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lunes, 3 de octubre de 2011
viernes, 7 de mayo de 2010
Furia de Titanes (2)
Este año se ha estrenado el remake de la película de 1981 que da nombre a esta entrada. La cinta original, dirigida por Desmond Davis, narra las aventuras de Perseo en su periplo para obtener la mano de Andrómeda primero, y salvarla de Calibos y de la venganza de la diosa Tetis a manos del Kraken después.

Además de la maravillosa historia de aventuras que narra, quizá la película es más recordada por ser el último trabajo de Ray Harryhausen, el diseñador de efectos especiales que perfeccionó la técnica de "stop-motion" y que diseñó los story-boards y los monstruos de películas tan míticas como "One Million Years B.C.", la citada "Clash of the Titans" y, por supuesto, "Jason and the Argonauts".

En esta última, Harryhausen diseñó una de las escenas más memorables de su carrera en la que participaban decenas de esqueletos con espadas que animó fotograma a fotograma, y que posteriormente Sam Raimi homenajearía en su divertida "Army of Darkness".

Volviendo a "Furia de Titanes", lo que queda claro es que los tiempos han cambiado, pero tampoco demasiado. La gran baza de la película del 81 eran sus efectos especiales, y en la versión de 2010 el 3D del que goza (o sufre) la película vuelve a ser la gran baza promocional.
Un 3D polémico, no obstante, como el que rodea a algunos de los últimos estrenos en salas, pasados al 3D en post-producción y sin que las escenas ni los planos estuviesen planificados para una técnica espectacular pero exigente en luz, planificación y movimientos de cámara.
Donde en la cinta de 1981 había meses de grabación fotograma a fotograma y un trabajo colosal de storyboard y post-producción, en la cinta de 2010 han intentado amortizar (con una jugada más de trolero que de productor) el coste de la película mediante la inflación de las entradas con la excusa de un formato 3D metido a calzador.

El cine, al igual que el resto de las industrias, sigue los tiempos de liberalismo salvaje que nos toca vivir, y ya no queda demasiado espacio para los artistas. Solo sobreviven las corporacracias y sus hijos consentidos, las majors, que engrosan sus arcas repitiendo una y otra vez los mismos esquemas políticamente correctos de siempre. Son amigos de los mismos que lanzan los dados, que deciden el futuro de las personas, que tal vez tienen poder sobre la vida y la muerte de quienes les estorban o molestan. Igual que Zeus, en una partida de ajedrez cósmica, decide sobre la vida de Perseo.
Por fortuna siempre quedan, remanentes en un oasis de creatividad artística, rarezas como las de Henry Selick o las de Nick Park en la actualidad, que siguen la estela del visionario Ray Harryhausen, y que nos siguen haciendo soñar con que aún queda un pequeño rincón donde los sueños pueden hacerse realidad.

Además de la maravillosa historia de aventuras que narra, quizá la película es más recordada por ser el último trabajo de Ray Harryhausen, el diseñador de efectos especiales que perfeccionó la técnica de "stop-motion" y que diseñó los story-boards y los monstruos de películas tan míticas como "One Million Years B.C.", la citada "Clash of the Titans" y, por supuesto, "Jason and the Argonauts".

En esta última, Harryhausen diseñó una de las escenas más memorables de su carrera en la que participaban decenas de esqueletos con espadas que animó fotograma a fotograma, y que posteriormente Sam Raimi homenajearía en su divertida "Army of Darkness".

Volviendo a "Furia de Titanes", lo que queda claro es que los tiempos han cambiado, pero tampoco demasiado. La gran baza de la película del 81 eran sus efectos especiales, y en la versión de 2010 el 3D del que goza (o sufre) la película vuelve a ser la gran baza promocional.
Un 3D polémico, no obstante, como el que rodea a algunos de los últimos estrenos en salas, pasados al 3D en post-producción y sin que las escenas ni los planos estuviesen planificados para una técnica espectacular pero exigente en luz, planificación y movimientos de cámara.
Donde en la cinta de 1981 había meses de grabación fotograma a fotograma y un trabajo colosal de storyboard y post-producción, en la cinta de 2010 han intentado amortizar (con una jugada más de trolero que de productor) el coste de la película mediante la inflación de las entradas con la excusa de un formato 3D metido a calzador.

El cine, al igual que el resto de las industrias, sigue los tiempos de liberalismo salvaje que nos toca vivir, y ya no queda demasiado espacio para los artistas. Solo sobreviven las corporacracias y sus hijos consentidos, las majors, que engrosan sus arcas repitiendo una y otra vez los mismos esquemas políticamente correctos de siempre. Son amigos de los mismos que lanzan los dados, que deciden el futuro de las personas, que tal vez tienen poder sobre la vida y la muerte de quienes les estorban o molestan. Igual que Zeus, en una partida de ajedrez cósmica, decide sobre la vida de Perseo.
Por fortuna siempre quedan, remanentes en un oasis de creatividad artística, rarezas como las de Henry Selick o las de Nick Park en la actualidad, que siguen la estela del visionario Ray Harryhausen, y que nos siguen haciendo soñar con que aún queda un pequeño rincón donde los sueños pueden hacerse realidad.
"Perseo y Andrómeda vivirán felices y juntos, tendrán hijos sanos y hermosos a los que educarán sabiamente. Y para perpetuar la proeza de su valor, ordeno que de ahora en adelante él ocupe un lugar prominente entre las estrellas y constelaciones..."
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viernes, 19 de febrero de 2010
domingo, 24 de enero de 2010
Avatar 3D
Después de hacerme mucho de rogar, este lunes por fin he visto Avatar, de James Cameron.
James Cameron es de esos directores que, no se puede negar, han conseguido crear hitos cinematográficos que serán difíciles de olvidar, aunque la calidad de los mismos sea, en determinados casos, cuestionable.
El canadiense empezó su carrera como director con dos títulos que no he visto: "Xenogénesis" (un corto de 12 minutos) y "Piraña, segunda parte". Parece obligado para ciertos auteurs que su ópera prima tenga un título raro. Y de la continuación de "Piraña" no digo nada por si acaso resulta que es una obra maestra... :)
En 1984, en plenos ochenta, nuestro amigo Cameron dio la nota con una película llena de cardados, música ochentera, una historia futurista y mucha mala baba que hoy sería políticamente incorrecta (como hacer que un cyborg se introdujese en una comisaria y no dejase vivo ni al apuntador). Una película rodada con cuatro duros pero con unos efectos especiales basados en el stop-motion (ridículos hoy en día) que en su día catapultaron a una película, a un director y a un actor a la cumbre de la fama (aunque Schwarzennegger ya la había petado con la saga de Conan, dos años antes).
Dos años después, Cameron lo volvería a lograr con "Aliens: el regreso". Incapaz de mantener el tono apocalíptico de la cinta de Scott, Cameron decide hacer lo que mejor se le da, y esta segunda parte de la saga "Aliens" es una orgía de muerte y destrucción, tiros y explosiones, muertes y persecuciones. En lo cual hay que reconocer que Cameron es bueno; muy bueno. En esta ocasión cuenta con la presencia de Sigourney Weaver, que volverá a reencontrarse con Cameron 23 años después en "Avatar".
Volvería al tema de los alienígenas tres años después, pero esta vez tendríamos que sumergirnos en el fondo del mar para disfrutar de su inolvidable "Abyss". Un dramón lacrimógeno, submarino y fantástico que anticiparía algunas de las ideas anti-militaristas que podemos ver en "Avatar". Un Ed Harris soberbio, como siempre, mantiene el hilo dramático de la (larga) historia.
En 1991 vuelve a la carga con la franquicia "Terminator", y la que se dejaría de ser su mujer tras la película, Linda Hamilton, como madre de John Connor y aliada de Schwarzennegger en su tarea de salvar el mundo. Obsesionado con lo cutre de los efectos especiales de la primera parte, Cameron se tira un órdago en esta segunda parte, en la que maravillados acudimos a los cines para ver cómo aquel tipo de acero líquido y mirada gélida se metamorfoseaba a placer. En esta entrega el director se centra en los efectos digitales y la historia pasa a un segundo plano. Lo políticamente incorrecto de la primera parte se convierte en chistes de quinceañeros en esta segunda, y queda claro la clave de éxito que Cameron ha encontrado: hostias, acción, dramón, acción, mega hostia final con un punto dramático. Y sobre todo, mucho marketing.
Tres años después Cameron vuelve a llamar a Schwarzennegger para hacer una de las mejores comedias de acción que recuerdo, en la que Arnie consigue reírse de sí mismo, aunque Cameron sigue maquinando entre las sombras sus diabólicos planes.
Y será en 1997 (yo aún iba al instituto, qué recuerdos) cuando Cameron la pete definitivamente con una historia pastelosa, previsible, cansina, alargada e hiperbólica en todos sus extremos. Una historia de amor imposible para un barco imposible pero un proyecto tremendamente lucrativo. Cameron explota al máximo el filón que ha encontrado en ese esquema básico para rodar películas y hacerlas rentables. Lo exprime tanto que los cines no dan a basto, sus actores son incapaces de sobrellevar el éxito, y la carrera de Cameron... muere de éxito.
Como los apóstoles, doce son los años que tarda nuestro amigo en volver a estrenar una cinta. Me imagino que, al menos, la mitad del tiempo la invirtió en terapia para recuperarse del éxito de Titanic. Aunque la maquinaria de marketing de este hombre vuelve a funcionar de nuevo, y vemos que está en plena forma: efectivamente, nos dicen que doce son los años que Cameron ha terminado en perfeccionar una tecnología digital que revolucionará el mundo de las películas tal y como lo conocemos.
Como, nos dijeron en su momento, Terminator lo revolucionó en su momento. Y Terminator 2. Y Titanic...
Y como si fuese Cameron en persona el que ha construido el motor gráfico que se utiliza para renderizar su película. Por cierto... sobre una granja de Ubuntus.
Una vez repasada la trayectoria de James Cameron y mi opinión sobre sus películas, vamos a entrar al detalle de Avatar, visionada en 3D y con el dudoso aliciente de que las butacas vibraban de forma sincronizada con la película. Esto último, una chorrada.
Pero lo que sí me maravilló fue el 3D, técnica de la que había oído hablar muchas veces pero que jamás había experimentado.
Y me moló. Durante los primeros minutos fui otra vez un crío, maravillado por los prodigios técnicos, y pude entender una parte de lo que pudieron sentir los primeros espectadores de una película, allá por 1895.
Por un momento temí que el 3D fuese demasiado para mí y me pudiese marear, pero tal cosa no sucedió. Quizá lo más chocante sea intentar enfocar un fondo o un primer plano cuando éstos están desenfocados. Pero el 3D es tan realista que aún así persistía en mi intento. Curioso.

El 3D explota de forma maravillosa Pandora, el mundo ficticio en el que se desarrolla la película, y quizá sea ésa la gran baza de la película. Un 3D en cualquier otra película no deja de ser una anécdota, pero el desbordante despliegue de imaginación y de dirección artística hace que la estereoscopía nos sumerja de lleno en un mundo completamente nuevo, de criaturas de ensueño y dimensiones titánicas. Una orgía de imaginación, como digo, que bebe directamente de películas como "Näusicaa del Valle del Viento" de Miyazaki-sensei.
Efectivamente, el otro punto de "Avatar" son sus múltiples referencias. Además de la mencionada "Näusicaa del Valle del Viento", de cuya imaginería y espíritu anti-militarista es deudor, la cinta de Cameron se inspira también en otros clásicos como "Laputa" (las islas flotantes que aparecían también en la película de Miyazaki), "Dune" (las similitudes de la historia son sonrojantes), "Pocahontas" e incluso "The Matrix" (aunque con ésta última, solo en detalles insignificantse pero evocadores; por desgracia nada de la filosofía de "The Matrix" se le ha pegado a "Avatar").

Por cierto, los servo-robots me recuerdan mucho a los de "Aliens: el regreso", a los de "The Matrix: Revolutions" o, incluso (y en un contexto más argumental), a "Fiasco" de Stanislaw Lem.
Por tanto, para concluir, eso es "Avatar": un popurri de referentes fantásticos y una tecnología puntera que tiene la virtud de trasladarnos a un universo inexistente, que consigue que flotemos en Gravedad 0 (increíbles los primeros planos de la película en el interior de la nave orbital) o volemos a través de las rocas flotantes de Pandora a lomos de dragones.

La historia en sí es previsible, infantil, contada una y mil veces en el cine, en la que Cameron no aporta ningún punto de vista nuevo y se limita a agitar su coctelera de referencias y elementos visuales. Pero aún así es un espectáculo apreciable para ser visto en 3D y para entrever lo que, sin duda, será el futuro del cine tal y como lo conocemos.
Y esta vez creo que va en serio.
James Cameron es de esos directores que, no se puede negar, han conseguido crear hitos cinematográficos que serán difíciles de olvidar, aunque la calidad de los mismos sea, en determinados casos, cuestionable.
El canadiense empezó su carrera como director con dos títulos que no he visto: "Xenogénesis" (un corto de 12 minutos) y "Piraña, segunda parte". Parece obligado para ciertos auteurs que su ópera prima tenga un título raro. Y de la continuación de "Piraña" no digo nada por si acaso resulta que es una obra maestra... :)
En 1984, en plenos ochenta, nuestro amigo Cameron dio la nota con una película llena de cardados, música ochentera, una historia futurista y mucha mala baba que hoy sería políticamente incorrecta (como hacer que un cyborg se introdujese en una comisaria y no dejase vivo ni al apuntador). Una película rodada con cuatro duros pero con unos efectos especiales basados en el stop-motion (ridículos hoy en día) que en su día catapultaron a una película, a un director y a un actor a la cumbre de la fama (aunque Schwarzennegger ya la había petado con la saga de Conan, dos años antes).
Esa chupa cuero, esas Ray-Ban,
y ese fondo negro con neones rojos
Dos años después, Cameron lo volvería a lograr con "Aliens: el regreso". Incapaz de mantener el tono apocalíptico de la cinta de Scott, Cameron decide hacer lo que mejor se le da, y esta segunda parte de la saga "Aliens" es una orgía de muerte y destrucción, tiros y explosiones, muertes y persecuciones. En lo cual hay que reconocer que Cameron es bueno; muy bueno. En esta ocasión cuenta con la presencia de Sigourney Weaver, que volverá a reencontrarse con Cameron 23 años después en "Avatar".
Volvería al tema de los alienígenas tres años después, pero esta vez tendríamos que sumergirnos en el fondo del mar para disfrutar de su inolvidable "Abyss". Un dramón lacrimógeno, submarino y fantástico que anticiparía algunas de las ideas anti-militaristas que podemos ver en "Avatar". Un Ed Harris soberbio, como siempre, mantiene el hilo dramático de la (larga) historia.
Probando la tecnología que perfeccionaría en Terminator 2
En 1991 vuelve a la carga con la franquicia "Terminator", y la que se dejaría de ser su mujer tras la película, Linda Hamilton, como madre de John Connor y aliada de Schwarzennegger en su tarea de salvar el mundo. Obsesionado con lo cutre de los efectos especiales de la primera parte, Cameron se tira un órdago en esta segunda parte, en la que maravillados acudimos a los cines para ver cómo aquel tipo de acero líquido y mirada gélida se metamorfoseaba a placer. En esta entrega el director se centra en los efectos digitales y la historia pasa a un segundo plano. Lo políticamente incorrecto de la primera parte se convierte en chistes de quinceañeros en esta segunda, y queda claro la clave de éxito que Cameron ha encontrado: hostias, acción, dramón, acción, mega hostia final con un punto dramático. Y sobre todo, mucho marketing.
T2, puro virtuosismo técnico de la época
Tres años después Cameron vuelve a llamar a Schwarzennegger para hacer una de las mejores comedias de acción que recuerdo, en la que Arnie consigue reírse de sí mismo, aunque Cameron sigue maquinando entre las sombras sus diabólicos planes.
Estampa de la época en la que Arnie
empezó a tomarse a chiste a sí mismo
Y será en 1997 (yo aún iba al instituto, qué recuerdos) cuando Cameron la pete definitivamente con una historia pastelosa, previsible, cansina, alargada e hiperbólica en todos sus extremos. Una historia de amor imposible para un barco imposible pero un proyecto tremendamente lucrativo. Cameron explota al máximo el filón que ha encontrado en ese esquema básico para rodar películas y hacerlas rentables. Lo exprime tanto que los cines no dan a basto, sus actores son incapaces de sobrellevar el éxito, y la carrera de Cameron... muere de éxito.
Como los apóstoles, doce son los años que tarda nuestro amigo en volver a estrenar una cinta. Me imagino que, al menos, la mitad del tiempo la invirtió en terapia para recuperarse del éxito de Titanic. Aunque la maquinaria de marketing de este hombre vuelve a funcionar de nuevo, y vemos que está en plena forma: efectivamente, nos dicen que doce son los años que Cameron ha terminado en perfeccionar una tecnología digital que revolucionará el mundo de las películas tal y como lo conocemos.
Como, nos dijeron en su momento, Terminator lo revolucionó en su momento. Y Terminator 2. Y Titanic...
Y como si fuese Cameron en persona el que ha construido el motor gráfico que se utiliza para renderizar su película. Por cierto... sobre una granja de Ubuntus.
* * *
Una vez repasada la trayectoria de James Cameron y mi opinión sobre sus películas, vamos a entrar al detalle de Avatar, visionada en 3D y con el dudoso aliciente de que las butacas vibraban de forma sincronizada con la película. Esto último, una chorrada.
Pero lo que sí me maravilló fue el 3D, técnica de la que había oído hablar muchas veces pero que jamás había experimentado.
Y me moló. Durante los primeros minutos fui otra vez un crío, maravillado por los prodigios técnicos, y pude entender una parte de lo que pudieron sentir los primeros espectadores de una película, allá por 1895.
Por un momento temí que el 3D fuese demasiado para mí y me pudiese marear, pero tal cosa no sucedió. Quizá lo más chocante sea intentar enfocar un fondo o un primer plano cuando éstos están desenfocados. Pero el 3D es tan realista que aún así persistía en mi intento. Curioso.
El 3D explota de forma maravillosa Pandora, el mundo ficticio en el que se desarrolla la película, y quizá sea ésa la gran baza de la película. Un 3D en cualquier otra película no deja de ser una anécdota, pero el desbordante despliegue de imaginación y de dirección artística hace que la estereoscopía nos sumerja de lleno en un mundo completamente nuevo, de criaturas de ensueño y dimensiones titánicas. Una orgía de imaginación, como digo, que bebe directamente de películas como "Näusicaa del Valle del Viento" de Miyazaki-sensei.
Efectivamente, el otro punto de "Avatar" son sus múltiples referencias. Además de la mencionada "Näusicaa del Valle del Viento", de cuya imaginería y espíritu anti-militarista es deudor, la cinta de Cameron se inspira también en otros clásicos como "Laputa" (las islas flotantes que aparecían también en la película de Miyazaki), "Dune" (las similitudes de la historia son sonrojantes), "Pocahontas" e incluso "The Matrix" (aunque con ésta última, solo en detalles insignificantse pero evocadores; por desgracia nada de la filosofía de "The Matrix" se le ha pegado a "Avatar").
Por cierto, los servo-robots me recuerdan mucho a los de "Aliens: el regreso", a los de "The Matrix: Revolutions" o, incluso (y en un contexto más argumental), a "Fiasco" de Stanislaw Lem.
Por tanto, para concluir, eso es "Avatar": un popurri de referentes fantásticos y una tecnología puntera que tiene la virtud de trasladarnos a un universo inexistente, que consigue que flotemos en Gravedad 0 (increíbles los primeros planos de la película en el interior de la nave orbital) o volemos a través de las rocas flotantes de Pandora a lomos de dragones.
La historia en sí es previsible, infantil, contada una y mil veces en el cine, en la que Cameron no aporta ningún punto de vista nuevo y se limita a agitar su coctelera de referencias y elementos visuales. Pero aún así es un espectáculo apreciable para ser visto en 3D y para entrever lo que, sin duda, será el futuro del cine tal y como lo conocemos.
Y esta vez creo que va en serio.
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lunes, 29 de diciembre de 2008
Historias de la noche madrileña: los árboles de Navidad
Siguiendo la serie de posts que empecé hace tres años sobre la noche madrileña, he aquí uno sobre los árboles de Navidad que estas fiestas están poblando la capital. En concreto me ha llamado la atención éste, con movimiento y todo:

Así es, ¡un auténtico Pacman en vivo medio de Plaza Castilla! Una chulada para los frikis que estos días están yendo a la Exposición de Star Wars.
Así es, ¡un auténtico Pacman en vivo medio de Plaza Castilla! Una chulada para los frikis que estos días están yendo a la Exposición de Star Wars.
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viernes, 4 de abril de 2008
Despedida de Tenazas, (casi) dos años después
Hay un momento en la vida de todo genio en el que se da cuenta de que se ha convertido en un artista: ese momento es cuando adquiere conciencia de que su única referencia es él mismo.
Esto nos está pasando en estos momentos a nosotros; nuestros iconos del humor ya no son los Monty Python, Faemino y Cansado o Jackass. Por narcisista que pueda parecer, el humor que más encaja con la filosofía de vida de Villafranca de los Barros es el que se produce en Villafranca de los Barros, y si no se lo creen no tienen más que ver esta pieza clásica recién extraída del olvido...
Nos llaman crueles, pero ¿a quién no le gustaría irse al otro barrio así?:
¡¡Rápidamente, dejando un gran vacío, y haciendo el máximo ruido posible!!
Postdata 1: La persona a la que Alberto habla al principio del video es Iván, que está escapando rápidamente de casa porque no quiere participar en lo que va a suceder. Luego esa misma persona cometería locuras mucho mayores, como llenar en el salón de un 9º piso una piscina hinchable con cientos de litros de agua, casarse o... ¡tener un hijo! :)
Postdata 2: El frame de portada y la cosa que aparece en el minuto 1'27'' reflejada en el cristal de la terraza es la colcha con la que servidor se intentó proteger de la posible metralla que pudiese salir despedida en nuestro Destruction Derby particular.
Postdata 3: Tini es nuestro portero. Un santo varón, a toda fe.
Actualización: Después de ver el video por enésima vez, sigo sin decidir qué me gusta más: el detalle friki de la bandera pirata ondeando en el mástil de la terraza, la cabeza de Tenazas saltando literalmente por el balcón, o el hecho de explotar un petardo "Super Heavy" en nuestra propia casa sin tener nada clara la potencia del mismo y, lo que es mejor, sin importarnos lo más mínimo.
Esto nos está pasando en estos momentos a nosotros; nuestros iconos del humor ya no son los Monty Python, Faemino y Cansado o Jackass. Por narcisista que pueda parecer, el humor que más encaja con la filosofía de vida de Villafranca de los Barros es el que se produce en Villafranca de los Barros, y si no se lo creen no tienen más que ver esta pieza clásica recién extraída del olvido...
* * *
Nos llaman crueles, pero ¿a quién no le gustaría irse al otro barrio así?:
¡¡Rápidamente, dejando un gran vacío, y haciendo el máximo ruido posible!!
Actualización: Después de ver el video por enésima vez, sigo sin decidir qué me gusta más: el detalle friki de la bandera pirata ondeando en el mástil de la terraza, la cabeza de Tenazas saltando literalmente por el balcón, o el hecho de explotar un petardo "Super Heavy" en nuestra propia casa sin tener nada clara la potencia del mismo y, lo que es mejor, sin importarnos lo más mínimo.
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domingo, 11 de febrero de 2007
Bienvenido al mundo del mañana... hoy
La empresa canadiense D-Wave System va a presentar la próxima semana la primera computadora cuántica capaz de correr aplicaciones comerciales.
Por otro lado, la próxima semana en el 3GSM de Barcelona se presentará al mundo el primer dispositivo móvil con pantalla plegable.
Por otro lado, la próxima semana en el 3GSM de Barcelona se presentará al mundo el primer dispositivo móvil con pantalla plegable.
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viernes, 12 de enero de 2007
Tab Effect y Gmail Drive
Si utilizas Firefox en un entorno Windows (necesita directx8, al menos) no puedes dejar de probar esta extensión, absolutamente espectacular:
https://addons.mozilla.org/firefox/4258/
Y esto es un driver para utilizar Gmail como un disco duro virtual, completamente funcional. Si pegas un archivo en el disco duro, llega un correo a Gmail con el archivo attacched. Si borras el fichero del disco duro, ¡se borra también el correo!
http://www.utilidades-utiles.com/descargar-gmail-drive.html
https://addons.mozilla.org/firefox/4258/
Y esto es un driver para utilizar Gmail como un disco duro virtual, completamente funcional. Si pegas un archivo en el disco duro, llega un correo a Gmail con el archivo attacched. Si borras el fichero del disco duro, ¡se borra también el correo!
http://www.utilidades-utiles.com/descargar-gmail-drive.html
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domingo, 21 de mayo de 2006
La postura del helicóptero
Ayer, después de varios intentos infructuosos de acercarnos a madrileñas pijas, terminamos de forma lamentable haciendo helicóteros (que diría el Gañán).
Sí, amigos. Qué triste que hayan tenido que pasar 26 años para que yo haya aprendido a hacer helicóteros. Y confieso que es una de las cosas más tontas, chorras, emocionantes y bonitas que yo haya visto. Con tres rasgaduras y cinco dobleces es posible confeccionar una divertida alternativa a una noche de juerga.
Sí, ya sé que está quedando un comentario extrañamente sexual y ridículo. Son cosas de la resaca dominical.
En fin, que si vosotros tampoco conocíais este maravilloso origami, os invito a que lo aprendáis, para que algún día todos los helicóteros que podamos ver surcando el cielo sean de papeles de colores.
Paso 1:
Coger un trozo de papel del tamaño indicado. La pila es AAA.

Paso 2:
Haces las 3 rasgaduras indicadas. La rasgadura longitudinal van a ser las hélices de nuestro helicótero.

Paso 3:
Doblar la base del helicótero sobre sí misma. Será el estabilizador.

Paso 4:
Doblar las hélices con la uña como se ve en la imagen, igual que cuando doblamos tiras de papel de regalo.

Paso 5:
Hacemos el timón del helicóptero. Este paso es opcional, ya que he probado a hacerlo sin él y funciona igualmente bien.

Y ¡voilà! Ya está hecho nuestro helicóptero. Todo lo que tenemos que hacer ahora es dejarlo caer desde cierta altura y comprobaréis con alegría y alborozo cómo baja dando vueltas.
Briconsejo: dependiendo del tamaño del papel, de las hélices y del estabilizador, se pueden conseguir que baje más rápido, más despacio, dando vueltas más lentamente o más velozmente... ¡Un sinfín de diversión para un sábado por la noche!
Ala, ya está. Sé que se me ha ido la pinza un poco, pero también sé que sabréis perdonarme :-)
Sí, amigos. Qué triste que hayan tenido que pasar 26 años para que yo haya aprendido a hacer helicóteros. Y confieso que es una de las cosas más tontas, chorras, emocionantes y bonitas que yo haya visto. Con tres rasgaduras y cinco dobleces es posible confeccionar una divertida alternativa a una noche de juerga.
Sí, ya sé que está quedando un comentario extrañamente sexual y ridículo. Son cosas de la resaca dominical.
En fin, que si vosotros tampoco conocíais este maravilloso origami, os invito a que lo aprendáis, para que algún día todos los helicóteros que podamos ver surcando el cielo sean de papeles de colores.
Paso 1:
Coger un trozo de papel del tamaño indicado. La pila es AAA.

Paso 2:
Haces las 3 rasgaduras indicadas. La rasgadura longitudinal van a ser las hélices de nuestro helicótero.

Paso 3:
Doblar la base del helicótero sobre sí misma. Será el estabilizador.

Paso 4:
Doblar las hélices con la uña como se ve en la imagen, igual que cuando doblamos tiras de papel de regalo.

Paso 5:
Hacemos el timón del helicóptero. Este paso es opcional, ya que he probado a hacerlo sin él y funciona igualmente bien.

Y ¡voilà! Ya está hecho nuestro helicóptero. Todo lo que tenemos que hacer ahora es dejarlo caer desde cierta altura y comprobaréis con alegría y alborozo cómo baja dando vueltas.
Briconsejo: dependiendo del tamaño del papel, de las hélices y del estabilizador, se pueden conseguir que baje más rápido, más despacio, dando vueltas más lentamente o más velozmente... ¡Un sinfín de diversión para un sábado por la noche!
Ala, ya está. Sé que se me ha ido la pinza un poco, pero también sé que sabréis perdonarme :-)
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