un cuadro. Sudáfrica es, en esencia, un país salvaje en el que la naturaleza se desata con atardeceres delicados y parajes de afilada belleza.


Antes del viaje lo escribía sin saber lo certeras que iban a ser mis palabras:
“[…]Por último, me gustaría presentarme. Me llamo David, tengo 28 años, soy ingeniero informático y consultor. Si me preguntáis por qué me embarco en esta aventura, supongo que porque me parece una inmersión brutal en una cultura completamente ajena a aquella en la que estoy educado. Pienso que nosotros podemos ayudar un poco, pero me da la sensación de que ellos pueden ayudarnos a nosotros mucho más. A conocernos a nosotros mismos, y a poner las cosas en su justa perspectiva.[…]”

No hay falta insistir en el hecho de que lo que nosotros hayamos podido hacer por aquel puñado de niños y mujeres (además del comedor en sí mismo, de proporcionarles un contrapunto cultural a su habitual rutina, y de inyectarles un chute de auto-motivación), es evidentemente una nimiedad en comparación con lo que ellos han hecho por nosotros. Aparte de lo obvio, que ya intuía en la carta del 9 de junio, la realidad es que el viaje me hizo feliz. Me encanta esta palabra, porque no estoy acostumbrado a escribirla, y descubro en su caligrafía una belleza que se me había escapado hasta ahora. Estoy acostumbrado a estar contento o satisfecho, pero ¿feliz? Ahora lo estoy, gracias a Sudáfrica, gracias a las personas que encontré allí, gracias a las personas con las que fui, gracias a los misioneros que nos acompañaron, y sobre todo, gracias a la persona sin la cual el viaje no hubiese existido: Paz. Desde aquí, pese a todo lo que ha pasado o pueda pasar entre nosotros, GRACIAS. Un gran amigo me preguntaba hace poco en un comentario de este blog si tal vez éste había sido el viaje de mi vida. La respuesta es rotunda y afirmativa: estoy convencido de que es así. E, insisto, todo ha sido posible gracias a tu generosidad.

El final del viaje, con el safari a pie por el Kruger o la visita relámpago a las playas mozambiqueñas, no fue mas que el colofón a una experiencia alucinante que ni siquiera 5.000 fotos pueden dar una idea aproximada de qué fue aquello que vivimos. La vida son algo más que palabras e imágenes; la vida son sensaciones, y éstas solo son comprensibles cuando las vivimos en nuestra propia piel.


Por eso este artículo termina aquí, aún a sabiendas de que es una obra inacabada que el lector encontrará insatisfactoria. Y me rindo, porque soy incapaz de decir por qué tenía ganas de abrazar a Juan o por qué disfrutaba con los gritos de Leonor, o por qué estuve llorando cuando todos se fueron a misa el último día y yo me quedé solo en la misión, recorriéndola por última vez, intentando fijar en mis humedecidas retinas los lugares a los que el destino nos había llevado en ese verano de 2008.

Como dice el poeta, la distancia más corta entre dos personas es una sonrisa. Yo quiero ofrecerte la mía, porque en su forma encontrarás, tal vez, la respuesta a por qué voy a volver a Sudáfrica cueste lo que cueste.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Dejad de leerme

Bromas aparte, toda persona que se considere inteligente debería sustituir mi feed RSS por el de Javier Malonda (http://feeds.feedburner.com/esdlv).

Leyéndolo, sientes cómo la verdad de Javier se te desparrama por encima. No sé si en un acto de onanismo supremo del que nos hace partícipes, o en un gesto de generosidad sublime.

Decidan ustedes. Pero decidan ya.

(1) http://www.elsentidodelavida.net/el-colapso-de-la-realidad

(2) http://www.elsentidodelavida.net/la-estructura-de-la-magia

(3) http://www.elsentidodelavida.net/un-mundo-dentro-de-otro

domingo, 14 de septiembre de 2008

El baile de la esvástica humana - Sudáfrica IV

A continuación les presento un vídeo inédito de Sudáfrica, en el que un energúmeno (con un curioso y fortuito parecido a mí) intenta ahogar a unos conguitos, luego hace el paso de baile del robot, continúa con una esvástica humana, y finaliza con un Saturday Night Fever apoteósico.

Impactante. Impresionante. Lamentable.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Un trozo de terruño en el exilio

En Madrid. El 24 de septiembre el Real Sporting de Gijón vuelve a la capital de España para disputar un partido de Primera División. Aunque el fútbol no me entusiasma, mal se tiene que dar para que no esté en las gradas del Santiago Bernabéu.

Y en el próximo capítulo: Galicia y el sexo.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Dejad de quererme

"Deux jours a tuer" en el original francés, es una cinta de Jean Becker en la que el protagonista, Antoine, es un padre de familia y empresario de éxito que, de repente, comienza a replantearse toda su vida.

Atención, a partir de aquí esta crítica contiene SPOILERS (no leas si no quieres conocer información relevante de la película):

En una memorable secuencia en la que se mujer comienza a echarle en cara una aparente infidelidad con otra mujer, Antoine explota ante las exigencias de una explicación por parte de Cécile. Tras un par de irónicos "Pour quoi?", Antoine suelta el discurso existencialista más creíble y desazonador que he visto en una película en mucho tiempo.


Otra escena genial es la que se desarrolla durante la cena de cumpleaños de Antoine, en la que éste, en un tono cada vez más provocador y agresivo, desnuda la auténtica e hipócrita personalidad de todos y cada uno de sus amigos (o como él los llama, "como mucho conocidos"). La película explora lo que pasaría si alguien, de repente, se convirtiese en una persona brutalmente honesta: sin duda le partirían la cara.

En un tour de force, Antoine abandona a su mujer y a sus hijos y se embarca en un viaje vital en busca de sí mismo y de sus raíces. Un viaje en busca del amor y de la trascendencia, en un mundo en el que el amor escasea y la trascendencia es solo un sueño.

En definitiva, una película muy recomendable que, a pesar de un final un tanto pastelero y previsible, sostiene un discurso que no es frecuente escuchar en el cine contemporáneo.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Algunas fotos - Sudáfrica III

Estoy un tanto desganado con el tema de postear, y esto merecería un artículo más amplio y comentado, pero veo que como espere a tener ganas os vais a quedar sin ver ninguna foto, así que os vinculo algunas que subí el otro día para que tengáis una primera toma de contacto con algunos aspectos del viaje.

Pinchad en la foto de abajo:
Sudáfrica

Gake no ue no Ponyo

Éste es el título de la última película del incombustible Hayao Miyazaki, que aunque había amenazado con retirarse tras "La princesa Mononoke", parece que sigue teniendo mecha para rato ("El viaje de Chihiro", "El castillo ambulante de Howl").

Gake no Ue no Ponyo tiene como protagonistas a un niño de 5 años llamado Sosuke y a Ponyo, la princesa de los peces de colores, que quiere convertirse en humana. Acaba de estrenarse con bastante éxito en algún festival de cine europeo de los que suelen pulular en el estío europeo.


La crítica de Kirai.

jueves, 28 de agosto de 2008

Relatividad - Sudáfrica II

La paradoja de los gemelos (o paradoja de los relojes) es un experimento mental que analiza la distinta percepción del tiempo entre dos observadores con diferentes estados de movimiento.

Esta paradoja fue propuesta por Einstein al desarrollar lo que hoy se conoce como la relatividad especial. Dicha teoría postula que la medida del tiempo no es absoluta, y que, dados dos observadores, el tiempo medido entre dos eventos por estos observadores, en general, no coincide, sino que la diferente medida de tiempos depende del estado de movimiento relativo entre ellos. Así, en la teoría de la relatividad, las medidas de tiempo y espacio son relativas, y no absolutas, ya que dependen del estado de movimiento del observador.

El transcurrir del tiempo es otra de las cosas difícilmente cuantificables que nos ha sucedido en Sudáfrica. Apenas hemos estado tres semanas, pero han parecido tres meses. El truco de la inmortalidad reside en el número de cosas que observas o haces por minuto, y en Sudáfrica la frecuencia era vertiginosa. No había horas muertas; ni siquiera había minutos moribundos. En su lugar había un millón de cosas que hacer y un millón de cosas que observar, consciente o inconscientemente.

El viaje ha sido una explosión de novedades dirigidas a todos nuestros sentidos, aunque en muchas ocasiones no lo percibiésemos conscientemente. El eco que producen las paredes de ploricloruro de vinilo de nuestras oficinas no existe allí. Los matices de luz absorbidos por el polvo africano parían diariamente atardeceres de una belleza inimaginable. El tacto de la tierra transformada casi en arena por los años de erosión, o el simple acto de tomar la comida con las manos, que nos hacía comulgar con ella, y cambiaba el sabor del arroz y del pollo, el sabor de las espinacas y el poorridge, de forma que se combinaban en una armonía de sabores que resonaba en la orgía de sensaciones a la misma frecuencia que el latir del universo.

Está demostrado que el tiempo psicológico transcurre de forma diferente en un niño que en un adulto. La explicación habitual es que el niño está bombardeado continuamente por sensaciones nuevas y educadoras, mientras que el adulto ha aprendido a filtrar aquellas que no le aportan valor y a quedarse solamente con las pocas que sirven a sus propósitos.

En Sudáfrica volvimos a ser niños. Aprendimos de nuevo el secreto de la inmortalidad. Y aunque cada día que pase en mi trabajo de consultor aleje ese secreto de mí una vez más, espero que un pequeño residuo de ese arcano permanezca en todos nosotros, para que siempre podamos seguir mirándole a la vida con los ojos inquisitivos de ese niño que todos llevamos dentro pero al que casi nunca dejamos salir.

martes, 26 de agosto de 2008

De vuelta a... ¿casa? - Sudáfrica I

A veces me enfrento a la necesidad de escribir un post informativo, que no sé cómo voy a empezar. Es en esos momentos en los que cualquier hebra de pensamiento puede darme la clave de cómo plantear o de cómo iniciar el artículo.

En este caso, solo tenía claro el título, pero al escribir la palabra "casa", la he tenido que poner entre interrogaciones. Porque, ¿cuál es verdaderamente mi casa? ¿A partir de qué momento se le puede comenzar a llamar a algo "casa"? En Sudáfrica han pasado muchas cosas, pero una de ellas es que me he encontrado como en casa a partir del segundo día en la misión de Waterval. No podría haber imaginado cuando llegué que esa letrina en el suelo, que esa ducha sin mamparas o que ese lavabo lleno de arañas pudiese considerarlo parte de mi casa, pero así ha sido.

Ayer llegué a casa y cuando vi mi habitación reconocía individualmente cada una de las cosas que allí había como mía, pero no en su conjunto. Aquello no era mi casa; Waterval sí.

Es una situación psicológica, lo sé, pero quería plasmarla en este artículo porque también es efímera, y no quiero que se pierda. Porque es un síntoma muy paradigmático de lo feliz que me he sentido en este viaje.

Sí, durante tres semanas me he sentido muy feliz. Más feliz y más pleno de lo que recuerdo haberme sentido en mucho tiempo. Una felicidad que probablemente también sea efímera, y que no tenga tanto que ver con el destino del viaje como con el viaje en sí.

Muchos de vosotros, cuando leéis este blog, no entendéis las cosas que quiero transmitir, porque es mi propia alma la que intento plasmar, y ese alma solo la conozco yo y, tal vez, otra persona. Probablemente algo parecido pasará con este post. Os resultará incomprensible, y con razón. En esas ocasiones, por favor, pensad que estoy escribiendo más para mí mismo que para vosotros, e intentad ser benévolos conmigo.

He vuelto de Sudáfrica y estoy más que bien. Sigo siendo ateo :)

Y estoy feliz.

miércoles, 20 de agosto de 2008

The Big 5

Ése es el nombre con el que tradicionalmente se ha denominado a los 5 animales más difíciles de cazar a pie.

Todos ellos nos estarán esperando en el Kruger National Park, una de las reservas naturales más grandes y bellas del mundo.


Hoy puede ser el día que muchos de vosotros estábais esperando, cabrones: el día en el que gane un Darwin Award gracias a una muerte estúpida a manos (o garras) de un león :)

martes, 12 de agosto de 2008

Tú a Hollywood y yo a Moratilla

El viernes 25 de julio (fiesta en Madrid) me invitaron a ir a Moratilla de Meleros, en la provincia de Guadalajara, a un festival de arte contemporáneo sobre el cine de Hollywood como elemento generador de cultura y sueños.

El evento en principio pintaba fatal; lo organizaba la hermana de una amiga y vendían chapas y camisetas con el dibujo al revés para patrocinarlo, con lo que las dudas eran más que justificables.

Sin embargo, el resultado fue divertidísimo y muy original, y me lo pasé fenomenal. Os explico por qué.

En primer lugar, la chorrada de que el pueblo se estaba hermanando con Hollywood no era más que eso, una excusa, aunque fuese el gancho para que la iniciativa del festival llegase a muchos más medios de comunicación (salió en "El cine de lo que yo te diga" y en Antena3 por ejemplo).


En segundo lugar, era más una crítica contra el sistema hollywoodiense de exportación de cultura y creación de mitos que lo contrario, como yo me temía.

En tercer lugar, el evento estaba organizado por "artistas contemporáneos" (le pongo las comillas porque en realidad son estudiantes recién licenciados de Historia del Arte, lo cual por otra parte no le quita demasiados atractivos a la exposición). Con lo cual más que hablar de cine se saborearon las obras de los organizadores. Lo cual es bueno: prefiero que un artista conceptual me hable de arte contemporáneo que de historia del cine, aunque me guste más el cine que el arte contemporáneo.

En cuarto lugar, aunque el arte contemporáneo no me gusta por lo general, había obras bastante interesantes o, al menos, divertidas. En muchos casos no lo llamaría tanto arte como "juegos". Por ejemplo, el Medvedkin 2.0 (básicamente se trataba de una cámara ante la cual todo el pueblo podía pasar y decir lo que le diese la gana sin censuras). Una versión más divertida era el "pregonero", que consistía en una urna en la que todo el pueblo podía introducir un mensaje que sería leído al día siguiente sin censuras. He de decir que mi mensaje buscando novia y dando mi número de teléfono no tuvo mucho éxito :) Otra obra era la "Black box", en la que se hace una reflexión sobre la violencia y la censura bastante interesante. O el stand de las "Broken Dolls", sobre los mitos vivos que Hollywood se ha encargado de crear a costa de las personas que encarnaban esos mitos.

Pero sin duda, lo más interesante de todo fue el hecho de organizar una exposición de arte contemporáneo en las calles de un pueblo de menos de 100 habitantes. El choque cultural, como era de prever, fue brutal, aunque lo más sorprendente sin duda es que los que parecían más interesados en los trabajos artísticos eran los ancianos; mucho más desde luego que los jóvenes del pueblo. Era divertidísimo ver a un abuelito octogenario aplaudiendo la exposición de Jannet, o diciéndole a Vito lo bien que había explicado su obra de arte.

Por la noche hubo cine al aire libre, donde pudimos ver "Big Fish", después de lo cual nos volvimos a casa en coche a través de carreteras mal asfaltadas. La experiencia me recordó un poquito al "Rolling Roadshow Tour" de Sergio Leone y al pueblecito "Los Albaricoques". La sensación de extrañamiento era similar ante el choque generacional y cultural que allí se estaba produciendo.

Mi enhorabuena por tanto a los organizadores que, me consta, han sacado adelante este proyecto con su propio dinero y a costa de su esfuerzo y tenacidad.

martes, 5 de agosto de 2008

La ventana de Dios

Es el nombre que tiene una zona de Sudáfrica en la que, debido al movimiento de las placas tectónicas, se está formando lo que se ha denominado el "Rift Valley africano", y el resultado es algo parecido a esto:


Si Dios quiere :) estaré por ahí hoy mismo.

Nota: la verdad es que lo del Rift Valley me lo he medio inventado, pero tendría que estar por esa zona, más o menos. Tendría que desempolvar mis viejos libros de geografía y aquel pequeñito que nos hicieron estudiar de Alfred Wegener. ¿Alguien se acuerda de eso?

domingo, 3 de agosto de 2008

Atrapa el fuego

Película de 2006, "Atrapa el fuego" cuenta la historia de Patrick Chamusso, trabajador de las minas de carbón de Sudáfrica, que se convierte en un terrorista miembro del Congreso Nacional Africano después de que el gobierno sudafricano le torture a él y a su mujer y asesine a uno de sus compañeros, tras acusarles injustamente de un atentado en la refinería donde Chamusso trabaja.

El film no es gran cosa, un thriller entretenido enmarcado en los años del apartheid en Sudáfrica. La película no profundiza en las cuestiones del apartheid como pueda hacerlo "Grita libertad" y presupone ciertos conocimientos del espectador, pero es más interesante que la otra cinta en ciertos aspectos, sobre todo los relacionados con la desestructuración de la familia negra como consecuencia del desplazamiento de los hombres a las zonas donde hay trabajo. En este sentido la película se aprovecha de que el punto de vista desde el que está narrada es básicamente negro (aunque intenta acercarse también -con poco éxito- al punto de vista del policía interpretado por Tim Robbins), mientras que en la cinta de Richard Attenborough los protagonistas principales eran el periodista Donald Woods y su familia blanca.

Por tanto esta perspectiva, decía, enriquece en ciertos aspectos la película de Phillip Noyce, aunque no deja de ser una obra un tanto irregular y panfletaria, que no dota al espectador de las claves mínimas para que éste pueda decidir por sí mismo si Patrick Chamusso es un héroe o un terrorista.

Probablemente fuese ambas cosas.


Por desgracia vivimos en un mundo en el que la palabra "terrorista" ha perdido su significado, y nos resulta obsceno imaginar algún tipo de terrorismo justificable. O cuando lo es, los llamamos "guerrilleros". Vivimos en un mundo en el que las palabras se politizan y los significados se disuelven bajo el ruido blanco de los mass media.

Sí. Probablemente Patrick Chamusso fuese tanto un héroe como un terrorista. Ahora vive en una casa donde tiene acogidos a una veintena de niños huérfanos del SIDA, la tercera gran plaga que ha asolado el África negra, junto a la esclavitud y la corrupción.

Chamusso, Biko, Mandela... Pequeños destellos de esperanza en un África que se merece mucho más. África no será libre hasta que los africanos no se liberen de sus propias cadenas.

África por medio de África.

Hoy está previsto que visitemos Johannesburgo. Intentaremos evitar los barrios más conflictivos de la que está considerada una de las ciudades más peligrosa del mundo.

viernes, 1 de agosto de 2008

Seguimos en contacto

Hola a todos.

En unas 17 horas cogo el avión con rumbo a Johannesburgo (previa escala en el Charles de Gaull; espero que no perdamos la escala como cuando fuimos a Nueva York).

De algunos me he despedido y de otros no me ha dado tiempo. Como siempre, la última semana de trabajo antes de las vacaciones suele ser un jaleo, aunque esta vez -al menos en mi caso- ha sido menos agobiante de lo que esperaba. Ayer se lanzó la malla de carga en Endesa y la ley de Murphy, por una vez en la vida, se equivocó. Cuando esta mañana he llegado a Endesa, asumiendo que iba a estar enmarronado hasta las cejas el último día de trabajo, me he encontrado con que todo había ido bien y que tenía tiempo para tomarme un café de despedida con nuestra usuaria (¡Chema, me ha confesado que tiene 30 años!).

En la oficina he estado ayudando a Javi Díaz con la depuración de otra malla de carga, pero todo más o menos tranquilo. Ayer me estresé más porque pensé que me estaba poniendo malo, pero con suerte todo puede quedarse en un susto y en el cansancio que llevo acumulado desde mis últimos días de descanso, allá por diciembre.

Así que no os voy a ver hasta, como mínimo, el 26 de agosto, pero podréis leerme a través de este espacio que es mi blog, ya que he ido planificando algunos pocos artículos a lo largo del mes de agosto.

Un abrazo muy fuerte y hasta la vuelta.

domingo, 27 de julio de 2008

In & Out

Leído en elmundo.es:
MADRID.- Activistas de la organización ecologista Greenpeace han conseguido desplegar una pancarta en la sede de Endesa en Madrid para pedir a esta empresa que abandone sus planes de construir cinco grandes presas en la Patagonia chilena.

La acción sorpresa de Greenpeace se ha producido a las siete de la mañana del lunes, cuando un grupo de escaladores de la organización ecologista descolgaron la pancarta.

El cartel tiene el formato de una carta y en él se puede leer: "Buenos días Endesa, si de verdad te preocupa el futuro de los hijos de tus hijos no destruyas la Patagonia. Atentamente, Greenpeace".

Con este mismo eslogan, y realizando un vídeo de contrapublicidad, los ecologistas replican a la campaña publicitaria de Endesa en la que la compañía dice que "tienen la obligación de reinventarlo todo, por el futuro de los hijos de tus hijos".

Out (Foto:Manuel H. de León | EFE)

Los ecologistas replican así Greenpeace protesta de esta forma contra el proyecto HidroAysén, del que es socia mayoritaria Endesa, que pretende construir cinco grandes presas hidroeléctricas en la Patagonia chilena.

Estos proyectos se asentarían, según los datos de Greenpeace, sobre los ríos Baker y Pascua, ambos completamente vírgenes, inundando miles de hectáreas de parajes de gran valor ecológico.

El consumo de energía se produce fundamentalmente en el norte de Chile, razón por la cual esta red de presas debe complementarse con la construcción de una red eléctrica de alta tensión que atravesaría el país de norte a sur.

"De llevarse a cabo, estos proyectos serían sólo los primeros de una serie de presas que inundarían la Patagonia chilena dañándola de forma irreversible", ha declarado Rodrigo Herrera, director de Greenpeace en Chile.

A pesar de que el proyecto se vende como una iniciativa para generar energía para el pueblo chileno, lo cierto es que el mayor crecimiento proyectado de la demanda eléctrica se utilizaría por la minería, y más en concreto para alimentar con energía a los grandes nuevos proyectos de las multinacionales mineras, como el controvertido Pascua Lama, informa Greenpeace.

"Hemos venido a España a pedirle a Endesa, una vez más, que no destruya la Patagonia. Ellos han dicho que en julio presentarán los estudios para las represas y en 2009 entregarán los informes para la línea de transmisión", explica Herrera, quien ha agregado que "no tiene sentido seguir con este proyecto".

Con el fin de defender el espacio natural y los recursos naturales, se ha formado en Chile una coalición de organizaciones y ciudadanos bajo el nombre de Patagonia Chilena sin Represas. El objetivo de este grupo es hacer frente a la demanda eléctrica del país sin tener que destruir la Patagonia.

In (Foto:David Arias | Freelance :))

miércoles, 23 de julio de 2008

La SS

Después de que me dieran la brasa durante días, ayer me vacuné de la hepatitis A. Una enfermedad que se contagia por el agua y los alimentos, a diferencia de la hepatitis B, que es más grave pero el vector de contagio es exclusivamente sanguíneo y sexual.

Como sexo creo que voy a tener poco, y si acaso con europeas, creo que no me va a hacer falta la segunda vacuna.

Lunes, 19:40 - Centro de Salud de Chamberí. Acompaño a Paz y aprovecho para intentar hacerme el traslado temporal a Madrid (sí, aún estoy en Asturias... ni siquiera estoy empadronado). Me lo deniegan y me dicen que me vaya al Centro de Salud más cercano del Barrio del Pilar. Me dicen que el horario es el mismo que allí (09:00 - 19:30).

Martes, 08:30 - Centro de Salud de Ciudad Periodistas
. El más cercano a mi casa según Google Maps, y previsiblemente menos colapsado que el del Barrio de Pilar. A diferencia de lo que me habían dicho en Chamberí, abren a las 08:00. Después de quince minutos consigo que me hagan el traslado temporal, mintiendo sobre la duración de mi estancia en Madrid. Poniendo cara de perro degollado consigo que me dé cita para las 15:33 de ese mismo día.

Martes, 15:35. Entro en la consulta del médico que me han asignado y le cuento que me voy a Sudáfrica y que necesitaría que me pusiesen las vacunas de la hepatitis A y B y que me recetase Malarone para la malaria. Empiezan los problemas. Me cuenta que necesita un papel del Centro de Vacunaciones Internacionales. Le cuento que de mis 10 compañeros a nadie le han pedido absolutamente nada, y a todos les han vacunado en el momento. Me dice que allí no hay vacunas, así que me extiende una receta para que la compre en la farmacia... Pero que necesita pasar por Inspección Médica, y que es un trámite que tarda 3 ó 4 días. Le digo que no me puedo poner en el lunes, porque me voy el sábado siguiente, y las vacunas tardan un tiempo en hacer efecto. Llega otro médico y me dice que lo intente en la farmacia sin el sello de Inspección Médica. Me resigno y me voy a la farmacia.

Martes, 15:50 - Farmacia. Entro en la farmacia que hay al lado del hospital, y la farmacéutica me confirma que necestia que pase por Inspección Médica, pero descubro que todo es una cuestión de pasta. Me dice que lo que sí puede hacer es venderme la vacuna pero cobrándome todo el dinero, y que cuando tenga la receta con el sello de inspección médica, me pase por la farmacia y me reembolsa la diferencia. Suspiro aliviado y le digo que sí, que me la llevo. La farmacética me avisa que no tenga expuesta la vacuna mucho tiempo a la temperatura ambiente, que si van a tardar en inyectármela que me la guarden en una nevera.

Martes, 16:00 - Centro de Salud de Ciudad Periodistas. Llego a administración y pido cita para el practicante. NO HAY ENFERMERA POR LA TARDE, me dicen. Luego averigüé que la enfermera del turno de tarde está de vacaciones. Me pongo pesado y les digo que la farmacéutica me ha dicho que si no me la pueden poner, que por favor me la guarden en una nevera. Ante esta amenaza velada llaman a las enfermeras que están en la sala de curas y me dice que vaya para allí, que ya me llamarán.


Martes, 16:25. Después de estar esperando un buen rato, decido coger por banda a una de las enfermeras que sale de allí. Enfermera hijaputa y asquerosa que se pone borde y me dice que ajo y agua, que coja cita y me la pongan mañana. Me dice que en cualquier caso hable con su compañera, que ella está "haciendo cosas".

Martes, 16:30. Cuando estoy a punto de irme, su compañera abre la puerta, ve que de todos los que estamos allí no hay nadie con cita previa, y me dice que entre. Me echa un poco la bronca en plan paternalista pero me pone la vacuna. Le digo que no tire el envase, que lo necesito para justificar el reembolso en la farmacia. Su compañera lo tira, y cuando se da cuenta se ponen las dos a meter las manos en el frasco de las jeringuillas usadas (sic). Finalmente dan con mi envase y me voy con ello.

Martes, 16:35
. Voy a la consulta del médico, porque recuerdo que la farmacéutica me ha dicho que en Inspección Médica necesitan una nota del doctor, justificando la necesidad de la vacuna. Me cuelo en la consulta del médico y se lo digo. El médico, que parece Benny Hill de tantos paseos que se da de un sitio para otro, también es superlento escribiendo y tiene unas gafas de culo de botella. Atención, abre una plantilla para hacerme el justificante a mí, y después de 5 minutos escribiendo (¡2 líneas!), la cierra y abre otra plantilla para quedarse él con una copia... ¡y vuelve a escribir exactamente lo mismo! ¡Otros 5 minutos! La gente que estaba en la sala de espera super mosqueada, pero yo conseguí mi papel.

Martes, 16:45. En Administración temo que me pongan problemas, porque son las mismas personas que llamaron por teléfono a las enfermeras de la sala de curas para que me pusiesen la vacuna. Pero no, les digo que lo dejo para Inspección Médica y no me plantean ningún problema. Con un "hasta luego" me voy de allí y pillo el metro para dirigirme a las oficinas de Neo Metrics en Mar de Cristal, a un curso de Gestión de Proyectos que debería haber empezado a las cuatro y media.

La Seguridad Social funciona mal, pero... ¡estoy vacunado! :)

martes, 22 de julio de 2008

Sobre "Tropas del espacio", y un breve apunte melancólico sobre Usenet

Copypasteo directamente de cYbErDaRk.net:

Objeto de controversia desde su aparición en 1959, Starship Troopers (hoy devuelta a la actualidad por la espectacular película de Paul Verhoeven), es una obra básica en la historia de la ciencia ficción. Aunque muchos la consideran un simple panfleto militarista, otros han querido ver en ella una crítica soterrada a ese mismo militarismo.


Starship Troopers narra la formación de un soldado espacial y su aceptación final del darwinismo social en un proceso que implica la justificación del militarismo, del liberalismo más exacerbado y de un sistema político escasamente democrático en el cual sólo los veteranos, libres ya de un servicio militar que dura dos años, tienen derecho al voto y son considerados ciudadanos de pleno derecho. Robert A. Heinlein es el autor más emblemático de la ciencia ficción norteamericana, cuatro veces ganador del premio Hugo y primer Gran Maestro Nebula, galardón concedido al trabajo de toda una vida dedicada a la ciencia ficción.


Una última reflexión: a veces añoro los momentos que pasaba leyendo las news de es.rec.ficcion.misc (erfm), en mi opinión el mejor grupo de noticias de todo el Usenet hispanoparlante (a lo que se le llamó el Internet para pobres), y donde me he encontrado algunas de las mentes más inquisitivas de la red: Cris, diaspar, Anraman, Dr. Slump, Kalsbad, etc. ¿Qué habrá sido de ellos? ¿Aún seguirán discutiendo ad infinitum sobre ciencia, ficción, sistemas político-económicos, the Pila, netiqueta, cienciaficcina, filología, literatura de género...?

Algún día, Da5id (aka Poole), volverá...

domingo, 20 de julio de 2008

Trailer de WATCHMEN

El martes publicaré un breve artículo en el que hago un apunte melancólico sobre los grupos de Usenet, y concretamente sobre es.rec.ficcion.misc. Googleando por dicho grupo, me encuentro con que la nueva aventura de la que hablaba hace tiempo ya está aquí. El trailer de WATCHMEN ante ustedes:


WHO WATCH THE WATCHMEN?

sábado, 19 de julio de 2008

Endesa por dentro

...durante la asamblea de accionistas de junio de 2008.


En homenaje a mis compañeros de Endesa: a Séverine, a Leticia y sobre todo a Chema, que hoy se ha despedido, ya que el proyecto está a punto de terminar.

sábado, 12 de julio de 2008

Rolling Roadshow Tour: Leone edition

Aunque ha pasado casi un mes del evento, este post era una deuda pendiente con el cine, con la historia y conmigo mismo.

Con el cine: porque desde que comencé a trabajar en Madrid, he descuidado mucho mi cinefilia. Las cuatro o cinco películas semanalas que podía verme en Gijón se han reducido a una o dos al mes... y gracias. El horario y el cansancio hacen que me resulte mucho más cómodo verme un capítulo de Lost, Padre de familia, Héroes o Dexter que una película de dos horas.

Con la historia: porque la trilogía del dólar supone mucho más que la invención del spaguetti western como género en sí mismo. Supone una generación nueva de autores con una forma distinta de ver el cine. Y con la historia de Almería como meca del cine barato: sin Almería algunas películas (Conan, Patton, la trilogía del dólar...) no serían iguales. Y sin las películas no existiría el mini Hollywood de Tabernas, o un pueblecito llamado "Dólar". Ni uno de los pocos atractivos que existen para visitar una tierra devastada por el sol y la desertización como es Almería.


Conmigo mismo: porque esta aventura locura se enmarca dentro de mi redescubierto existencialismo vital por conocer nuevos sitios y gentes y explotar al máximo mis años buenos, en los que tengo dinero y libertad, y lo único que echo en falta es un poco más de tiempo. Las vacas flacas ya vendrán.

Ésta es una historia rara, de forma que lo mejor será empezar desde el principio.

La existencia de este evento la conocí (como no podía ser de otra manera) a través del blog de Nacho Vigalondo. Había ido a presentar "Los cronocrímenes" al festival de cine fantástico de Austin (Texas), cuyo director es el creador de Ain't It Cool News, y del que a la postre resultaría ganador, y supondría todo un impulso para que su cinta llegase a más gente y terminase vendiendo los derechos del remake a la productora de Tom Cruise.

Pero no nos desviemos. Las películas del festival se proyectaban en los cines Alamo Drafthouse, que básicamente tienen dos peculiaridades: es un cine restaurante en el que puedes cenar tranquilamente, y si alguien molesta demasiado haciendo ruido se le invita amablemente a que busque la salida, preferible pero no necesariamente por sí mismo.

La otra peculiaridad es que todos los años organizan un gran evento en el que proyectan una película en algunos de los lugares específicos en los que se rodó: monte Rushmore para "Con la muerte en los talones", playa de Santa Mónica para "Tiburón", Devil's Tower para "Encuentros en la tercera fase", etc.

Gracias a una entrada del blog de Nacho Vigalondo fue, entonces, como descubrí que este año el Rolling Roadshow Tour saltaba el charco para homenajear lo que se ha llamado "La trilogía del dólar" de Sergio Leone.

Se podría hablar largo y tendido sobre Sergio Leone y su relación simbiótica con el controvertido Ennio Morricone; de cómo las óperas western de Leone se conmbinan perfectamente con la música espectacularista (toma, me acabo de inventar una palabra y ni me tiembla el pulso) de Morricone. Sin la partitura de Morricone (quien por cierto obtuvo el Óscar honorífico hace un par de años), las películas de Leone no serían iguales.


Centrándonos en las películas del Tour (aunque casi cada una de ellas se cuenta como obra maestra), la trilogía del dólar está compuesta por "Por un puñado de dólares" (un camuflado remake del Yojimbo de Kurosawa), "La muerte tenía un precio" y "El bueno, el feo y el malo". Las tres películas se enmarcan en el género de western crepúscular, y el hilo conductor de las tres es la figura de Clint Eastwood y, sobre todo, de la búsqueda del dinero fácil en un mundo nuevo y salvaje como era el sur de Estados Unidos y el norte de México durante los estertores del siglo XIX.


Copio de la wikipedia:
"El término [spaguetti western] fue usado por los críticos para menospreciar al género, sin embargo, algunas de estas películas fueron tratadas con respeto. De especial interés resulta la Trilogía del dólar, del director italiano Sergio Leone.

El spaghetti western se caracteriza por una estética sucia a la vez que estilizada, y por unos personajes aparentemente carentes de moral, rudos y duros, haciéndose servir de los clichés clásicos del Western americano para crear un estilo propio sirviéndose del mito.


La mayoría de [westerns de los años 60 y 70] fueron financiadas por compañías italianas, o españolas, [por lo que] el género adquirió rápidamente el nombre de "spaghetti western" (italo-westerns en inglés) o "chorizo western", cuando se trataba de películas españolas. Se rodaron en Almería (España). Es muy famoso el desierto de Tabernas, debido a que allí se rodaron grandes películas de este subgénero."

Con toda esta historia a sus espaldas, no podía dejar pasar la oportunidad de contribuir a mi humilde manera al homenaje que se le iba a tributar a todo un género, en particular a un hombre y a una trilogía de películas, y a los pueblecitos que durante este período vieron pasar por sus polvorientas calles a actores y directores que años más tarde se consagrarían como mitos en sí mismos, partiendo de un subgénero que utiliza precisamente el mito para construir su propia historia.

De forma que convencí a mi compañero y amigo Alberto Tuero para que se uniese conmigo a la locura de hacernos 1400 km en menos de 48 horas para ver una película.

El jueves alquilamos un coche por 90€ para todo el fin de semana, y el sábado con la fresca cogimos el volante y atravesamos tierras de molinos y de olivos hasta llegar a nuestro desértico destino.



Desechamos la idea de partir el viernes, ya que no teníamos intención de dormir en ningún hotel. Nos llevamos unos sacos de dormir para pernoctar al raso, al calor de la primavera tardía almeriense, aunque finalmente nos dio bastante por saco la idea y decidimos echar los asientos hacia atrás y dormir en el coche.

Lo incómodo del plan nos hizo determinar que el sábado fuese nuestro gran día, desechando con pena la película del viernes ("Por un puñado de dólares") y la del domingo ("El bueno, el feo y el malo"). Nuestro objetivo, por tanto, era "La muerte tenía un precio", cuya escena final se rodó en la era de un pueblecito llamado Los Albaricoques.

Tras llegar como a la una de la tarde al pueblecito (para hacernos una idea acertada de cómo volver por la noche y dónde se iba a erigir la pantalla), nos compramos unos bocadillos en el hostal/restaurante del pueblo (y digo "el" porque obviamente solo hay uno, y gracias), llamado "Alba", y regentado por Manuel Hernández.


Con los bocadillos en la mano nos fuimos en coche hasta Cabo de Gata, a contemplar desde el mirador las aguas que rompen en el cabo más meridional de la península. Durante el trayecto nos impresionamos con la enorme área plantada con invernaderos. El graffiti de moda en Almería no es otro que "Vendo plástico" (es vox populi que la única estructura visible desde el espacio no es la Muralla China, sino los invernaderos almerienses). Luego fuimos a descansar en una playa casi vacía, que resultó ser nudista, aunque eso solo lo descubrimos cuando nos íbamos. Lástima.


Tras mojarnos los tobillos cogimos otra vez el coche y nos fuimos hasta San José, y de allí decidimos volver por el norte a Los Albaricoques, lo cual fue toda una odisea porque el sistema de carreteras de Almería es de los peores que he visto en toda España.


Llegamos de nuevo al pueblo cerca de las seis y media de la tarde, y estuvimos observando cómo montaban las sillas dentro de la era, cómo levantaban la pantalla gigante y cómo los proyeccionistas lanzaban maldiciones al proyector y a la cinta que Tarantino había prestado al Tour de su colección privada.

Cerca de la hora de la proyección vimos cómo llegaba Nacho Vigalondo y le hacían unas cuantas entrevistas. Esta vez decidí no acercarme a hablar con él como las dos veces anteriores (recordad, a la salida de una sidrería en Gijón hace casi 4 años, y en el prestreno de "The birthday" hace 2 años").


Y con una hora o más de retraso, comenzó la charla previa y finalmente la esperada proyección de la película. Contenida la respiración, sabedores todos nosotros de que estábamos ante un acontecimiento único, que probablemente no se vaya a repetir nunca. ¡Estábamos sentados en el círculo de piedras en el que Lee Van Clef se enfrenta a su histriónica némesis Gian Maria Volonté)!

Y como ya he escrito demasiado, voy a terminar con las impresiones, más que con los hechos, con las que volví de Almería ese fin de semana.

1. El emocionante descubrimiento de la era, protagonista de la secuencia final de la película.

2. El ambiente que impregnaba Los Albaricoques, dividido a partes iguales entre la indiferencia por la proyección y el tufillo a lo 800 balas de "yo estuve allí".

3. La subida de la pantalla hinchable, escoltada por la puesta del sol entre las montañas y el "Así hablo Zarathustra", cual monolito gigantesco y símbolo último de ese arte llamado cine:

4. El estilo español para hacer las cosas: el proyectos estaba montado en un camión, y cuando se elevó la pantalla la imagen estaba demasiado descentrada. Tras varios intentos por mover el proyectos, la solución definitiva fue arrancar el camión y moverlos medio metro, amén de girar la caja del mismo para igualar en altura. Sic.



5. La presencia siempre arrolladora de Nacho Vigalondo entre los asistentes a la proyección.

6. El tijeretazo que tenía la copia de Tarantino, en el momento preciso en el que el jinete es derribado por un disparo de rifle, al inicio justo de la cinta. Grandioso anticlímax.

7. Contemplar la escena final con el corazón encogido y sobrecogidos por las increíbles circunstancias.

8. Dormir en un coche a veinte metros de una de las localizaciones de la película, y despertar con el primer rayo de sol.


9. El sentimiento de hermandad, y casi diría de elitismo (¿por qué no?), entre dos centenares de frikis que reunidos en mitad de la nada más absoluta disfrutaban en común de una afición compartida, banal y divina a la vez: el cine, entendido como entretenimiento y como arte a la vez. De Leone, Morricone e Eastwood. De Cinecittà. De la edad dorada.


La vuelta a Madrid estuvo teñida de un halo de melancolía. Sabíamos que acabábamos de presenciar algo único, un homenaje merecido a una época y a un tipo de cine hijo de su tiempo, y que por lo tanto jamás volverá.

Al día siguiente Los Albaricoques recobraría su tranquilidad habitual. La mayoría iría el lunes a trabajar a los invernaderos y olvidaría una vez más que la historia tocó su pueblo en una ocasión. Pero aunque nadie los vea (quizá porque nadie crea ya en ellos), los fantasmas del pasado seguirán recorriendo las calles de Aguas Calientes y disparándose en duelos interminables hasta el final de los tiempos al compás de un reloj que nunca existió.

miércoles, 9 de julio de 2008

El azar

De vez en cuando tengo tardes tontorronas como la de hoy, en la que mi mente cansada empieza a divagar por caminos por los que no transita habitualmente.

Desde hace unos meses (en realidad, coincidiendo con mi ruptura sentimental) he empezado a pensar cada vez más en el sentido de la vida, en la muerte, y en esas cosas que, en general, nos hacen sentir mal cuando pensamos sobre ellas.

No voy a hablar aquí, al menos hoy, de temas tan desagradables. Por mucho que se me critique, aún no he llegado al nivel de Javier Malonda ;-)

Pero de lo que sí me apetece hablar es del azar o, como algunos lo llaman, destino. El mundo está dividido en dos clases de personas: los que creen en el Destino y los que creen en el azar. Esos dos mismos grupos están conformados casi exactamente por las mismas personas que creen en Dios, y las que no. Creer en el Destino supone asumir un objetivo o finalidad en nuestras vidas, y eso implica un inteligencia o motor trascendental detrás de nuestro mundo, que de alguna forma guía nuestros pasos. Eso, en mi opinión, está muy cerca de lo que yo llamaría "Dios".

Por eso, aunque a muchos de los que no nos tragamos la existencia de Dios nos encantaría la idea de un Destino que dotase de teleología, de causa final para nuestras vidas... en el fondo tenemos que mirarnos honestamente al espejo y admitir que el destino son 3/4 partes de azar y una parte de esfuerzo personal.

Hoy he ido a comer al parque Juan Carlos I y antes de volver al trabajo he estado tirando migas de pan a los gorriones. En poco tiempo se han juntado diez o quince pajarillos cerca del césped en el que me sentaba. Sin duda había pájaros que se situaban mejor que otros, y algunos eran más ágiles y estaban más atentos. Pero en última instancia era mi mano la que decidía en el último momento adónde tiraba la miga de pan. No era algo que el gorrión pudiese controlar o, siquiera, adivinar.


Hace cuatro años hice el examen de ingreso a la escuela de idiomas, y aunque debería haber entrado en tercero, el listening que hice fue pésimo y acabé cursando el segundo año. El segundo día de clase Daniel y yo nos sentamos con unas chicas a las que no conocíamos. A los dos meses un ejercicio gramatical sobre el nombre de nuestros familiares determinó sin lugar a dudas que la chica que se sentaba a mi derecha era mi prima segunda; una prima que no sabía que tenía, y que fue compañera de juergas durante bastantes años. Tal vez uno de mis mejores amigos comparta el resto de su vida con una prima de mi prima (que, por tanto, también es prima mía).

Hoy lo he pensado: ¿qué hubiese pasado si no hubiese hecho mal aquel examen oral y hubiese pasado a tercero? ¿Hubiese el destino hecho que la pareja de la que hablaba hubiesen terminado de todas formas juntos? La respuesta es, casi con toda probabilidad, que no. Y un corolario aún más inquietante: lo verdaderamente aterrador no son las cosas que nos han sucedido por casualidad, sino aquellas que han dejado de sucedernos, también, por azar. ¿A qué personas he dejado de conocer porque agaché la cabeza cuando no debía o porque me ausenté durante unos segundos, o porque no tuve el valor de replicar una respuesta simpática? ¿Qué vidas paralelas hubiese podido vivir si la moneda no hubiese salido cara sino cruz?

Existe una teoría científica desarrollada por Hugh Everett llamada Teoría de los Multiversos o Universos Paralelos, según la cual cada decisión aleatoria que ocurre en cualquier lugar da lugar a tantos Universos como posibles valores pudiese tomar dicha decisión. Naturalmente con las leyes que conocemos esto es imposible; la cantidad de energía necesaria para escindir un Universo en dos es, exactamente, la energía de dos Universos, con lo que la paradoja es evidente. Sin embargo, a efectos didácticos sería interesante ver la traza que nuestros actos y nuestras decisiones han ido marcando en los Multiversos y en nuestro universo particular, nuestro yo, nuestra vida. Y sobre todo, la traza que han dejado las decisiones de los demás o los actos meramente fortuitos.


En "El fin de la eternidad" Isaac Asimov plantea una agencia llamada Eternidad compuesta por policías del tiempo, cuya labor consiste en introducir el mínimo cambio posible para devolver el curso del tiempo a la curva de normalidad cada vez que se sale de ella. La idea de que un pequeñísimo acto, aparentemente fortuito, puede generar un gran cambio (el efecto mariposa, en definitiva), es tremendamente atractiva y terroríficamente realista.

Nos creemos la ilusión de que somos dueños de nuestros actos y de nuestra vida, que controlamos la situación en todo momento... pero la asquerosa realidad es que el aleteo de una mariposa puede tirarlo todo abajo. Una enfermedad, una separación, un despido, un accidente... Nos gusta pensar que ese tipo de cosas solo le pasan a los demás, pero cuando uno va haciéndose mayor se da cuenta de que conoce a mucha gente a la que ese tipo de cosas ya le ha pasado... y es entonces cuando nos damos cuenta de que nos está pasando a nosotros, a través de esas personas. La probabilidad de sufrir un cáncer, de morir en un accidente de tráfico o de sufrir un ataque al corazón son bajas (más altas de lo que nos gustaría, no obstante), y sin embargo la estadística demuestra que todos nosotros conoceremos a alguien que padecerá algunas de esas cosas, y son solo un ejemplo.

También las cosas buenas, por supuesto. Yo he tenido una suerte enorme de haber conocido a algunas personas de las que me enorgullezco de considerarme su amigo: Daniel, Javier, Aitor, Mauri, Covadonga, Alberto(s), Iván, Paz, Ana, Penélope, Cristina(s), Jesús, Pedro... Y a todas las he conocido de forma fortuita, ya que a priori nadie escoje cómo conoce a sus amigos.

A veces miro hacia atrás y veo la serie de decisiones que he tomado y que me han llevado hasta donde estoy ahora. Y me aterra pensar que las mejores decisiones las he tomado de manera casi aleatoria. Me aterra pensar lo que hubiese sido de mi vida si hubiese tomado la decisión errónea. Y me aterra pensar que a lo mejor lo que ahora estoy viviendo es el resultado de una decisión errónea, en realidad.

No sé, tal vez es tarde y estoy cansado, pero... ¿no acojona mucho el darse cuenta de lo ínfimos e insignificantes que somos? Nos creemos el epicentro del universo, y en realidad no somos más que una precaria y rara consecuencia de las leyes del universo que, entre otras peculiaridades, reflexiona sobre sí misma mientras avanza hacia su final, escrito en el inexorable libro de... la Estadística.

Just remember that you're standing on a planet that's evolving
And revolving at nine hundred miles an hour,
That's orbiting at nineteen miles a second, so it's reckoned,
A sun that is the source of all our power.
The sun and you and me and all the stars that we can see
Are moving at a million miles a day
In an outer spiral arm, at forty thousand miles an hour,
Of the galaxy we call the 'Milky Way'.
Our galaxy itself contains a hundred billion stars.
It's a hundred thousand light years side to side.
It bulges in the middle, sixteen thousand light years thick,
But out by us, it's just three thousand light years wide.
We're thirty thousand light years from galactic central point.
We go 'round every two hundred million years,
And our galaxy is only one of millions of billions
In this amazing and expanding universe.

The universe itself keeps on expanding and expanding
In all of the directions it can whizz
As fast as it can go, at the speed of light, you know,
Twelve million miles a minute, and that's the fastest speed there is.
So remember, when you're feeling very small and insecure,
How amazingly unlikely is your birth,
And pray that there's intelligent life somewhere up in space,
'Cause there's bugger all down here on Earth.

domingo, 6 de julio de 2008

Que viva España

Una entrevistadora va a hacer un reportaje sobre el sexo, y pregunta a la gente la frecuencia con la que hacen el amor. "Una vez al día, dice alguno". "Una vez a la semana", la mayoría. De repente, la entrevistadora ve a un hombrecillo sonriente y le tiende el micro: "Y usted, caballero, ¿cada cuánto hace el amor?" "¿Yo?", responde el hombrecillo con una sonrisa en la cara, "una vez al año". La entrevistadora, sorprendida, le pregunta en tono cortante: "¿Y entonces por qué tiene esa sonrisa de felicidad?". Y responde el hombrecillo: "¡Porque me toca hoy!"

Si la gente se siente orgullosa de ser española cada vez que la selección gana la Copa de Europa, ¡enhorabuena! Mejor sentirse orgulloso una vez cada veinticinco años que nunca.

Aprovechando que vivo en Madrid, me bajé en moto con Alberto a la plaza de Colón para vivir el ambiente que se respiraba apenas minutos después de consagrarnos como campeones de Europa.


Dejando a un lado el hecho de que fuimos todo el camino quemando el claxon de la moto, y gritanto y alzando los brazos para camuflarnos entre tanto descerebrado (valía más pasar desapercibidos, creedme), la llegada a Alonso Martínez fue una orgía de surrealismo de trincheras, esquivando una marea de canis desnudos de cintura para arriba excepto por grandes y fálicas banderas de España.


La calle Génova y, sobre todo, de la plaza de Alonso Martínez hacia Sagasta, era un hervidero de jóvenes que denotaban su orgullo patrio lanzando papeleras a los coches que pasaban y provocando a un cuerpo de antidisturbios del que, el domingo por la tarde, estuve más orgulloso que nunca. Con sus rifles de pelotas de goma y sus toletes, cargaron contra la chusma que aprovecha celebraciones de este tipo para dar rienda suelta a sus instintos fascistas, rabiosos y violentos. No me atreví a sacar una foto al neo-nazi con bandera de España a modo de pañuelo tapándole el rostro y pedazo de ladrillo de proporciones épicas en una mano.


Trece contenedores de basura quemados y cuarenta papeleras arrancadas, cuenta en una columna minúscula el "Qué!". Una anécdota, si no me hubiese pasado a mí. Si en Francos Rodríguez no hubiésemos visto cómo le metían una barra de hierro a la furgoneta de justo delante, y cómo la chusma mongoloide se introducía dentro de la furgoneta. Quedó demostrado que no son capaces de pronunciar más que gruñidos roncos. Porque decidme, ¿qué daño hacen los funcionarios del servicio de limpieza? ¿Por qué una panda de críos les roba sus cubos y la gente en vez de darle una somanta de ostias encima les ríe la gracia? ¿Y qué hace un puesto de bebidas alcohólicas en mitad de la Castellana?


Sí, supongo que chusma la hay en todos los lados, pero la que vi el domingo en el centro de Madrid no es de nadie más que nuestra.

Que viva España.

miércoles, 2 de julio de 2008

Una nueva aventura

Algunos ya lo sabréis pero otros no: el sábado 2 de agosto me cojo las maletas y me voy a una zona deprimida de Sudáfrica a colaborar en la construcción de dos comedores para niños huérfanos del SIDA. Vuelvo a Madrid el lunes 25 de agosto, así que serán poco más de 3 semanas de convivencia en una cultura completamente ajena a la nuestra.

Como ya he dicho alguna vez cuando he hablado de este tema, creo que puede servir, además de para echar una mano en lo que se pueda, para reajustar mi perspectiva de las cosas. Recordar qué es importante en la vida y qué no. Tanto da en Sudáfrica como en España. La idea del alto en el camino y echar la vista atrás siempre me ha parecido interesante, ya que es la única forma inteligente de encarar el futuro.

Intentaré postear regularmente sobre este tema, aunque no tenga demasiado que contar: quiénes vamos, en qué consiste el proyecto exactamente, adónde vamos a ir, cómo lo estamos organizando... La idea es crear un espacio para compartir mis experiencias y mis dudas con vosotros... y viceversa, si puede ser posible. Me embarco en una aventura completamente nueva, bajo el impulso inicial de mi existencialismo vital, pero sin más agarraderos que los amigos con los que voy y aquellos que dejo atrás.

Quedan treinta y tres días.

domingo, 29 de junio de 2008

Los Cronocrímenes

Cierto sábado por la mañana, durante un caluroso julio de 2005, hice mi primera entrevista de trabajo. Ese mismo día por la tarde acepté el puesto de trabajo que me llevaría hasta Madrid... y hasta Estados Unidos, pero eso es otra historia.

Dos semanas antes, escribía esta ingenua crónica sobre las casualidades y sobre mi primer encuentro con Nacho Vigalondo a la salida de una sidrería en Gijón.

Fue también en Gijón, exactamente dos años antes de aquello, donde Nacho Vigalondo estrenó "7:35 de la mañana", el corto que le encumbraría a lo más alto del éxito... a lo más alto del éxito que un cortometrajista puede llegar, claro. La originalidad del trabajo (aunque de una factura técnica un tanto tosca) le hizo besar la gloria, llevándose una nominación al Óscar al cortometraje de ficción de ese año, que finalmente no fructificaría en la deseada estatuilla.

Ya entonces el señor Vigalondo comenzaba a rumiar la idea de un guión en el que la acción se desarrollaba en tiempo real, en una única localización y con un único actor.


Nadie podía imaginar, y Nacho mucho menos, que tardaría cinco años en llevar a cabo el sueño de su vida: no solo estrenar su primer largometraje, sino estrenar una película no sujeta a ninguna convención más que a la de su propio estilo fílmico y autoral.

Ayer 27 de junio de 2008 se producía el ansiado estreno en las salas españolas de "Los Cronocrímenes". Con un modesto lanzamiento de 77 copias a pesar de una estrategia de marketing a través de Internet inaudita en el cine español, el cineasta cántabro daba carpetazo final a un proyecto que le ha costado un lustro de sangre, sudor y lágrimas.

La pregunta que podemos hacernos ahora es: ¿ha merecido la pena? ¿Realmente la expectación que ha levantado entre el fandom gafapasta/geek/friki/alternativo fantástico/como lo queramos llamar... esta expectación, digo, ha sido justificada?

No es una respuesta fácil.

Ayer viernes el cine cumplía una deuda conmigo y yo cumplía una deuda con él. Los cinco años que Nacho ha tardado en completar su trabajo son los mismos cinco años que yo he estado dando la brasa a mis amigos con el trabajo de Nacho y la cinta fantástica. Era una cita con el destino; un destino que determinará si soy un visionario de jóvenes promesas o tan solo un patán muy pesado. Había puesto mi prestigio en manos de un desconocido.

Y la noche empezó mal; no conseguí convencer a nadie de que se apuntase a ver la película conmigo (era un mal día, la verdad), así que cogí mis bártulos y me dirigí en el autobús 133 al lugar donde Princesa pierde su nombre y se convierte en Plaza de España: los Renoir Princesa. No son unos magníficos cines, pero no están mal dentro de los cines del circuito de V.O., y ya había estado antes en ellos; eran un sitio contrastado para ver el estreno de "Los Cronocrímenes" con ciertas garantías de tranquilidad y correcta proyección.

Justo delante de mí una chica pidió una entrada para la película, pero la taquillera, confundida, le cortó dos. Atento al hecho, le dije a la taquillera que la segunda entrada me la vendiese a mí, con lo cual mataba dos pájaros de un tiro: hacía la buena acción del día, y me aseguraba un sitio al lado de la chica friki que iba sola (como yo) a ver "Los Cronocrímenes".


La realidad es que cuando me senté a su lado apenas intercambiamos treinta o cuarenta segundos de conversación (sobre todo críticas por su parte hacia la taquillera). Decidí que no me iba a comer un comín y me dispuse atento a la pantalla, descartado todo movimiento aproximativo hacia mi compañera de visionado. Y... hasta ahí puedo leer.

No voy a contar absolutamente ninguna de las cosas que suceden en la película. Pero son 88 minutos que pasan como una hora. Si la película no es en tiempo real... como si lo fuese. La fotografía es cojonuda, las secuencias perfectas, los diálogos (excepto el personaje de científico loco interpretado por el propio Nacho, afectado como todas sus interpretaciones) divertidos y brillantes. A destacar la magnífica actuación de Karra Elejalde. Con un guión loco, retorcido, malévolo y dramático que funciona como un reloj, y que hace pasar al espectador de la carcajada a la aprensión en menos de lo que se tarda en pestañear. Y sobre todas las cosas, una momia rosa que pasará de cabeza a la lista de personajes míticos del cine.

Las únicas pegas son, quizás, la afectada actuación de Nacho Vigalondo; incluso aunque su personaje, en cierta manera, lo justifique. Algunos diálogos un poco forzados (ese "por el amor de Dios" no se lo creía ni Nacho cuando lo escribió), y algunos giros más previsibles de lo que me hubiese gustado. No es una película, al fin y al cabo, tan intelectual y complicada como se había vendido desde algunos sectores. Es cierto que en determinado momento se hace complicado seguir el hilo argumental a través del diagrama de Gantt en el que (como ocurría también en "Primer") se convierte la trama. Pero la historia (a diferencia de Primer) se va explicando sola poco a poco, lo cual es de agradecer.

Sí, lo cierto es que definiría "Los Cronocrímenes" como una cinta a medio camino de "Primer" y "Retroactive", con toques humorísticos a lo "Regreso al futuro", y una componente negrísima sacada directamente del cine de asesinatos "de un solo disparo", como gusta en llamarlo Nacho Vigalondo.


¿Qué conclusión puedo sacar? Pues que a pesar de mi entusiasmo y expectativas, que suelen verse defraudadas cuando la idealización que uno se ha hecho no se corresponde con la realidad, la película me gustó mucho. No va a ser un éxito: no tiene los componentes necesarios para ello, pero creo que puede ayudar a la industria, ampliando los temas y, sí, también los géneros, a los que ya puede adscribirse sin complejos nuestra cinematografía.

Para mí, igual que para mucha gente, esto ha supuesto más que una película. Ha sido un viaje a través del cual he conocido a gente fascinante gracias al blog de Nacho Vigalondo y a sus foreros habituales. He conocido la trayectoria vital de un chico que salió de Cabezón de la Sal para hacer cine, y lo consiguió. Me he visto a mí mismo creyéndome parte vital de un proceso de marketing en cadena, y lo cierto es que puede que yo haya sido, junto con mucha más gente, uno de los eslabones de dicha cadena.

Ha sido, en definitiva, una experiencia fascinante, a la que yo, también como Nacho, doy punto y final con este artículo. De cierta manera siento que se cierra un círculo, y aunque son las cuatro y pico de la madrugada, tengo la necesidad de redondear este escrito para publicarlo y soñar el sueño de los justos.

El camino ha concluido... y justo ahí delante veo que comienza otro. Aún no sé adónde conduce, pero seguro que a algún sitio interesante. Espero que estéis allí conmigo para recorrerlo juntos.

martes, 24 de junio de 2008

Nota de prensa

Este viernes 27 de junio, estreno en España de Los Cronocrímenes.
La película de las 3 T's: Terror, Tetas y viajes en el Tiempo.

lunes, 2 de junio de 2008

Expomanga 2008 (3 de 3)

El fan-anime resume con bastante precisión los tiempos que nos están tocando vivir, sus virtudes y sobre todo sus defectos.

Ante todo, el anime y el manga es un culto a la estética, más concretamente a una estética a medio camino entre el pop ñoño y el goticismo pornográfico, o tal vez el pop pornográfico y el goticismo ñoño. Qué más da.

De hecho, la mayoría del manga que se edita en Japón es basura, y así es considerado entre los propios japoneses, que desprecian el género, no sin razón me atrevería a decir. Basándose en unos pocos clichés y fórmulas de éxito, el manga es el campo de cultivo para escritores mediocres y dibujantes de plantilla, que no necesitan guionizar o dibujar demasiado bien, ya que el mercado nacional y extranjero es tan grande que la demanda es mucho mayor de lo que la oferta puede dar a basto. Se podría decir que la única decisión creativa que toma un guionista o dibujante de manga es, exactamente, en qué género de manga se quiere introducir: Mecha, Jidaimomo, Harem, Mahō Shōjo, Hentai, Sentai, Ecchi, etc.

En cuanto a argumento, los manga suelen ser bastante pobres y repetitivos. Tal vez la fórmula a la que se adscribe cada tipo de manga sea mágica y tenga cierto gancho, pero tras esa fórmula es difícil encontrar verdadera originalidad en la historia. A ello también contribuye el que los Manga se vendan casi como franquicias, y se tiran historias e historias mucho después de que los personajes estén agotados.

Porque lo verdaderamente importante vuelve a ser la estética. La forma en lugar del contenido. No importa que el protagonista esté agotado, siempre que siga vistiendo de la misma manera y atrayendo al mismo público. Un público que sólo se cansará cuando salga otro manga que le dé más de lo mismo por el mismo precio.

Panem et circenses para adolescentes. Quizás el problema ha sido intentar sacar el manga del sitio que verdaderamente le correspondía: los jóvenes. Está muy bien reivindicar un género cuando realmente se lo merece, pero me atrevería a decir que no es el caso del manga... al menos en general.

Y sin embargo, no sería justo acabar este artículo con la sensación de que el manga es pura basura forrada de estética y con cero de contenido. Como en absolutamente cualquier otro género, hay maravillas que solo se terminan encontrando escarbando entre montañas de basura. Afortunadamente hay gente que ya lo ha hecho antes, y eso nos ahorra mucho tiempo a los demás: Adolf, Akira, Lone Wolf... (o lo que es lo mismo: senseis como Tezuka, Ôtomo o Koike) son algunas joyas que todo aficionado al arte en general y al cómic en particular debería degustar.

El resumen que se puede extraer es que la ley de Sturgeon se cumple en todos los lados: reescribiéndola para el caso que nos ocupa, podríamos decir que el 90% del manga es mierda... pero es que el 90% de cualquier cosa es mierda. Y el manga no iba a ser una excepción.

domingo, 1 de junio de 2008

Cultura popular

Now many, many years ago, when I was twenty-three,
I was married to a widow who was pretty as could be.
This widow had a grown-up daughter who had hair of red.
My father fell in love with her, and soon they, too, were wed.

This made my dad my son-in-law and changed my very life,
My daughter was my mother, cause she was my father's wife.
To complicate the matter, even though it brought me joy,
I soon became the father of a bouncing baby boy.

My little baby then became a brother-in-law to Dad,
And so became my uncle, though it made me very sad.
For if he was my uncle, then that also made him brother
Of the widow's grown-up daughter, who, of course, was my stepmother.

I'm my own grandpa.
I'm my own grandpa.
It sounds funny, I know,
But it really is so,
Oh, I'm my own grandpa.

Father's wife then had a son who kept him on the run,
And he became my grandchild, for he was my daughter's son.
My wife is now my mother's mother, and it makes me blue,
Because, although she is my wife, she's my grandmother, too.

Now if my wife is my grandmother, then I'm her grandchild,
And everytime I think of it, it nearly drives me wild,
For now I have become the strangest case you ever saw
As husband of my grandmother, I am my own grandpa!

I'm my own grandpa.
I'm my own grandpa.
It sounds funny, I know, but it really is so,
Oh, I'm my own grandpa.
It sounds funny, I know, but it really is so,
Oh, I'm my own grandpaaaaaaa!!!!


Gracias a Iván por la referencia a esta canción, que no conocía. Se puede escuchar una versión de esta canción en la película "The stupids", de 1996. Simplemente, genial.