Coincidiendo con que estoy haciendo un curso de Google Analyltics, y en este blog es donde tengo puesto el tracker de GA, voy a ver si "levanto" un poco las estadísticas del blog para que los ejercicios que estoy haciendo tengan más sentido. Así que voy a insertar un video de Youtube que, 6 años después de subirlo, está teniendo un pico de visualizaciones bastante majo, a ver si me trae alguna visita al blog :)
Mostrando entradas con la etiqueta Viajes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Viajes. Mostrar todas las entradas
martes, 21 de abril de 2020
domingo, 4 de noviembre de 2018
El último verano
Si algún verano tuviera que ser el último, me gustaría que fuese como éste:
Si algún verano tuviera que ser el último, me gustaría que fuese como éste:
Castle Lite para celebrar martes como si fuesen sábados, y que la nevera está llena. Colarnos en un spa privado y ver en el horizonte un valle de pinos. Comer unos bocadillos mientras filosofamos y el Velo de la Doncella acompaña nuestra charla. Observar fascinados la Cruz del Sur, y un menguante Venus que arranca una eclípitica que comparte con Saturno, Júpiter, Marte y la Luna.
Si algún verano tuviera que ser el último, me gustaría que fuese como éste:
Asomarnos a la ventana de Dios mientras olemos la tierra quemada por el hombre. Mis pies colgando al vacío, una lagartija tricolor me mira, las tres chozas no me miran, simplemente están. Soy una mota de polvo en el valle, y me gusta. Disfrutar bebiendo agua fresca.
Ver un amanecer rojo como el infierno desde una carretera que, de repente, se acaba. Aunque si esperas un poco, en realidad ves que continúa y que, magnánimamente, te deja pasar. Vislumbrar en ayunas a los tanques negros de la sabana (también los hay blancos, pero cada vez menos). Frenar para dejar pasar a una manada de elefantes. ¡Leones, leones, leones! Un leopardo a la sombra de un árbol. E hipos ubicuos. Como siempre, un facóquero se despide de nosotros delante de la estatua de Paul Kruger.
Si algún verano tuviera que ser el último, me gustaría que fuese como éste:
La rutina del desayuno a las 7:10, la comida a las 12:00 y la cena a las 18:00. El privilegio de fregar los platos después de la cena y dar las gracias después de cada comida. Las frases hechas de Conrad, que destilan al hombre que hubo y que ahora apenas hay en cada palabra, y que lo recuerdan antes siquiera de que se haya ido. 100 kilos de perros babeantes, rabiosos por fuera... y tremendamente vagos por dentro. Las sopas de Peter, cada día una sorpresa más deliciosa que la anterior. El ceño fruncido de Frank. El olor del café arábiga y el pollo frito, al que añadimos un poco de olor a cabrales y fabada. Las sobremesas llenas de algo que Peter llama snap, Rafa llama Canimambo... y yo llamo orujo blanco. Los proyectos diseñados con el trazo grueso de la ilusión y el Amarula Dew. El Facebook del centro pastoral y una community manager de lujo.
Si algún verano tuviera que ser el último, me gustaría que fuese como éste:
Ser blancos (primera acepción), lo que equivale a ser "blancos" (segunda acepción) y por tanto susceptibles de ser timados por mafias mozambiqueñas en connivencia con funcionarios corruptos. Decidir si una pegatina te va a servir de nada. Jugar al juego o jugar al juego, no hay otra opción. Cruzar a un país en el que no sabes por qué lado se conduce. Darse cuenta de que Google Maps ve carreteras donde solo hay caminos de cabras, y maldecir en bable por tener que cruzar Maputo tres veces en tres días. Cenar un filete de ternera con cerveza, y dormir, dentro de un convento de clausura y darle las buenas noches a una amiga a través de siete centímetros de ladrillo, cemento y pintura blanca. Bañarnos desnudos y hacer snorkel en playas de arena blanca, y cenar día tras día parrillada de marisco y vinho verde. Vivir el milagro del turismo hostelero en Mozambique. La Luz y la oscuridad (y el calor). Wifi en forma de repetidor, teléfonos al cielo y señal de allende los mares. Babosa monstruosa de ojo azul. Sexo a la luz del aire acondicionado. Despedida de solteras. Y funcionarios corruptos.
Si algún verano tuviera que ser el último, me gustaría que fuese como éste:
Apartamento con terraza mirando a la selva. Cena swati con carne flameada. Una cerveza local que se llama "Sibebe" (sic). Una de Burgos que nos saluda en medio de nuestro estupor, y que nos organiza el día siguiente. Observar con incredulidad la elasticidad de los bailes tradicionales, y convertirnos, por primera vez, en espectadores. Y darnos cuenta de lo afortunados que hemos sido hasta ese momento. Ver un varano en la carretera tomando el sol. Potholes, potholes, potholes!
Si algún verano tuviera que ser el último, me gustaría que fuese contigo, y que me sorprendiese cogido de tu mano, y rodeado de tan buenos amigos como los que hemos visitado y nos han visitado este 2018.
Si algún verano tuviera que ser el último...
...
viernes, 5 de octubre de 2012
El final del verano
Un pequeño repaso a los mejores momentos del viaje a Nueva Zelanda, dedicado a mi compañera (en más de un sentido) de viaje ;-)
Etiquetas:
Naturaleza,
Viajes
sábado, 28 de julio de 2012
Interludio
Entre mis amigos más sarcásticos tengo fama de escribir artículos más melodramáticos que episodios de fin de temporada de Falcon Crest. Artículos más existencialistas que una película de guerra dirigida a cuatro manos por Kubrick y Mallick.
No sé si éste va a ser uno de ellos, pero sentado literal y metafóricamente en un tren, he sentido la pulsión de hacerlo, y de intentar explicar(me) la suspensión del diario de estulticia.
Estoy, por primera vez en mucho tiempo, en un momento de paz conmigo mismo, y no necesito la válvula de escapa que, otrora, suponía.
He encajado en mi nuevo trabajo, y la cantidad de cosas que estoy aportando (y puedo aportar) superan con creces la desazón de trabajar para el enemigo. Además, he conseguido el tiempo para mí mismo por el que siempre he clamado. Efectivamente, como decía Danny Glover en Arma Letal, "era demasiado viejo para esa mierda [la consultoría]".
En ese nuevo espacio he ido explorando nuevos caminos. Clases de inglés (que tengo que retomar), el viaje a Etiopía, el master en Cooperación al Desarrollo... Quizá caminos que no conduzcan a ningún sitio, pero caminos agradables de transitar, en cualquier caso.
Mi vida sentimental transita por un sendero reposado, calmado. Muy lejos de enamoramientos, y más cerca del amor tranquilo, destilado en el cariño y la comunicación. Intentando por todos los medios disfrutar de nuestros sentimientos, sin llegar a ser esclavos de nuestras emociones.
Llevo una semana sin internet por un error administrativo de Ya.com, y no me importa demasiado.
A pesar de que en una semana voy a cumplir junto a Tania uno de mis sueños: recorrer en autocaravana la naturaleza salvaje y exótica de Nueva Zelanda.
A mi vuelta, quizá retoma este blog, quizá lo reinvente en otra cosa, no sé. Pero desde luego, siempre servirá para volcar en él mis pensamientos, aquellos tan íntimos que solo afloran en estos viajes lentos y reconfortantes en tren, rumbo a mi casa. Rumbo a Asturias.
¡Hasta pronto!
No sé si éste va a ser uno de ellos, pero sentado literal y metafóricamente en un tren, he sentido la pulsión de hacerlo, y de intentar explicar(me) la suspensión del diario de estulticia.
Estoy, por primera vez en mucho tiempo, en un momento de paz conmigo mismo, y no necesito la válvula de escapa que, otrora, suponía.
He encajado en mi nuevo trabajo, y la cantidad de cosas que estoy aportando (y puedo aportar) superan con creces la desazón de trabajar para el enemigo. Además, he conseguido el tiempo para mí mismo por el que siempre he clamado. Efectivamente, como decía Danny Glover en Arma Letal, "era demasiado viejo para esa mierda [la consultoría]".
En ese nuevo espacio he ido explorando nuevos caminos. Clases de inglés (que tengo que retomar), el viaje a Etiopía, el master en Cooperación al Desarrollo... Quizá caminos que no conduzcan a ningún sitio, pero caminos agradables de transitar, en cualquier caso.
Mi vida sentimental transita por un sendero reposado, calmado. Muy lejos de enamoramientos, y más cerca del amor tranquilo, destilado en el cariño y la comunicación. Intentando por todos los medios disfrutar de nuestros sentimientos, sin llegar a ser esclavos de nuestras emociones.
Llevo una semana sin internet por un error administrativo de Ya.com, y no me importa demasiado.
A pesar de que en una semana voy a cumplir junto a Tania uno de mis sueños: recorrer en autocaravana la naturaleza salvaje y exótica de Nueva Zelanda.
A mi vuelta, quizá retoma este blog, quizá lo reinvente en otra cosa, no sé. Pero desde luego, siempre servirá para volcar en él mis pensamientos, aquellos tan íntimos que solo afloran en estos viajes lentos y reconfortantes en tren, rumbo a mi casa. Rumbo a Asturias.
¡Hasta pronto!
miércoles, 28 de marzo de 2012
Asomándonos al exterior
Durante décadas, bajo las ventanillas de los trenes había unos cartelitos en los que ponía: "Es peligroso asomarse al exterior". Ahora, en los modelos modernos ya no hace falta porque no se puede. Están sellados y viajas con una comodidad y una rapidez enormes, da gusto. Pero aquella frase tenía su gracia; ya que a veces asomarse al exterior no es peligroso, es imprescindible".
Vicente Romero (Paisajes desde el tren, marzo 2012)
sábado, 17 de diciembre de 2011
Si mi reflex fuese un rifle...
...Tom Cruise ya estaría muerto.
Munich, 9 de diciembre de 2011.
Pre-estreno de "Misión Imposible: Protocolo Fantasma"
miércoles, 2 de noviembre de 2011
San Sebastián
Hay algo inherente a la conciencia humana que hace que en ocasiones nos sintamos especiales o mejores que los demás en algún aspecto. Supongo que todos queremos ser únicos en algo y alzarnos sobre el océano de la mediocridad normalidad para poder ver mejor pero, sobre todo, para hacernos más visibles.
Algo de esto hay en el hecho de que, aunque son incontables las personas que hablaban maravillas de San Sebastián, no ha sido hasta este fin de semana que he podido encontrar un hueco y una excusa en mi apretada agenda (¡ja!) para saldar mi deuda con la capital guipuzcoana.
Una parte de mí se repetía que probablemente San Sebastián no era más bonita que otras muchas ciudades en las que ya había estado, en un exceso de chauvinismo por mi parte.
Cuál ha sido mi sorpresa cuando, en esta ocasión, mis prejuicios estaban equivocados y el resto del mundo tenía razón.

Donosti es una de las ciudades más bonitas en las que jamás he estado. Tiene todos los requisitos que mi actual "yo" busca en una ciudad: un tamaño poblacional reducido, numerosos parques y avenidas, una vida cultural moderna y vanguardista que se combina con un pasado orgulloso que se preserva con mimo. Y el mar, presidiéndolo todo, desde el telón de fondo del monte Igeldo hasta el furioso rompeolas de la zona de Gros y el Kursaal, pasando por un triplete de playas (Ondarreta, La Concha y Zurriola), cada una con un encanto diferente.
Todo ello combinado con una cultura gastronómica exquisita, con el pintxo, el txacolí y el zurito como referentes principales, alrededor de los cuales giran las conversaciones, los amigos y la vida social de una ciudad, no solo candidata a capital europea de la cultura, sino también candidata a ser un posible lugar donde vivir tranquilamente y escapar del frenético ritmo de vida que imponeMatrix la sociedad moderna.
Algo de esto hay en el hecho de que, aunque son incontables las personas que hablaban maravillas de San Sebastián, no ha sido hasta este fin de semana que he podido encontrar un hueco y una excusa en mi apretada agenda (¡ja!) para saldar mi deuda con la capital guipuzcoana.
Una parte de mí se repetía que probablemente San Sebastián no era más bonita que otras muchas ciudades en las que ya había estado, en un exceso de chauvinismo por mi parte.
Cuál ha sido mi sorpresa cuando, en esta ocasión, mis prejuicios estaban equivocados y el resto del mundo tenía razón.

Donosti es una de las ciudades más bonitas en las que jamás he estado. Tiene todos los requisitos que mi actual "yo" busca en una ciudad: un tamaño poblacional reducido, numerosos parques y avenidas, una vida cultural moderna y vanguardista que se combina con un pasado orgulloso que se preserva con mimo. Y el mar, presidiéndolo todo, desde el telón de fondo del monte Igeldo hasta el furioso rompeolas de la zona de Gros y el Kursaal, pasando por un triplete de playas (Ondarreta, La Concha y Zurriola), cada una con un encanto diferente.
Todo ello combinado con una cultura gastronómica exquisita, con el pintxo, el txacolí y el zurito como referentes principales, alrededor de los cuales giran las conversaciones, los amigos y la vida social de una ciudad, no solo candidata a capital europea de la cultura, sino también candidata a ser un posible lugar donde vivir tranquilamente y escapar del frenético ritmo de vida que impone
Etiquetas:
Viajes
sábado, 20 de agosto de 2011
Hipocondría
1. f. Med. Dícese de lo que pasa cuando te vas de voluntario a Etiopía y todo el mundo empieza a decirte que tengas mucho cuidado con las enfermedades y que andes con mucho ojo.
Algunos de los medicamentos que he tomado,
estoy tomando o tomaré durante estas semanas
lunes, 8 de agosto de 2011
Más agujeros que un colador
El 24 de agosto me voy a Etiopía, pero si sé que iban a hacer de mi cuerpo un (en)sayo (clínico) para acupuntores en prácticas, me hubiese ido a La Manga:
-22 de junio: Fiebre Amarilla, Hepatitis A, Hepatitis B y Rabia
-29 de junio: Hepatitias A, Hepatitis B y Rabia
-20 de julio: Hepatitis A, Hepatitis B, Rabia y Meningitis
-27, 29 y 31 de julio: Fiebres Tifoideas
-2 de agosto: Tétanos y Difteria
Y aún me faltan:
-Cólera (2 dosis que no sé cuándo me voy a poner)
-Malaria
Y luego dicen que irse a Etiopía es peligros. ¡Lo que verdaderamente es peligroso es la Seguridad Social!
-22 de junio: Fiebre Amarilla, Hepatitis A, Hepatitis B y Rabia
-29 de junio: Hepatitias A, Hepatitis B y Rabia
-20 de julio: Hepatitis A, Hepatitis B, Rabia y Meningitis
-27, 29 y 31 de julio: Fiebres Tifoideas
-2 de agosto: Tétanos y Difteria
Y aún me faltan:
-Cólera (2 dosis que no sé cuándo me voy a poner)
-Malaria
Y luego dicen que irse a Etiopía es peligros. ¡Lo que verdaderamente es peligroso es la Seguridad Social!
domingo, 20 de junio de 2010
Camino de Santiago (1)
Jacobo, también llamado Santiago el Mayor para ser distinguido del otro apóstol llamado Jacobo, Santiago el Menor, fue un apóstol de Jesús de Nazaret, nacido en Galilea y muerto en Jerusalén en el año 44. También es conocido como San Jaime, San Diego o San Yago, y es el patrón de España.
Según la leyenda, tras el Pentecostés (hacia 33 d. C.), cuando los apóstoles son enviados a la predicación, Santiago habría cruzado el mar Mediterráneo y desembarcado para predicar el Evangelio en la Hispania (actuales España y Portugal). Según unos relatos, su prédica habría comenzado en la Gallaecia; otras tradiciones afirman su llegada a Tarraco y su viaje por el valle del Ebro, hasta entroncar con la vía romana que recorría las estribaciones de la Cordillera Cantábrica y terminaba en la actual La Coruña. Esta tradición hace de Santiago el santo patrón protector de España.
De acuerdo a la tradición cristiana, hacia el año 40 la Virgen María se apareció a Santiago el Mayor en Zaragoza. Según los apócrifos neotestamentarios, cuando María ve cerca su muerte, recibe la visita de Jesucristo resucitado. Ella le pide estar rodeada por los apóstoles en el día de su muerte, pero todos ellos están dispersos por el mundo. Jesucristo le concede su deseo y permite que sea la misma María, por medio de aparición milagrosa «en carne mortal» (mucho antes de su asunción), quien avise a sus discípulos. La aparición de María a Santiago se habría producido sobre un pilar en Caesaraugusta (actual Zaragoza), columna que se sigue venerando en la Basílica de Nuestra Señora del Pilar, en la capital aragonesa. Se cuenta que Santiago y los siete primeros convertidos de la ciudad edificaron una primitiva capilla de adobe en la vera del Ebro.
Santiago habría hecho todo el viaje de vuelta desde España hasta Jerusalén para encontrar a la Virgen (ya que ella seguía viva allí, en la capital de Judea) antes de su dormición. Tras una prédica, es martirizado (es uno de los primeros mártires cristianos) hacia el año 44, muerto a filo de espada por orden de Herodes Agripa I, rey de Judea.
La leyenda se cierra conque sus discípulos habrían llevado su cuerpo (conservado de alguna manera) por el mar Mediterráneo en una mítica embarcación de piedra y habrían costeado el Atlántico nuevamente hasta Galicia, donde lo habrían enterrado justamente en Iria Flavia, donde el obispo Teodomiro lo halló en el siglo VII.
Alrededor del año 813, en tiempos del Rey de Asturias Alfonso II el Casto, un ermitaño cristiano llamado Paio le dijo al obispo gallego Teodomiro, de Iria Flavia (España), que había visto unas luces merodeando sobre un monte deshabitado. Hallaron una tumba donde se encontraba un cuerpo degollado con la cabeza bajo el brazo.
El rey Alfonso ordenó construir una iglesia encima del cementerio (compositum), origen de la Catedral de Santiago de Compostela («Santo Jacob del compositum»). Otros sostienen que la palabra Compostela proviene de campus stellae: «campo de las estrellas», debido a las luces que bailoteaban sobre el cementerio.
El descubrimiento de la Tumba del Apóstol supuso para el rey asturias una serie de beneficios: la aglutinación de sus territorios como un solo reino, bajo la especial protección del Apóstol, y la cristianización de la antigua "Vía del Finisterre", ruta seguida tradicionalmente por muchos pueblos de religión céltica, hasta el pretendido fin del mundo. De hecho, las peregrinaciones galas hacia el noroeste de España se han probado arqueológicamente y se puede afirmar que los celtas - en el primer milenio antes de nuestra era - recorrían toda Europa para ir a estos sitios, donde celebraban sus matrimonios y otros ritos. Este camino precristiano se convierte así en el Camino de Santiago o Ruta jacobea, y Compostela en el tercer núcleo de peregrinación medieval, tras Roma y Jerusalén.
En el año 1122, el papa Calixto II instituyó y proclamó que en adelante tuvieran la consideración y privilegios de Año Santo Jacobeo todos los años en los que la fiesta litúrgica de Santiago, el 25 de julio, coincidiera con el día domingo. Los próximos años jacobeos tendrán lugar en 2010 y 2021.
Un refrito de la Wikipedia
Creo que era necesaria una pequeña introducción de historia y mitología de Santiago el Mayor para poder comprender un poquito mejor qué es el Camino de Santiago, por qué miles de personas lo recorren todos los años, y por qué este año he decidido hacerlo yo.
Hay peregrinos que lo hacen por devoción religiosa y ánimo de obtener la indulgencia plenaria que se obtiene en los años jubileos como éste. También hay peregrinos que lo hacen por deporte, otros que lo hacen por cultura, e incluso algunos que lo hacen por conocer a otras personas. De hecho, es fácil hacer una buena amistad con unos peregrinos a los que vuelves a ver noche tras noche, albergue tras albergue.
En mi caso la razón no está clara del todo. Tal vez una mezcla de todo lo anterior, tal vez el simple hecho de probar algo nuevo, tal vez compartir la experiencia con una de las mejores personas que he conocido estos últimos años.
Así, la invitación para hacer parte del Camino de Santiago partió de Rafa, el misionero comboniano con el que he compartido dos aventuras en Sudáfrica y que ahora se encuentra en España en período de formación, a la espera de su siguiente destino. Es como un consultor pero con vocación y con sotana :)
Acompañándonos, Declan, un nigeriano, mezcla de carismático y de predicador, que vende La farola a la salida de un supermercado. Y Enrique, un compañero de carrera de Rafa (Agrónomos), metido a banquero, casado y con cuatro hijos.
Un grupo hetereogéneo, vaya.
Con apenas una reunión en el Retiro para conocernos y una incursión en Decathlon para comprarnos botas, calcetines, saco y mochila, nos dispusimos a afrontar unos 170 km en seis días, desde Fonsagrada el 10 de junio hasta Santiago de Compostela. No teníamos ni un día de margen, pues Enrique se había sacado ya el billete de vuelta de avión para el martes 15 de junio.
El Camino de Santiago, como buena metáfora de vida que es, son muchos caminos en uno. Está el camino fácil y trillado por la mayoría, que es el Francés. Está el camino Aragonés, que es una variante del Francés en su primer tramo. Está el camino del Norte, que recorre toda la costa cantábrica desde Irún hasta Santiago. Está el camino Primitivo, que se supone que es el que tomó Alfonso II durante la primera peregrinación al lugar en el que se encontraron los supuestos restos del Santo, y que parte de Oviedo. Está el camino de la Vía de la Plata, que nace en Extremadura y llega a Galicia bordeando todo Portugal. Y por último está el camino portugués, que nace en el norte de Portugal, y el camino inglés, que nace de los puertos de Ferrol y La Coruña. Hay algunas otras variantes menos importantes. El que nosotros hicimos, parcialmente, fue el Camino Primitivo, aunque final e inexorablemente se une al Camino Francés.
Después de un viaje en coche en el que nos llevaron de paquete dos sacerdotes combonianos (el padre Ramón y el padre Daniel) hasta Fonsagrada, dormimos esa primera noche en el refugio de Fonsagrada, pero previamente probamos durante un par de kilómetros la lluvia y el viento que no dejarían de ser nuestros compañeros de viaje durante las siguientes 48 horas.
En el refugio de Fonsagrada conocimos esa primera noche al matrimonio de Oviedo, que llegarían con nosotros a Santiago, y a los hippies que se estaban haciendo el viaje desde Irún por el Camino del Norte y que se habían desviado al Primitivo desde Oviedo.
También esa noche conocimos los ronquidos, y añadí a la lista de imprescindibles para el Camino los tapones para los oídos.
(Continuará)
martes, 16 de marzo de 2010
Nueva paja mental
Como lo de Jerusalén no me quedaba lo suficientemente grande, he aquí la definitiva Paja Mental (PM), así, en mayúsculas:
http://hispania-hispania.blogspot.com/
Aunque de momento solo he pensado en el título, creo que éste es lo suficientemente esclarecedor de mis (probablemente baldías) intenciones.
http://hispania-hispania.blogspot.com/
Aunque de momento solo he pensado en el título, creo que éste es lo suficientemente esclarecedor de mis (probablemente baldías) intenciones.
Etiquetas:
Filosofía,
Miscelánea,
Viajes
miércoles, 6 de enero de 2010
lunes, 4 de enero de 2010
Renfe
Siempre me ha gustado el tren. Me parece un medio de transporte seguro, tranquilo y fiable. El impacto medioambiental, una vez acabadas las obras de tendido de vía, es mínimo: apenas una fina hebra plateada desentumeciéndose entre el paisaje.
Es más, tengo desde hace tiempo un borrador en esta misma bitácora en el que quería hablar de ese buenrollismo que genera el tren que, gracias a la política de infraestructuras de alta velocidad de los sucesivos gobiernos, ha creado una red que nos transporta velozmente de una punta a otra de la península ibérica a un coste moderado, con gran rapidez y aún mayor placer.

Sin embargo, esta satisfacción está en juego cuando unos incompetentes como los de Renfe están al mando. Una página web patética (no solo lo digo yo) y, sobre todo, el que el sistema de ventas online sea un sistema completamente independiente y aislado del sistema de venta en ventanilla (estoy imaginándome a la taquillera mirar la página web de Renfe a la hora de asignar una plaza), han hecho que este domingo el tren Alvia en el que volvía de Asturias a Madrid se hubiese vendido dos veces.
Al margen de la devolución del billete a las personas que tuvieron que ir sentadas, o moviéndose de asiento a medida que los pasajeros subían en Oviedo, León, Palencia o Valladolid, es absolutamente lamentable que no pusieran ni un solo vagón extra para absorver al volumen de personas que estaban en dicha situación (créanme, eran unas cuantas).
Según la RAE:
estafa.
[...]
2. f. Der. Delito consistente en provocar un perjuicio patrimonial a alguien mediante engaño y con ánimo de lucro.
El que quiera entender, que entienda.
Por desgracia en esta sociedad las personas hemos olvidado lo que significa el sacrificio y la solidaridad, y en lugar de reclamar a los verdaderos culpables del problema, nos limitábamos a encararnos con los pasajeros inocentes que ocupaban nuestra misma plaza.
Ésa es la verdadera razón por la que Renfe no puso un vagón extra, y por la que (a pesar de las devoluciones de billetes) la estafa le salió, con total seguridad, rentable.
Perseveremos en esta actitud, para que más Renfes sigan el ejemplo y nuestros derechos y libertades sigan empequeñeciendo hasta que desaparezcan en el sumidero del neo liberalismo.
Es más, tengo desde hace tiempo un borrador en esta misma bitácora en el que quería hablar de ese buenrollismo que genera el tren que, gracias a la política de infraestructuras de alta velocidad de los sucesivos gobiernos, ha creado una red que nos transporta velozmente de una punta a otra de la península ibérica a un coste moderado, con gran rapidez y aún mayor placer.

Sin embargo, esta satisfacción está en juego cuando unos incompetentes como los de Renfe están al mando. Una página web patética (no solo lo digo yo) y, sobre todo, el que el sistema de ventas online sea un sistema completamente independiente y aislado del sistema de venta en ventanilla (estoy imaginándome a la taquillera mirar la página web de Renfe a la hora de asignar una plaza), han hecho que este domingo el tren Alvia en el que volvía de Asturias a Madrid se hubiese vendido dos veces.
Al margen de la devolución del billete a las personas que tuvieron que ir sentadas, o moviéndose de asiento a medida que los pasajeros subían en Oviedo, León, Palencia o Valladolid, es absolutamente lamentable que no pusieran ni un solo vagón extra para absorver al volumen de personas que estaban en dicha situación (créanme, eran unas cuantas).
Según la RAE:
estafa.
[...]
2. f. Der. Delito consistente en provocar un perjuicio patrimonial a alguien mediante engaño y con ánimo de lucro.
El que quiera entender, que entienda.
Por desgracia en esta sociedad las personas hemos olvidado lo que significa el sacrificio y la solidaridad, y en lugar de reclamar a los verdaderos culpables del problema, nos limitábamos a encararnos con los pasajeros inocentes que ocupaban nuestra misma plaza.
Ésa es la verdadera razón por la que Renfe no puso un vagón extra, y por la que (a pesar de las devoluciones de billetes) la estafa le salió, con total seguridad, rentable.
Perseveremos en esta actitud, para que más Renfes sigan el ejemplo y nuestros derechos y libertades sigan empequeñeciendo hasta que desaparezcan en el sumidero del neo liberalismo.
Etiquetas:
Activismo,
Funcionarios,
Viajes
miércoles, 23 de diciembre de 2009
La vida de una pila
Se dice que las vacaciones son útiles para eliminar el estrés del trabajo y para "recargar las pilas".
Pero, ¿cuál es la vida media de una pila? Tengo la sensación de que cada vez la pila dura menos, y de que cada período vacacional se queda cada vez más corto.
Sudáfrica en este sentido supone para mí una desconexión total con el mundo urbanita al que estoy acostumbrado. Móvil apagado, sin acceso sencillo a Internet. Tan solo el ruido de los grillos y las cigarras, alguna camioneta ocasional por la carretera, la débil música de algún bar en Marite, el ladrido de Niko y Julie, el sonido de los truenos en la lejanía y la voz jovial de Rafa contestando en tsangán en horas intempestivas a alguna llamada.

Ése es el sonido que me llevo de Sudáfrica. Si hay algo curioso en esa tierra es que potencia los sentidos, los inunda de olores, sabores, sonidos y sensaciones.
Pero todo lo bueno se acaba, y aquí estoy, en mi primer día de vuelta al trabajo, picando cosas sin sentido encerrado en una jaula de oro, escuchando los estornudos de la gente, las conversaciones telefónicas de siempre y el zumbido de la máquina de aire acondicionado, que late con un corazón frío y metálico y marca los segundos que faltan para el final de mi jornada laboral.
Las pilas cargadas, pues, pero... ¿por cuánto tiempo? ¿Cuántas semanas serán necesarias para destruir todas esas sensaciones, esos quince días de libertad (ficticios, lo sé), comprados a precio de consultor?
El que me haga esas preguntas al día siguiente de pisar el suelo de Barajas es significativo de lo insulso y artificial que me resulta todo esto en comparación. Aún cuando me limitaba a estar en la misión preparando una tortilla de patatas, me resultaba mucho más fructífero que la sensación actual de estar dejando pasar las horas.
Mis viajes a Sudáfrica, tanto el de 2008 como el de este año, han sido de esos momentos que Javier Malonda llama "instantes de iluminación". Tú puedes llamarlos como quieras, pero creo que sabes a lo que me refiero. Son esos segundos en los que el telón se entreabre por unos fugaces segundos y te permite ver cuáles son las cosas verdaderamente importantes de la vida. Es ese momento dramático en el tanatorio o en el funeral, sosteniendo una esquina del ataúd. Esos segundos mirando a las estrellas en los que lo infinitamente pequeño (tú) y lo infinitamente grande (el Universo) se funden sin necesidad de una Teoría del Todo, y te golpean con el vértigo del Infinito y el Vacío. Esos instantes mirando las olas golpeando contra las rocas del rompeolas, en el que nuestro subconsciente vuelve a bañarse en el líquido amniótico del Ser.

Todo lo que nos aleja de esos momentos de iluminación es lo que nos impide estar completos, y por eso buscamos la felicidad en las cosas equivocadas. No pretendo ser un filósofo, y aunque creo que nunca sabré lo que realmente quiero, al menos creo que soy capaz de discernir lo que no quiero. Como para Casandra, ése es un don y un castigo a la vez.
Ya eres adulto, y hay ciertas cosas que tienes que asumir. Cosas que nunca te han contado, y ya es hora de que las aceptes. De la misma manera en que el sexo no es igual que el amor, debes darte cuenta de que el placer y el ocio no son felicidad. Si pretendes comprar felicidad con dinero, e hipotecas tu vida para ganar ese dinero, creo que te equivocas, y solo tienes una vida para comprobarlo. Es el día a día lo que importa, no esa casa o ese coche o esas vacaciones que tal vez nunca lleguen, o que en el mejor de los casos, son un pálido reflejo, una ilusión de la verdadera felicidad.
Analiza cuidadosamente tus actos, porque tal vez la vida no te dé una segunda oportunidad. Eres joven, pero cada vez menos, y la vida te plantea ciertas opciones. Toda tu vida te has dejado llevar por los acontecimientos, pero ha llegado el momento de ser honestos. Admite que te estás haciendo demasiado mayor para arriesgarte. Tal vez sea tu última oportunidad de cambiar tu vida.
¿Qué vas a hacer?
Las baterías recargables son la hostia, pero recuerda que tienen un número limitado de recargas. Tal vez no le queden muchos usos, y depende solo de ti decidir en qué las vas a utilizar. Puedes mover un molino o un reloj.
Tú eliges. Siempre ha sido así, aunque nunca te lo hayan dicho, aunque lo hayas olvidado. Sé que es difícil, y en ocasiones no sabrás qué es lo que quieres o adónde vas. Pero debes intentarlo. Persevera.
Tú eliges.
Pero, ¿cuál es la vida media de una pila? Tengo la sensación de que cada vez la pila dura menos, y de que cada período vacacional se queda cada vez más corto.
Sudáfrica en este sentido supone para mí una desconexión total con el mundo urbanita al que estoy acostumbrado. Móvil apagado, sin acceso sencillo a Internet. Tan solo el ruido de los grillos y las cigarras, alguna camioneta ocasional por la carretera, la débil música de algún bar en Marite, el ladrido de Niko y Julie, el sonido de los truenos en la lejanía y la voz jovial de Rafa contestando en tsangán en horas intempestivas a alguna llamada.
Ése es el sonido que me llevo de Sudáfrica. Si hay algo curioso en esa tierra es que potencia los sentidos, los inunda de olores, sabores, sonidos y sensaciones.
Pero todo lo bueno se acaba, y aquí estoy, en mi primer día de vuelta al trabajo, picando cosas sin sentido encerrado en una jaula de oro, escuchando los estornudos de la gente, las conversaciones telefónicas de siempre y el zumbido de la máquina de aire acondicionado, que late con un corazón frío y metálico y marca los segundos que faltan para el final de mi jornada laboral.
Las pilas cargadas, pues, pero... ¿por cuánto tiempo? ¿Cuántas semanas serán necesarias para destruir todas esas sensaciones, esos quince días de libertad (ficticios, lo sé), comprados a precio de consultor?
El que me haga esas preguntas al día siguiente de pisar el suelo de Barajas es significativo de lo insulso y artificial que me resulta todo esto en comparación. Aún cuando me limitaba a estar en la misión preparando una tortilla de patatas, me resultaba mucho más fructífero que la sensación actual de estar dejando pasar las horas.
Mis viajes a Sudáfrica, tanto el de 2008 como el de este año, han sido de esos momentos que Javier Malonda llama "instantes de iluminación". Tú puedes llamarlos como quieras, pero creo que sabes a lo que me refiero. Son esos segundos en los que el telón se entreabre por unos fugaces segundos y te permite ver cuáles son las cosas verdaderamente importantes de la vida. Es ese momento dramático en el tanatorio o en el funeral, sosteniendo una esquina del ataúd. Esos segundos mirando a las estrellas en los que lo infinitamente pequeño (tú) y lo infinitamente grande (el Universo) se funden sin necesidad de una Teoría del Todo, y te golpean con el vértigo del Infinito y el Vacío. Esos instantes mirando las olas golpeando contra las rocas del rompeolas, en el que nuestro subconsciente vuelve a bañarse en el líquido amniótico del Ser.
Todo lo que nos aleja de esos momentos de iluminación es lo que nos impide estar completos, y por eso buscamos la felicidad en las cosas equivocadas. No pretendo ser un filósofo, y aunque creo que nunca sabré lo que realmente quiero, al menos creo que soy capaz de discernir lo que no quiero. Como para Casandra, ése es un don y un castigo a la vez.
Ya eres adulto, y hay ciertas cosas que tienes que asumir. Cosas que nunca te han contado, y ya es hora de que las aceptes. De la misma manera en que el sexo no es igual que el amor, debes darte cuenta de que el placer y el ocio no son felicidad. Si pretendes comprar felicidad con dinero, e hipotecas tu vida para ganar ese dinero, creo que te equivocas, y solo tienes una vida para comprobarlo. Es el día a día lo que importa, no esa casa o ese coche o esas vacaciones que tal vez nunca lleguen, o que en el mejor de los casos, son un pálido reflejo, una ilusión de la verdadera felicidad.
Analiza cuidadosamente tus actos, porque tal vez la vida no te dé una segunda oportunidad. Eres joven, pero cada vez menos, y la vida te plantea ciertas opciones. Toda tu vida te has dejado llevar por los acontecimientos, pero ha llegado el momento de ser honestos. Admite que te estás haciendo demasiado mayor para arriesgarte. Tal vez sea tu última oportunidad de cambiar tu vida.
¿Qué vas a hacer?
Las baterías recargables son la hostia, pero recuerda que tienen un número limitado de recargas. Tal vez no le queden muchos usos, y depende solo de ti decidir en qué las vas a utilizar. Puedes mover un molino o un reloj.
Tú eliges. Siempre ha sido así, aunque nunca te lo hayan dicho, aunque lo hayas olvidado. Sé que es difícil, y en ocasiones no sabrás qué es lo que quieres o adónde vas. Pero debes intentarlo. Persevera.
Tú eliges.
lunes, 7 de diciembre de 2009
Hasta luego, cocodrilo
Bueno, pues si todo va bien mañana tomaré un avión a Johannesburgo vía Amsterdam, así que no volveré a estar con todos vosotros hasta la vuelta, y probablemente más allá (Buz Lightyear dixit).
Así que hasta que retome el blog, os podéis apuntar a clases de yoga para prevenir la ansiedad que este parón en "El diario de estulticia" va a provocaros. Otra alternativa, si me permitís daros una recomendación: merece la pena que echéis una ojeada al nuevo blog de Javier Malonda. Por lo que he visto, es una condensada (pero muy didáctica) introducción a la PNL, de la que me haría fan en Facebook si fuese un adolescente con acné.
Un saludo y hasta la vuelta.

Así que hasta que retome el blog, os podéis apuntar a clases de yoga para prevenir la ansiedad que este parón en "El diario de estulticia" va a provocaros. Otra alternativa, si me permitís daros una recomendación: merece la pena que echéis una ojeada al nuevo blog de Javier Malonda. Por lo que he visto, es una condensada (pero muy didáctica) introducción a la PNL, de la que me haría fan en Facebook si fuese un adolescente con acné.
Un saludo y hasta la vuelta.

La araña, un símbolo de terapia PNL... y de Sudáfrica
viernes, 27 de noviembre de 2009
El (eterno) regreso a Sudáfrica
Escribo mientras apuro un sandwich y una concha de chocolate (dispénseme los sudamericanos :)) en mi puesto de trabajo. Me he quedado un rato más porque los inútiles de Ya.Com aún no me han mandado el kit de autoinstalación del ADSL, y necesitaba mirar algunas cosillas por Internet.
1
Comprobar cuánto cuestan las entradas para el concierto de Kiss. Efectivamente, el legendario (y cascadete) grupo de rock'n'roll viene a Madrid el 22 de junio de 2010. El que esté interesado, que sepa que se están agotando las entradas para el concierto del Palacio de los Deportes, si no se han agotado ya. Y que me avise.
2
Comprar los billetes de avión para volver a Sudáfrica. Efectivamente, después de unas vacaciones estivales un tanto convencionales (aunque fueron muy divertidas gracias a la presencia de Ana R.), me seguía quedando con las ganas de volver a la que fue mi casa durante tres semanas hace ya casi un año y medio. Con la excusa de que el tío Rafa se vuelve a Madrid definitivamente el 22 de enero, ésta era mi última oportunidad para volver a vivir aunque sea el regusto de las experiencias que vivimos un grupo de privilegiados el verano pasado.
Sin un proyecto definido, la idea del viaje es ir a la misión a la buena de Dios, con la intención de ayudar todo lo posible y de exprimir a tope los pocos días de vacaciones que he conseguido rascar.
El 22 de diciembre estaré de vuelta por Madrid, y ya tengo el billete de tren para volver a casa (esta vez a mi casa de verdad) el mismísimo 24 de diciembre.
Tanto Rafa como yo volvemos a casa por Navidad, como buen par de turrones que somos :)
1
Comprobar cuánto cuestan las entradas para el concierto de Kiss. Efectivamente, el legendario (y cascadete) grupo de rock'n'roll viene a Madrid el 22 de junio de 2010. El que esté interesado, que sepa que se están agotando las entradas para el concierto del Palacio de los Deportes, si no se han agotado ya. Y que me avise.
2
Comprar los billetes de avión para volver a Sudáfrica. Efectivamente, después de unas vacaciones estivales un tanto convencionales (aunque fueron muy divertidas gracias a la presencia de Ana R.), me seguía quedando con las ganas de volver a la que fue mi casa durante tres semanas hace ya casi un año y medio. Con la excusa de que el tío Rafa se vuelve a Madrid definitivamente el 22 de enero, ésta era mi última oportunidad para volver a vivir aunque sea el regusto de las experiencias que vivimos un grupo de privilegiados el verano pasado.
Sin un proyecto definido, la idea del viaje es ir a la misión a la buena de Dios, con la intención de ayudar todo lo posible y de exprimir a tope los pocos días de vacaciones que he conseguido rascar.
El 22 de diciembre estaré de vuelta por Madrid, y ya tengo el billete de tren para volver a casa (esta vez a mi casa de verdad) el mismísimo 24 de diciembre.
Tanto Rafa como yo volvemos a casa por Navidad, como buen par de turrones que somos :)
martes, 1 de septiembre de 2009
Estoy muy abrigado: Oporto
Me encuentro a bordo del InterCidade Porto-Lisboa, y espero llegar sano y salvo a Coimbra-b, signifique lo que signifique la “b”. Supongo que tarde o temprano me enteraré, y solo espero que no suponga que me haya equivocado de pueblo al comprar los billetes de tren (comboio) y del hotel (*).
Ya me voy, pero las 36 horas que he pasado en Oporto han sido fantásticas. Como siempre, porque me esperaba que la ciudad iba a ser decepcionante (“en Lisboa se divierten y en Oporto se trabaja”, cita un famoso refrán) y ha resultado ser todo lo contrario.
Me quedo, claro, con la sensación que me ha producido el casco antiguo. Del resto de la ciudad apenas puedo hablar, salvo lo que he podido ver en los trayectos de la estaçao a la pensión y viceversa (por cierto, lo de la residencia Marfim se merece un post dedicado a ella exclusivamente).
Creo que me estoy dispersando, pero estoy agotado y aprovechando una pausa en Coimbra para relajarme y “poner los pies en hielo”.
Así que como decía, la sensación que me ha producido Oporto es embriagadora. Una ciudad repleta de rincones por los que perderse, y que puedes descubrir a la vuelta de cada esquina. Y lo que la hace aún más fascinante es que no sabes si esos rincones van a ser un prodigio de belleza, sofisticación o miseria hasta que te tropiezas con ellos.
Efectivamente, el casco antiguo es una sublimación de todos los cascos antiguos: turístico y empobrecido. En Oporto, como digo, esta sensación es mayor. La pobreza se da la mano con la fastuosidad de una catedral o una iglesia con la facilidad con la que se cruza una calle. Rua da Batalha (no confundir con la praça) es un rincón absolutamente empobrecido, desconocido y peligroso desde el que obtuve la mejor perspectiva norte-sur de toda la ciudad.

Otro ejemplo más llamativo: en la falda norte del Ponte San Luiz I hay un barrio tan jodidamente “chungo” que solo me atreví a entrar en él al segundo intento. Eso sí, se te atreves a atravesarlo (estoy hablando de la Strada Das Verdades), podrás capturar la belleza de los contrastes cuando te das cuenta que la escalera acaba en los pilares de acero del Ponte San Luiz, y por tanto, en plena Ribiera del Duero y en la zona de terrazas y restaurantes de lujo de la ciudad.
A pesar de esta pobreza, Oporto ha entendido bien que el turismo puede ser el bote salvavidas de una economía portuguesa en declive (más aún con la reducción de ayudas europeas al incorporarse nuevos estados del Este). Esta comprensión hace que el trato que se le dispensa al tursita es exquisito, y a pesar de atravesar zonas realmente deprimidas, no sentí inseguridad de verdad en ningún momento. Eso no quita que haya muchos carteristas, pero eso como en todos los lados ¿no?
Uno de los momentos mágicos de la noche fue el atardecer en la zona de la catedral. El edificio en sí mismo no merece especialmente la pena, pero la orientación este-oeste y una magia especial que se respira constantemente hace que un atardecer vivido desde allí merezca realmente la pena. La melancolía refulge sobre la fachada de la catedral, sorteando los pináculos de las múltiples iglesias que coronan el horizonte de la ciudad al fondo, y se reflejan con un estertor trágico en las calmas aguas del Duero, solo surcadas por los últimos barquitos que transportan turistas de un puente a otro.

Y después del atardecer… cae la noche sobre Oporto, y la magia se apodera definitivamente de la ciudad. Los neones blancos iluminan como faros las diversas bodegas de vinho de Oporto que riegan la ciudad. La catedral se enciende y atravesar el río por la “tabla de arriba” del Ponte San Luiz se convierte en una gozada para los sentidos. Es en ese momento donde se aúna el Oporto más antiguo (la catedral, el casco antiguo) con la ciudad en auge que fue a finales del S. XIX y principios del XX (el apabullante puente de acero y las Casas De Vinho), y con una ciudad moderna (el metro-tranvía que circula silencioso por el mismo tablón), reñida con una ciudad empobrecida (las casas de la Ribiera a ambos lados del Ponte) pero aún así con un encanto y orgullo propios, fruto tal vez de la historia de soledad y pobreza de un país que lo fue todo hace siglos, y que está intentando encontrarse a sí mismo para recuperar su identidad y su lugar en este nuevo mundo.
Al menos lo ha encontrado en un trocito de mí, con un viaje al país vecino, al país hermano, que me está dando mucho más de lo que había soñado.

Ya me voy, pero las 36 horas que he pasado en Oporto han sido fantásticas. Como siempre, porque me esperaba que la ciudad iba a ser decepcionante (“en Lisboa se divierten y en Oporto se trabaja”, cita un famoso refrán) y ha resultado ser todo lo contrario.
Me quedo, claro, con la sensación que me ha producido el casco antiguo. Del resto de la ciudad apenas puedo hablar, salvo lo que he podido ver en los trayectos de la estaçao a la pensión y viceversa (por cierto, lo de la residencia Marfim se merece un post dedicado a ella exclusivamente).
Creo que me estoy dispersando, pero estoy agotado y aprovechando una pausa en Coimbra para relajarme y “poner los pies en hielo”.
Así que como decía, la sensación que me ha producido Oporto es embriagadora. Una ciudad repleta de rincones por los que perderse, y que puedes descubrir a la vuelta de cada esquina. Y lo que la hace aún más fascinante es que no sabes si esos rincones van a ser un prodigio de belleza, sofisticación o miseria hasta que te tropiezas con ellos.
Efectivamente, el casco antiguo es una sublimación de todos los cascos antiguos: turístico y empobrecido. En Oporto, como digo, esta sensación es mayor. La pobreza se da la mano con la fastuosidad de una catedral o una iglesia con la facilidad con la que se cruza una calle. Rua da Batalha (no confundir con la praça) es un rincón absolutamente empobrecido, desconocido y peligroso desde el que obtuve la mejor perspectiva norte-sur de toda la ciudad.

Otro ejemplo más llamativo: en la falda norte del Ponte San Luiz I hay un barrio tan jodidamente “chungo” que solo me atreví a entrar en él al segundo intento. Eso sí, se te atreves a atravesarlo (estoy hablando de la Strada Das Verdades), podrás capturar la belleza de los contrastes cuando te das cuenta que la escalera acaba en los pilares de acero del Ponte San Luiz, y por tanto, en plena Ribiera del Duero y en la zona de terrazas y restaurantes de lujo de la ciudad.
A pesar de esta pobreza, Oporto ha entendido bien que el turismo puede ser el bote salvavidas de una economía portuguesa en declive (más aún con la reducción de ayudas europeas al incorporarse nuevos estados del Este). Esta comprensión hace que el trato que se le dispensa al tursita es exquisito, y a pesar de atravesar zonas realmente deprimidas, no sentí inseguridad de verdad en ningún momento. Eso no quita que haya muchos carteristas, pero eso como en todos los lados ¿no?
Uno de los momentos mágicos de la noche fue el atardecer en la zona de la catedral. El edificio en sí mismo no merece especialmente la pena, pero la orientación este-oeste y una magia especial que se respira constantemente hace que un atardecer vivido desde allí merezca realmente la pena. La melancolía refulge sobre la fachada de la catedral, sorteando los pináculos de las múltiples iglesias que coronan el horizonte de la ciudad al fondo, y se reflejan con un estertor trágico en las calmas aguas del Duero, solo surcadas por los últimos barquitos que transportan turistas de un puente a otro.

Y después del atardecer… cae la noche sobre Oporto, y la magia se apodera definitivamente de la ciudad. Los neones blancos iluminan como faros las diversas bodegas de vinho de Oporto que riegan la ciudad. La catedral se enciende y atravesar el río por la “tabla de arriba” del Ponte San Luiz se convierte en una gozada para los sentidos. Es en ese momento donde se aúna el Oporto más antiguo (la catedral, el casco antiguo) con la ciudad en auge que fue a finales del S. XIX y principios del XX (el apabullante puente de acero y las Casas De Vinho), y con una ciudad moderna (el metro-tranvía que circula silencioso por el mismo tablón), reñida con una ciudad empobrecida (las casas de la Ribiera a ambos lados del Ponte) pero aún así con un encanto y orgullo propios, fruto tal vez de la historia de soledad y pobreza de un país que lo fue todo hace siglos, y que está intentando encontrarse a sí mismo para recuperar su identidad y su lugar en este nuevo mundo.
Al menos lo ha encontrado en un trocito de mí, con un viaje al país vecino, al país hermano, que me está dando mucho más de lo que había soñado.
Coimbra, 22 de agosto de 2009

(*) Efectivamente, lo de la “b” tenía truco, y es que la estación de destino de mi viaje era la nueva estación, recién construida; pero la vieja, junto a la que está mi hotel y que es la más cercana al casco histórico de Coimbra, estaba a 2 km. Casi una hora dando vueltas hasta que di con la manera de llegar (tiene tela también… ¡vaya país de contrates!).
Etiquetas:
Viajes
jueves, 27 de agosto de 2009
Toy en Lisboa
...en el cyber del hotel, pero Ana Rus no me deja escribir más y este teclado está en portugués.
Nos vemos a la vuelta!
Nos vemos a la vuelta!
Etiquetas:
Viajes
lunes, 9 de febrero de 2009
...mientras tanto...
...podéis visitar o suscribiros a esta bitácora de viaje, en la que iré escribiendo regularmente sobre la nueva aventura en la que quiero embarcarme:
http://madrid-jerusalen.blogspot.com
Aún no es seguro, aún es solo un embrión de proyecto. Y es una locura, ciertamente... pero decidme que no mola un huevo...
http://madrid-jerusalen.blogspot.com
Aún no es seguro, aún es solo un embrión de proyecto. Y es una locura, ciertamente... pero decidme que no mola un huevo...
Etiquetas:
Viajes
domingo, 14 de septiembre de 2008
El baile de la esvástica humana - Sudáfrica IV
A continuación les presento un vídeo inédito de Sudáfrica, en el que un energúmeno (con un curioso y fortuito parecido a mí) intenta ahogar a unos conguitos, luego hace el paso de baile del robot, continúa con una esvástica humana, y finaliza con un Saturday Night Fever apoteósico.
Impactante. Impresionante. Lamentable.
Impactante. Impresionante. Lamentable.
Etiquetas:
Humor,
Inclasificable,
Sudáfrica,
Viajes
Suscribirse a:
Entradas (Atom)













